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Atrapados en el tiempo

27 diciembre 2009. El día de la marmota es una vieja tradición, probablemente de origen celta que señala (aproximadamente) la mitad del período entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera (algo equivalente al Halloween, que señala la mitad del período entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno). Esta tradición que perdura en algunos pueblos norteamericanos queda recogida en la película Atrapados en el tiempo (1993) dirigida por Harold Ramis a modo de comedia fantástica donde sus protagonistas, Bill Murray y Andie MacDowell quedan atrapados en un bucle del tiempo que bien podría recordar al mito de Sísifo, pero que en cada nueva repetición van aprendiendo de su situación.

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Cada momento nos parece ser diferente, pero puede que estemos viviendo en un bucle de algo tan viejo como que los ricos quieren ser más ricos a costa de los más pobres sometiéndolos, sólo que ahora se llaman financieros.

La vida a veces se nos muestra como una repetición casi idéntica pero con algunos detalles a los que si estamos atentos nos podría permitir salir del atolladero en el que nos encontramos. En este último año podríamos caracterizarlo por el tsunami financiero que ha llevado a lo que se llama una recesión o lo que es lo mismo una táctica del sistema para hacernos más pobres a la clase media y sumir a los pobres en más pobreza. Sólo hay que ver como el flujo económico de los gobiernos no han ido a detener la especulación financiera sino más bien en untarlos de dinero de todos para que puedan continuar con sus tretas. En cualquier caso, nada nuevo bajo el sol.

Ayer me tomé el relajo de verme alguna vieja película que tenía grabada de la tele en una cinta de vídeo Beta y que me hice pasar a DVD (dado que estas hace años que los reproductores de estas están fueran de servicio. La película, una joya del cine suizo, firmada en 1975 por Alain Tanner en la que probablemente es su obra más optimista y con un título curioso: Jonás, que tendrás 25 años en el año 2000. Una película en la que entrelaza ocho personajes, algunos hijos del mayo 1968, pero afectados por el paro, la recesión y el nihilismo, que convergen en un cántico a la libertad y con una pincelada ecologista. Lo curioso es que uno ve a estos personajes de hace casi treinta cinco años así como las reflexiones que plantean y tiene la impresión de que sólo cambiando los vestuarios el film lo veríamos como un retrato de la actualidad más rabiosa. Y eso me ha llevado a pensar que el 2009 que dejamos quizás no es más que una repetición casi idéntica de algo que ya sucedió y que viene repitiéndose y que no atendemos a las pequeñas diferencias para aprender de ellas.

Hace 15 años se iniciaron las negociaciones por el clima, cuando todavía teníamos 365 ppm de dióxido de carbono en la atmósfera. Ahora, tenemos ya 385 ppm y estamos en la cresta de una curva exponencial de la que nadie quiere bajarse. De hecho la COP 15 de Copenhague supone un paso atrás en lo que a compromisos se refiere. Millares de representantes de ONG’s han lanzado mensajes de que hay que cambiar el sistema y otros han dado con sus huesos en la cárcel por simplemente abrir una pancarta de protesta en una gala gubernamental. Lo cierto es que la línea que separa a los gobernantes y poderes fácticos de los “consumidores” es cada vez más abismal. Frente a esta brecha los gobiernos impulsan políticas de “seguridad” y hoy, a menos de una década del 11 S de 2001, las medidas de rastreo de comunicaciones, los programas espía y las caracterizaciones biométricas a penas nos dejan margen de maniobra para simplemente expresarnos. Y vale de muestra que a modo de escarmiento hayan dejado a los activistas de Greenpeace en la cárcel durante todas las fechas de navidad.

A medida que la crisis ecológica avanza se hace necesario dejar de protestar para pasar a la acción y en especial de la insubmisión al consumismo.

La verborrea gubernamental es proporcional a su cinismo o incapacidad para cambiar nada. El peor ejemplo el del presidente Obama, pero también podríamos enumerar al presidente del gobierno español Zapatero. Un asesor suyo nos comentaba que es un tipo muy inteligente y que sabe sintetizar a la perfección una larga sesión de contenidos. La cuestión no es lo que sabe sino lo que logra. España es el país de Europa con más transgénicos plantados, pero tiene de asesora a la principal figura anti OGM: Vandana Shiva. Alguna cosa no va bien. Los bancos deben ganar más dinero y se les ha animado a las fusiones con aportación de dinero público. Nada cambiará más que para algo esencial y es que las alianzas harán más inestable la vida personal. Por ejemplo, Caixa Catalunya tras las primeras negociaciones de su fusión impone a sus trabajadores una flexibilidad laboral de 1.000 km ( y los sindicatos felices con que no se destruya empleo). O sea que hoy trabajas en Gasteiz y mañana en Málaga. Es una forma más de que los jóvenes no tengan donde enraizarse y que descastados se sientan tan globales como las medidas globalizadoras que permiten los gobiernos sin distinción de color coartar día a día libertades fundamentales (está por ver lo que durará el control sobre internet).

Pero el cinismo en este 2009 que pronto será simplemente historia no tiene freno. En la reunión del G-20 de Londres se llamó "a construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible” y se aceptó que hay una relación directa entre el desarrollo y el cambio climático, en sentido inverso. Y sin embargo, mientras se pregona por el objetivo de la disminución de la pobreza en el mundo como gran prioridad en realidad se van poniendo los peldaños para seguir subiendo en desigualdad. Y la prueba es que una cuarta parte de la humanidad continúa viviendo con menos de 1,25 dólares al día, que 1.000 millones de personas carecen de agua potable, 2.000 millones padecen la crisis de la leña o que 3.000 millones de ciudadanos no tienen servicios de saneamiento adecuados. A su vez el cambio climático que no tiene fronteras sigue avanzando.

Intentan que nos parezca que tengamos muchas opciones y en realidad muchos colores para más de lo mismo: ser parte de la inmensa masa de pobres bajo el poder de unos pocos. Por eso ya no hay políticos, sino clase política, una casta como cualquier otra de las que históricamente impusieron sus criterios sobre la mayoría. Sólo que ahora podemos elegir entre lo malo y lo peor.

Que nos deparará el 2010, es todavía una incógnita, pero es evidente que la llave de todo este embrollo está en la clase media y media baja para ser capaz de movilizarse y emprender medidas que fuercen lo que ninguna ley de la economía sostenible puede conseguir y es abrir las puertas a la solidaridad, al compartir con la vecindad nuestras habilidades y sin duda, asumir una vida más austera porqué el paro es la principal amenaza que tiene actualmente el estatus económico. Pero, hay otra vida más allá del paro a partir de las redes sociales, del intercambio. La salvación no está en ser funcionario, pues aunque este país tiene tres millones de funcionarios, o sea 1 por cada 18 habitantes lo ha hecho a base menguar la estabilidad laboral del sector. El empleo público del 31,6% de los trabajadores de las administraciones es con un contrato temporal, un porcentaje muy similar al del sector privado (34,4%).

En cualquier caso, más allá de toda predicción  hay alguna certeza y es que "sólo empezando a olvidar uno es capaz de recordar todo como mejor pudo haber sucedido". Y la historia nos aporta datos suficientes, indicios diarios de donde está la luz. Sólo falta tener claro que estamos atrapados en el tiempo y que para salirse de ello no basta con intentarse suicidar como el reportero que encarna Bill Murray sino asumiendo que como dijo Gandhi, debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo