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El Corazón de la Tierra




 

 




El Corazón de la Tierra sabe transmitirnos la fragilidad de los "nativos" frente al imperialismo económico británico en Riotinto.



El  tren fue un elemento clave para el desarrollo minero de Riotinto.


ficha técnica
El Corazón de la tierra

Dirección: Antonio Cuadri
Guión: Antonio Cuadri, Shelley Miller, Doc Comparato
Intérpretes: Catalina Sandino, Sienna Guillory, Philip Winchester, Bernard Hill, Joaquim de Almeida,
Música: Fernado Ortí
Duración: 100 minutos
Año: 2007
Género: Drama
Nacionalidad: española
Distribución: Onpictures
En DVD: Divisa




El Corazón de la Tierra
La primera revolución socioecológica en España

El paisaje de las Minas de Riotinto no sólo lleva impresos los colores de la minería, sino que ha dejado una profunda huella en sus habitantes y su paisaje. Ya en la edad del cobre, el desarrollo de la mina estaba unido al de las propias civilizaciones: tartesios, fenicios, etc. La llegada de los romanos introducirá nuevas técnicas para rentabilizar la continuación de los trabajos mineros. Sin embargo, será en el XIX cuando la minería de Riotinto va a conocer el momento de mayor apogeo industrial, demográfico y económico. En 1873, un consorcio británico compra las minas al Estado español y funda la Riotinto Company Limited. Esta empresa construye el ferrocarril en un tiempo récord de dos años, para llevar los minerales hasta el puerto de Huelva. En 1888, la principal técnica de explotación se basa en las calcinaciones de minerales al aire libre, llamadas "teleras" las cuales convierten el aire de los alrededores en un caldo que daña severamente la salud de sus habitantes, sus paisajes y su medio de vida. Mientras, en la zona se vive una notable transformación social con la llegada al pueblo de mano de obra de puntos de España y Portugal, absorbida por la fuerte demanda de la mina.

Desde 1873 hasta 1954, el pueblo onubense de Riotinto se convirtió en una peculiar colonia británica donde llegaron a convivir, separados por un muro, 10.000 mineros y el selecto “staff” inglés de la empresa Riotinto Company. Los niños y las mujeres fueron explotados sin contemplación. Hoy es un paisaje extraterrestre que asombra a los científicos y cuyas heridas se pretenden curar transformándolo en un campo de frutales. El escritor Juan Cobos Wilkins tomó la historia de la primera revuelta “socioecológica” exigiendo detener la contaminación, para escribir la novela en la que se basa la película El Corazón de la Tierra.

El 4 de febrero de 1888, más de diez mil personas se manifestaron en la plaza de la constitución del pueblo para exigir a la compañía británica de la explotación unas condiciones laborales dignas y el fin de las pilas de calcinación del mineral a cielo abierto que diezmaban la agricultura, la ganadería y la salud de los lugareños. La compañía británica, en connivencia con el ejército, incitó el asalto de la plaza del pueblo a tiros primero y rematando luego a golpe de bayoneta a todos los que pacíficamente exigían un medio ambiente y una vida digna. Dispararon contra niños y mujeres, ancianos y adultos. El número de muertos nunca se supo, pero aquel día forma parte de uno de los episodios más sangrientos del colonialismo británico en nuestro país.  

El Corazón de la Tierra se adentra en este trágico episodio de nuestra historia buscando como argumento la amistad entre dos niñas, una nativa y una británica que con la edad forjarán una emotiva relación. La historia transcurre ilustrando a la comunidad británica, convencida de su lugar en el mundo viviendo en su barrio, Bellavista, separado del resto del pueblo por un muro. Dos entradas, con garitas y guardas, vigilaban, filtraban o impedían el paso a quien no perteneciese al staff de la mina. Aunque también como “colonos ilustrados” los británicos pusieron en marcha un servicio médico, una escuela, un taller de bordados, un economato, etc.

