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Fast Food

El lado oscuro de la comida rápida

Nuestros hábitos cotidianos están llenos de actos fast food aunque no lo creamos. Son actos que no están ligados directamente a las hamburguesas, el pollo o las patatas fritas, pero que comparten una misma filosofía: la de las prisas. Si lo pensamos bien, pocos son los que hoy día se toman el tiempo necesario para desayunar como Dios manda, renegando del café a toda pastilla y de la bollería industrial empaquetada repleta de grasas saturadas. La excusa que nos damos para justificarlo es que no tenemos tiempo.
 

Fast Food. El lado oscuro de la comida rápida.
Eric Schlosser
Col. Arena Abierta
Grijalbo
Barcelona, 2002

La comida rápida, o fast food en su idioma original, ha conseguido colarse en la dieta, erigiéndose como un imperio que abarca mucho más de lo que podemos imaginar. Si tienes algún amigo que haya trabajado en alguna cadena de comida rápida, sabrás que éstas explotan a sus empleados pagándoles una miseria y exponiéndoles a accidentes laborales por no estar cualificados.

En Estados Unidos anualmente se sacrifican 25.000 millones de animales para el consumo humano y la industria del fast food factura 129.000 millones de dólares. En consecuencia, muchas son las personas que trabajan en las industrias cárnicas que dispensan la carne a estas cadenas de comida rápida. La productividad prima en esta industria: la mayor cantidad de leche, carne, huevos en la mínima cantidad de tiempo y dinero.

 

Para conseguirla, se obliga a los empleados a trabajar en cadena, bajo una gran presión. Poco importa que durante su vida laboral pierdan un par de dedos o un brazo. Tal y como indica Schlosser en su libro, siempre se le podrá sustituir o asignarle otra tarea. Según una ley de Colorado, un dedo amputado supone una indemnización de entre 2.400 y 5.400 euros y un brazo, unos 42.000. Las propias empresas se encargan de disuadir a sus empleados para que no les demanden y, puesto que de todos modos pueden pasar varios años hasta recibir el subsidio, la mayoría de veces los trabajadores lesionados no presentan ninguna demanda.

El libro es contundente en su denuncia. McDonalds resulta el ejemplo emblemático. Cuenta en la actualidad con 28.000 restaurantes repartidos en todo el mundo y cada año abre casi 2.000 nuevos. En su estrategia para hacerse con el mercado mundial ha ido lo más lejos posible. Ha promocionado desde la Asociación Nacional de Baloncesto hasta los Juegos Olímpicos. Los niños han sido su último objetivo. Consciente de que éstos llevan a sus padres consigo, ha incorporado parques infantiles en sus restaurantes, les ha seducido con juguetes en sus menús y han colado su publicidad en las escuelas. Y McDonalds es sólo un ejemplo. Coca-Cola, por su cuenta, ha hecho lo mismo. Centenares de datos y experiencias avalan este paseo por las mazmorras de la alimentación humana.

Gracias a este tipo de comida y a las bebidas con soda, la obesidad se ha convertido en la segunda causa de mortalidad en Norteamérica: provoca 300.000 muertes cada año. Ante estos datos alarmantes, hay quienes ya se han rebelado. El movimiento Slow food, que preconiza la buena mesa, los productos biológicos y el retorno a los sabores tradicionales, cuenta ya con 65.000 socios en más de 60 países. Independientemente de qué está hecha una hamburguesa, tras ella se esconde mucho más. Este libro inspiró la película Fast Food Nation.

actualizado: 
02/02/2002
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