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Objeción ElectroNuclear. Llamada a la acción





Llamada a la acción*: Objeción ElectroNuclear
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Para hacer hervir agua y accionar una turbina asumimos demasiado riesgo con la fisión del átomo y todo lo que comporta de contaminación radioactiva letal.

El lobby nuclear quiere hacernos creer que no hay otra solución. Eso sí, como los números NO salen, pretenden que lo paguemos entre todos para que unos pocos sigan haciendo hervir la olla.

Algunos pueden decir que Chernobil es un caso aislado. Otros creemos que es la excepción que confirma la regla y más vale darse por advertidos. Tenemos casi 450 potenciales Chernobils.

El mensaje es sencillo: basta de seguir invirtiendo en nucleares cuando tenemos renovables.

Según el lobby nuclear, el cierre de Garoña debe evitarse para marcar la pauta de  alargar la vida útil del resto del parque nuclear, aunque hayan sobrepasado los límites del desgaste y se ponga en grave riesgo a la población y al país entero.

La termosolar eléctrica ha demostrado su viabilidad, eficiencia y rentabilidad. Hoy, la planta de Solúcar es una referencia mundial y esta tecnología está despegando, eso sí, fuera de España.

La energía eólica: una energía positiva.

En el mundo hay funcionando 439 reactores nucleares que producen el 17% de la electricidad mundial, y 42 más están en construcción (varios de ellos con problemas financieros y retrasos). Algunos acumulan retrasos espectaculares y, sobre todo, sobrecostes inauditos, como es el caso del reactor EPR (European Pressurized Reactor) finlandés, el Olkiluoto-3 iniciado en el año 2005. En 2001, AREVA (la multinacional francesa, de titularidad pública) hizo grandes promesas sobre el proyecto de su reactor EPR. Se estimó que se construiría en 4 años y van a ser casi 7 (no está previsto que pueda entrar en funcionamiento antes de 2012, a pesar de que se ha doblado el número de trabajadores). Se dijo que costaría 2.500 millones de euros y que además no se necesitaría recurrir a apoyos estatales ni a subsidios de ningún tipo. A fecha de 2009 los costes ya sobrepasan los 4.000 millones de euros. Wulf Bernotat, presidente y director ejecutivo del gigante eléctrico alemán E.ON, reconocía a The Times, el 5 de mayo 2008, que el coste de esa central nuclear podría ascender finalmente a 4.500 millones de euros. Y, por si fuera poco, lo que agrava aún más la situación es que se han detectado ya más de 1.500 defectos de diseño y desviaciones de calidad en el reactor, que genera grandes preocupaciones sobre la seguridad de la instalación. Por si fuera poco, según un informe al que ha tenido acceso Greenpeace, los residuos radiactivos que generará el reactor finlandés de Olkiluoto serán siete veces más peligrosos que los residuos de las plantas nucleares actuales. La información proviene del Estudio de Impacto Ambiental de la empresa Posiva, encargada de la gestión de los residuos radiactivos de la primera planta EPR en construcción. Los trabajos llevados a cabo por Posiva han sido financiados por la Unión Europea. Así, la construcción de este reactor aumentará de costes, además de los riesgos para el medio ambiente y la salud. El EPR está diseñado para extraer más energía del combustible nuclear, pero este método genera un aumento desproporcionado en la cantidad de sustancias radiactivas en el combustible irradiado. Su gestión será, por tanto, mucho más compleja al requerir aún de mayores medidas de seguridad.

Digan lo que digan, la seguridad –con el impacto de los accidentes, del que Chernobil es sólo una pequeña muestra de lo que puede suceder– es otro de los temas claves. El escape al medio ambiente, en noviembre de 2007, de partículas de material altamente radiactivo (principalmente de Cobalto-60) en la central nuclear de Ascó-1, Tarragona, propiedad de Endesa e Iberdrola, evidenció nuevamente que la generación de electricidad mediante la fisión del átomo es una apuesta profundamente errónea, entre otras razones por el peligro al que se somete a las personas y al medio ambiente del entorno de las centrales. De hecho, si tan seguras fueran, no sería el Estado quien debiera asumir la responsabilidad en caso de accidente, pero la realidad es que no hay ninguna compañía de seguros que asegure la responsabilidad civil de una central nuclear.

También está el tema de los residuos, que tras más de 50 años sigue siendo un reto pendiente. Pero lo cierto es que los residuos de alta actividad, los que están en contacto con el núcleo del reactor, de momento se guardan mayoritariamente dentro de las propias centrales nucleares. En el caso de España, los residuos de alta actividad tras el accidente de Vandellós 1 (en 1989) de momento se han guardado en Francia, pero se estima que el día que los devuelvan –y eso tiene que ser en el año 2010– la broma nos costará unos 60.000 euros/día.