Cuando la Riotinto Company adquiere las minas, trabajaban un millar de hombres. En 1888, el trágico “Año de los tiros” que revive El Corazón de la Tierra, la pléyade explotada era de más de 10.000 personas, incluídos niños y mujeres. Las mujeres transportan en pesados cajones –barcales– el mineral. Pero, más allá de la explotación laboral, es el sistema de calcinación al aire libre -las llamadas teleras- el que envenena el aire y expande la tragedia por toda la comarca. Las teleras gigantescas eran piras, como inmensos termiteros que formaban un bosque de pirámides ardientes que humeaban día y noche, arrojando a la atmósfera dióxido de azufre que envenenaba la atmósfera, enfermaba las gentes y asolaba el paisaje, además de arruinar las cosechas, la ganadería y contaminar el agua de los pueblos vecinos. Los efectos nocivos de las teleras abarcaban un radio de más de 750 kilómetros cuadrados en torno a las minas y dañaban a más de diez mil propiedades.

Un anarquista cubano, Maximiliano Tornet, llega a Riotinto en la primavera de 1883 y liderará el malestar social aglutinando a mineros, agricultores y ganaderos para enfrentarse a la omnipotente Compañía. Los dueños de las tierras afectadas, sobre todo del término de Zalamea la Real, crearon lo que podría considerarse la primera organización de tinte ecologista: la Liga Antihumos. La unión de todos les llevará a una multitudinaria manifestación del sábado 4 de febrero de 1888. Las calles de Riotinto quedaron tomadas por unas 12.000 personas que, en un ambiente festivo, con bandas de música y pancartas (“¡Abajo los humos!”, “¡Viva la agricultura!”), reclamaban una más digna forma de vida. Mientras, en el Ayuntamiento permanecían reunidos el alcalde y concejales, así como el gobernador civil de Huelva, Agustín Bravo y Joven, con soldados del Regimiento de Pavía. Sin ton ni son, y sin que se sepa quien dio la orden, los soldados iniciaron el fuego a bocajarro contra los pacíficos manifestantes. La masacre fue total, pero se recogieron todos los cuerpos para hacerlos desaparecer en el mar o en escombreras de la mina.

El Gobierno español, a los pocos días de los trágicos eventos, dictó el que se considera el antecedente de la primera normativa “ecológica”: el Real Decreto de 28 de febrero, adoptando la prohibición de las calcinaciones al aire libre de los minerales sulfurosos. Sin embargo, la poderosa Riotinto Company logró su derogación con el Real Decreto de 17 de diciembre de 1890. El argumento para su derogación fue un “informe” indecente de la Real Academia de Medicina, que consideraba que la acción de los humos era inofensiva para la vida, aunque molesta e incómoda. Esta revocación se hacía hasta que las Cortes estudiaran todas las implicaciones del problema. Para tener una idea, no será hasta el 1968 que se aprobará nuevamente una norma para proteger a la población de los efectos de la contaminación atmosférica (Decreto 2107/1968).

Sin duda, El corazón de la Tierra constituye una película sobre una página real de nuestra historia que pasó por las carteleras desapercibida, pero que podemos visionar en formato DVD. Constituye un documento de alto interés educativo y puede servir de excusa para interesarse por la explotación de los seres humanos y la naturaleza a sangre y fuego. En aquel entonces, el siglo XIX, eran “los nativos onubenses”; hoy, en el siglo XXI, son los “nativos” de la Amazonia, de África, de los pueblos de la China interior o de las selvas indonesias las que padecen horrores semejantes por el desarrollismo a ultranza y sin miramientos de las grandes corporaciones.

Hoy el suelo carmesí, las aguas iriscentes y un paisaje extraterrestre absorben la historia de un rincón que ha fascinado a los científicos, porque argumentan que podría semejarse a Marte. El problema es que este agua teñida ha llevado también la sangre y el estertor para muchos niños, mujeres y mineros españoles. El Corazón de la Tierra es una película basada en hechos reales que sabe transportarnos con todo rigor a un ejemplo patético de la ambición económica de las corporaciones, que sigue bien presente en nuestros días. La Fundación Río Tinto promueve la explotación de los inusuales valores turísticos del entorno y de recuperación de su rico patrimonio, producto de la milenaria actividad minera. Hoy, la Riotinto Company se llama Rio Tinto Group y sigue existiendo, aunque sus actividades se centran en otras partes del planeta donde todavía hay minerales para explotar. Y es que la mala hierba nunca muere…

Curiosidades...
El rodaje, realizado durante la primavera del 2006, constituyó una fiesta para los lugareños de Riotinto que pudieron participar como figurantes y es que participar en una película como extra deja siempre muchos recuerdos...