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Por un país sin transgénicos





Por un país sin transgénicos

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Cartel de la manifestación convocada por la plataforma Som lo que sembrem.

El cocinero Santi Santamaria, en primera fila de la manifestación contra los transgénicos.

Josep Pàmies, uno de los activistas en huelga de hambre contra los transgénicos.








“Hoy estamos aquí para defender los derechos básicos en una democracia: que el parlamento catalán debata e impulse un país libre de transgénicos, tal y como han expresado más de cien mil firmas apoyando la Iniciativa Legislativa Popular para declarar Cataluña libre de transgénicos”. Con esta contundencia se expresaba el cocinero internacional Santi Santamaria, propietario de varios restaurantes con estrellas Michelín, que ha cerrado este mediodía la manifestación con la lectura de un manifiesto a favor de una alimentación "sin organismos genéticamente modificados". Santamaria, que ha realizado la lectura frente al Parlament, ha abogado a favor de un nuevo modelo agroalimentario basado "en las producciones locales de carácter ecológico y artesano, respetuoso con el medio, las variedades y la cultura propia".

Santamaria ha sido uno de los miles de ciudadanos que han participado en la manifestación convocada por la plataforma Som lo que sembrem para solicitar “democracia, salud y buenos alimentos”. Una manifestación convocada para presionar al Parlamento catalán, que pretende desoír el deber de atender la iniciativa legislativa popular sobre transgénicos.

Ya hemos dado noticia en este diario de las actividades de esta plataforma, cuya única misión es la noble tarea de sensibilizar sobre el riesgo de apostar por los cultivos transgénicos. La actual legislación en vigor obliga a etiquetar los productos que contienen más de un 0,9 % de ingredientes derivados de cultivos transgénicos. Sin embargo, esta legislación no obliga a etiquetar los derivados de animales alimentos con transgénicos (leche, carne, huevos, etc.).

Es necesario evitar el consumo de transgénicos, por sus efectos irreversibles e imprevisibles sobre el medio ambiente, por los riesgos de salud todavía desconocidos y por los efectos socioeconómicos (ya que refuerzan el control de la población mundial por parte de unas pocas empresas transnacionales).  Con estos convencimientos se han reunido entre 2.500 y 4.000 personas (según los organizadores), en la manifestación contra los transgénicos convocada por la plataforma “Som lo que sembrem”' bajo el lema Democracia, salud y buenos alimentos, para reivindicar la aceptación a trámite en el Parlamento de la Iniciativa Legislativa Popular sobre transgénicos (ILP).

La plataforma ha lanzado esta manifestación para protestar contra la enmienda a la totalidad de la Iniciativa Legislativa Popular, apoyada por 105.000 firmas. Con absoluto desprecio democrático, el PSOE –junto con el PP y CiU– quiere evitar cualquier debate sobre el consumo, cultivo e investigación de transgénicos, tras la presentación de la iniciativa el próximo jueves 2 de julio en el Parlamento catalán. La portavoz de ICV-EUiA en el Parlament, Dolors Camats, afirmó que los partidos están sometidos a "fuertes presiones por parte de los que utilizan transgénicos y de los que desean una Cataluña productivista" y explicó que la falta de regulación sobre transgénicos y el incumplimiento de la normativa europea sobre etiquetaje, impide una auténtica agricultura ecológica en el país. Para Josep Pàmies, miembro de la comisión impulsora de la plataforma antitransgénicos, los partidos se habían comprometido hace meses a debatir la propuesta y las enmiendas han sido una "sorpresa" que no merecían.

Pero, además, esta manifestación ha sido también el punto de partida para que tres activistas de la plataforma Som lo que sembrem –encabezados por Josep Pàmies– se planten e inicien una huelga de hambre frente a la sede Parlamento catalán, para que este organismo atienda el debate al que le obligan moralmente las 105.000 firmas entregadas por esta ILP.

No he podido más que estar en los inicios de la manifestación, pues tenía que atender una demostración culinaria de la actividad Brindis al Sol con el reflector solar Scheffler, ubicado en la terraza del Museu de la Ciencia i la Tècnica de Catalunya, donde todos los domingos (hasta mediados de julio) se elabora una receta culinaria solar. Así que, sin posibilidad de desblobarme fisicamente, sí que he tenido un trozo de mi corazón junto a ellos, justo cuanto Santamaría leía el manifiesto frente al Parlamento y yo atendía el foco solar para que la cocinera del restaurante La Terrassa elaborase un risotto de vieiras y centollo solar.

La vida social está desmovilizada, las votaciones ganan en abstención y, así, poco a poco, vamos debilitando el compromiso ciudadano. Frente a esta realidad, a uno sólo se le ocurre solicitar que disuelvan este parlamento tóxico, que es incapaz hasta de la educación política para debatir sobre el tema. Las noticias describían que, a pesar de no reunir a muchos ciudadanos, la visualización de la manifestación ha sido todo un éxito, con personas venidas de todas las comarcas que compartían la llamada de la plataforma:

“En medio del desencanto político que estamos viviendo en los últimos tiempos, PSC, CiU y PP han iniciado los tramites para abortar la Iniciativa Legislativa Popular sobre Transgénicos de la Plataforma Som lo que Sembrem. De este modo, pretenden responder a la preocupación activa de la sociedad catalana para la seguridad alimentaria, el medio y el futuro de la agricultura tradicional.

Intentar evitar esta maniobra antidemocrática, humillante y del todo irresponsable, ha sido la razón unánime de los participantes en la manifestación bajo el lema de ‘DEMOCRÀCIA, SALUT I BONS ALIMENTS’ (Democracia, Salud y Buenos Alimentos), a la vez que se apelaba a la participación para definir un NUEVO MODELO ALIMENTARIO, SANITARIO Y AGRARIO”.

Esta manifestación se suma a otras iniciativas por todo el Estado español, como la protesta que se realizó el pasado 18 de abril de 2009, cuando varios miles de personas se manifestaron en Zaragoza –“capital” española de los cultivos transgénicos– para pedir la prohibición en el país del maíz transgénico, a imagen de la decisión tomada en Alemania. En aquella fecha, miles de ecologistas y agricultores desfilaron por las calles de Zaragoza, la capital de Aragón, la región que concentra el 40% de las 80.000 hectáreas de maíz ‘MON810′ cultivadas en España.


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