Todas las evidencias económicas (riesgos ambientales y de salud pública o de fomento de armas atómicas aparte) indican que las centrales nucleares no son una solución sensata para producir energía, debido a la elevada inversión que implican y al dilatado tiempo de construcción. Para ello, la solución es alargar el tiempo de vida útil de las mismas. Esto es lo que persigue actualmente la industria nuclear. Pero entonces nos enfrentamos a mayores riesgos, debido al desgaste de materiales y también a una mayor relajación de las operadoras, que buscan simplemente la rentabilidad (las eléctricas ganan hasta 600.000 euros diarios netos con una central de 1.000 megavatios) y reducen las medidas de seguridad. Esta situación es la que se está dando en el parque nuclear español. La primera central nuclear construida, la de Santa María de Garoña, cumple 40 años y el Gobierno español debe decidir si este verano renueva su licencia de operación. Hay diversas campañas para pedir el cierre de Garoña. Documentos secretos de la CIA desclasificados recientemente a petición del Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad de George Washington señalan que Franco tenía en marcha un programa nuclear destinado a conseguir armas atómicas. Los informes de la agencia de inteligencia explican que el franquismo albergó durante años el sueño de convertir a España en una potencia nuclear semejante a Francia y Gran Bretaña. En enero de 2007, la vicepresidenta del Gobierno anunció la intención de proceder al cierre de esta central nuclear, intención coherente con el deteriorado estado de la instalación. Queda por ver si se hará efectiva esta declaración en julio de 2009.

Sea como sea, la energía nuclear vive de un espejismo, y nos pretenden vender más nucleares como una medida de salvación frente al cambio climático. Porque no generan CO2, dicen. Se olvidan de que en todo el ciclo nuclear, las emisiones son de escándalo, parecidas a las de una central térmica, y de que en realidad lo que busca el lobby nuclear es lo que ya hicieron en su momento: que “pague” y “avale” el estado. Por este motivo, todavía pagamos la llamada moratoria nuclear en los recibos de la electricidad desde 1984. En el año 2008, el desembolso del Ministerio de Industria para la moratoria fue de 504 millones de euros. Pero es que, además, si quisiéramos invertir en nucleares contra el cambio climático deberíamos construir unas 3.600 centrales adicionales. Vaya, que los números no salen ni por casualidad.

Frente a los desmanes del lobby nuclear no valen argumentos, porque simplemente ya no tienen. Si tienes una hora de tiempo no te pierdas (es en francés) el reportaje L'uranium: le scandale de la France contaminée. Lamentablemente, tienen todo el poder, porque los reactores nucleares de todo el mundo son de las empresas estatales de energía (algunas son hoy privadas) y, por tanto, somos los consumidores de electricidad los que día a día, sin querer, reafirmamos el mantenimiento del parque nuclear y las centrales térmicas que contribuyen al calentamiento global. Por ello, ha llegado el momento de lo que llamamos objeción energética, aunque vamos a empezar por la objeción electronuclear, para ser más concretos.

La objeción electronuclear basa su argumentación en el apoyo decidido y activo de las renovables.  Recordemos que las renovables sí que están contribuyendo a un nuevo paradigma socioecológico, a la dinamización del empleo y de la economía. El gobierno alemán señala en un informe (6,4 Mb) la existencia de 250.000 empleos en energía renovable, creados hasta el año 2007. Con un incremento del 44%, en comparación con el 2004 (160.000), fecha de la conferencia internacional de renovables en Bonn, que ha dado lugar a dos leyes nuevas de energías renovables. Este informe señala que pueden llegar a crearse hasta 400.000 en 2020.

Pero podemos verlo de otra forma, también con los datos actuales. La central de Olkiluoto-3 –con un coste real de 4.500 millones de euros– tiene una potencia de 1.600 MW y se tardarán 7 años en que entre en funcionamiento (aunque debemos recordar que los reactores nucleares terminados entre 1995 y 2000 en el mundo precisaron de 116 meses para su construcción).

