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También la lluvia

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Directora: Icíar Bollaín
Guión: Paul Laverty
Reparto: Luis Tosar, Gael García Bernal, Raúl Arévalo, Karra Elejalde, Juan Carlos Aduviri, Carlos Santos, Dani Currás
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: Alex Catalán
Productora: Morena Films
Distribución: Alta Classics
Duración: 104 min.    
País: España
Año: 2010

"Los bolivianos nos enseñan que hay bienes que no son privatizables" declaraba la directora Icíar Bollaín que firma su película También la lluvia. Un film que en marca una historia dentro de la historia. Un equipo de cineastas desembarcan en Bolivia en abril del año 2000 para rodar una película que pretende retratar el papel de los conquistadores explotando a los nativos para que llenar de oro las arcas españolas. Así el equipo desembarca en Cochabamba, la tercera ciudad del país en importancia de Bolivia. Pero, justamente, al mismo tiempo los habitantes del país se enfrentan a la decisión del Gobierno boliviano de privatizar el agua.

En septiembre de 1999, impulsado por el Banco Mundial, la multinacional Bechtel firmó un contrato con Hugo Banzer, presidente electo y antiguo dictador de Bolivia, para privatizar el servicio de suministro de agua de Cochabamba. El contrato fue adjudicado a la empresa Aguas del Tunari, un consorcio empresarial en el que Bechtel participaba casi en un treinta por ciento. Cómo consecuencia de esta privatización se elevaron los precios por sobre del 50 % y se prohibió la recogida de agua de lluvia. Así se desencadenó un protesta masiva entre los meses de enero y abril del 2000 en el que se impuso la ley marcial y la policía boliviana mató al menos a seis personas e hirió a casi doscientos manifestantes. La respuesta popular fue de tal calibre que en medio del colapso de la economía nacional y el aumento de los disturbios sobre el estado de la misma, el gobierno de Bolivia finalizó el contrato de aguas. Este episodio se conoce como La Guerra del Agua de Cochabamba.

También la lluvia contrapone por un lado el interés de los cineastas por criticar el papel de los conquistadores representado por Cristóbal Colón, con el contrapunto del discurso del fraile Antonio Montesinos pronunciado en 1511 y en el que defendía por primera vez la humanidad de los indígenas. Por el otro, el equipo desplazado para filmar en escenarios naturales cercanos  a Cochabamba se verán afectados por los conflictos de la Guerra del Agua y deberán tomar partido. Esta conexión de la lucha contra la explotación, primero con el oro y luego con un salto de 500 años con el agua es en realidad el verdadero corazón de la película. Porqué cada uno de los personajes de ficción para interpretar a los conquistadores en realidad se convierten en personajes reales frente a los disturbios por el agua. De modo, que los actores que interpretan al fraile Montesinos y a Bartolomé de las Casas, que están interpretando la defensa de los indígenas, son los primeros que quieren largarse de Bolivia al verse involucrados en el conflicto real por el agua. Lo mismo sucede con el actor que interpreta Cristóbal Colón, el verdadero "malo" de la película, es el que se implica con los afectados.

Es una historia que pasa de la ficción de una película de época a la realidad de un rodaje en una pequeña ciudad boliviana donde sus habitantes no tienen ni el derecho de recoger el agua de lluvia.

El pulso de la película lo mantienen el realizador, supuestamente, un idealista que quiere mostrar la injusticia de los conquistadores españoles, frente a un productor, que le impone en todo momento el realismo del presupuesto, de las condiciones de rodaje, etc. Sin embargo, en este pulso también ambos intercambian los papeles cuando el rodaje queda presa de los disturbios del agua. Entonces el idealista no quiere inmiscuirse en el conflicto del agua mientras que el realista, asume intervenir llegando incluso a proteger a la familia de uno de los actores que interpreta al líder indígena Hatuey.

Los indígenas que aparecen en el film son de la etnia Yuracaré y al equipo de rodaje de Bollaín, según reconoce les costó que rodaran casi desnudos y no fue fácil explicarles que en realidad estaban representando a otros indios, ya que ellos no eran salvajes. Y esta realidad queda reflejada en una de las escenas en las que se las mujeres indígenas antes que verse apresadas como esclavas ahogaron a sus hijos pequeños; pues los indígenas actuales se niegan a pesar de que todo será irreal y que se usarán muñecos.

Sebastián, el joven realizador no puede comprender que las indígenas contratadas se nieguen a realizar una escena para su película que el entiende que es en defensa de su dignidad.

La película rodada en Cochabamba y tal como reconocía la propia Icíar Bollaín: "Conocer Bolivia ha sido un bofetón para nuestra ignorancia. Es un país desconocido, allí la gente es amable, cortés en el trato, hay mucha variedad, hay cincuenta y dos etnias diferentes y no tiene nada que ver un lado del país con otro. Ellos se reconocen que son un país de -perfil bajo-, pero es un país muy rico y con mucho que contar, se ve en la cara de la gente. En Bolivia hay comunidades de los extrarradios que no tienen todavía agua. Nosotros pagamos a cada extra que trabajó en la película y a toda la comunidad. Es lo que pidieron ellos. Hicieron asambleas, muy organizadas, y decidieron qué era lo que querían de aportación a la comunidad. En la selva, lo mismo, estábamos a tres horas de la ciudad, pero se hizo igual, se pagaba al paisano y también a la comunidad. Pedían, por ejemplo, 2000 ladrillos, un ordenador, una cisterna común... cosas para una escuela o una biblioteca nueva. Es una manera de paliar la injusticia intrínseca del cine."

La avenida Oquendo de Cochabamba fue  escenario del rodaje de la escena de la toma de Aguas del Tunari, ocurrida en  el año 2000.

También la lluvia es una película en la que hay que destacar el compromiso de la directora con la temática de la privatización del agua, que de forma más velada se está practicando en todo nuestro país, incluso con empresas públicas rentables como es el caso de la madrileña Canal Isabel II. La película es pues un retrato de la codicia en el que los bolivianos recuperan ante el mundo entero el poder sobre el agua dando una lección de dignidad. También la lluvia sintetiza Icíar Bollaín, es una película que habla de resistencia y amistad, es un viaje personal, el relato de una aventura que los protagonistas emprenden sin sospechar el final y que nos trae el pasado al presente. Un homenaje a todos los que participaron para defender los derechos del agua y que visualiza la frase de Milán Kundera, "la pelea contra el poder es la pelea de la memoria contra el olvido". La Guerra del Agua sucedida en Bolivia debería ser un antídoto para reaccionar frente a la usurpación "democrática" y silenciosa del agua como bien público en nuestro país y en todo el planeta como manda el Fondo Mundial (FMI). La distribuidora de la película ofrece un amplio dossier para trabajar en las escuelas.

actualizado: 
07/01/2011
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