Veamos un caso práctico del porqué de la apuesta por las renovables y de su rentabilidad y eficacia. Si invirtiéramos 30.000 millones de euros en parques eólicos –el equivalente a 7 centrales nucleares EPR (para hacer números redondos)– ésto permitiría instalar 25.000 MW (a 1,2 millones de euros/MW instalados), que a 2.200 horas/año de funcionamiento a potencia nominal aportarían 55.000 GWH/año, que es más o menos lo que genera hoy por hoy el parque nuclear en España. Con la actual capacidad de la industria eólica, estos 25.000 MW se podrían construir en un máximo de 10 años, o sea, que cada año entrarían en funcionamiento 2.500 MW (un 65 % más de potencia que Olkiluoto, pero en un año).

En todo ello hay también razones económicas y de generación de empleo. Si consideramos los factores de equivalencia que incorpora el último documento del l’EWEA: Wind at Work (1,8 Mb), pàgina 8, veremos que en Europa pueden crearse 15,1 puestos de trabajo por cada MW instalado, más otros 0,4 puestos en operación y mantenimiento. O sea, que los 30.000 millones de euros habrían aportado (15,1 x 25.000 MW) nada menos que 377.500 puestos de trabajo en la fabricación de las máquinas, comercialización y construcción y otros 10.000 (0,4 x 25.000 MW) en el mantenimiento.  

En el mundo hay instalados aerogeneradores con una capacidad de 121.188 MW, que han generado 440.000 puestos de trabajo y que entre todas las máquinas eólicas son capaces de generar una producción de 260 TWh/año, lo que equivale al 1,5 % del consumo de la electricidad mundial, y el año pasado (2008) se construyeron 27.261 MW. España ocupa la tercera posición mundial  en potencia instalada con 16.740 MW eólicos. En los días de viento, el parque eólico español es capaz de producir hasta el 30 % de la potencia eléctrica, superando a la nuclear. En 2008 cubrió un 11,5 % de la demanda de consumo eléctrico (la mitad que la nuclear, un 21,7 %)

La Comisión Europea aprobó un paquete de medidas en el año 2008 que marcaba como objetivos de obligado cumplimento:
a) que las energías renovables constituyan en el 2020 el 20% de la energía primaria de la Unión europea,
b) una reducción del 20% de la demanda de energía primaria con respecto al 2005 en el 2020, y todo ello para
c) reducir las emisiones de CO2 en un 20% en el 2020 con respecto a los niveles de 1990.
Este programa de actuación conocido también por 20-20-20 ya ha tenido eco en muchas ciudades, que se han comprometido.

Si vives en una ciudad que ha firmado el Pacto de Alcaldes por las Renovables (Covenant of Mayors) reclama que desde tu ayuntamiento se pongan a trabajar en el cumplimiento de las medidas con que se comprometieron (Sustainable Energy Action Plans o SEAPs) y se dejen de verborrea sostenibilista. Pero, mientras, dejémonos de palabras y pasemos a la acción.

Como practicar la objeción electronuclear en 7 pasos:

1. Informarse sobre la energía nuclear. Recomendamos, especialmente, el vídeo Climate of Hope (28 min. y traducido al español) y leer como mínimo un libro: El espejismo nuclear. Aunque en la red puedes encontrar mucho más (en esta web tienes ya un monton de recursos, basta con que el buscador pongas energía nuclear).
2. Apuntarse a la campaña Yo soy antinuclear.
3. Ciberactuar y participar en todas las actividades que puedas a favor del cierre definitivo de Garoña.
4. Reducir al máximo los consumos eléctricos en nuestro hogar. Para ello, recomendamos aparatos como los visualizadores de consumo (actualmente, en España se comercializan dos modelos: Efergy y Owl). Con ellos podemos llevar a cabo una verdadera captura de todos los vatios que se nos pierden (standby, bombillas ineficientes, ladrones de vatios insospechables como por ejemplo ciertas lavadoras, aires acondicionados, etc.)
5. Invertir en energías renovables, en especial en centrales renovables populares –eólicas o solares– porque cada euro invertido en renovables son vatios limpios que desplazan a vatios térmicos o nucleares.
6. Solicitar al gobierno que cumpla con la liberalización del mercado eléctrico y permita la comercialización de electricidad verde.
7. Exigir a nuestra compañía eléctrica el cumplimiento de la norma de etiquetado eléctrico, por la que en la factura eléctrica cada empresa debe indicar con qué fuentes energéticas produce su electricidad (no vale poner el mix español).

*Llamada a la acción es una propuesta del diario de un ecologista para pasar a la acción en algunos temas sobre los que no hay regulación alguna y en los que sólo la toma de conciencia colectiva, alertando a las autoridades o a las entidades implicadas, puede cambiar la situación. Al final, para que algo cambie, algo de nosotros debemos cambiar.



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