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Carta al presidente de la Banca Cívica

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Parece un buen mensaje. ¿Es suficiente?

Señor,
Hace unos años que nos conocimos. Nos convencieron con algo innovador: transparencia y participación en su Obra Social. Por nuestra parte fuimos consecuentes y nos hicimos clientes de Caja Navarra. Participamos, durante cuatro años, los dos primeros años, nuestros proyectos sociales tuvieron votos de una amplia mayoría de clientes en el programa “Tú eliges, tú decides”. Dejamos testimonio de nuestra responsabilidad social por el dinero recibido de su Obra Social participativa.

Sin embargo, el poder de transformar la sociedad no sólo se basa en movilizarse por una causa social. Después se nos informó que la Banca Cívica debía basar su crecimiento en que las entidades que participábamos –y de este modo tendríamos más recursos (votos)– si nuestros asociados se hacían clientes y les utilizábamos para que nos votaran. Así empezaba el final de una bonita historia. Si no tienes socios clientes de la Banca Cívica pues no tendrás votos. Y así fue. A partir de aquel momento, nuestros proyectos no tuvieron casi ningún voto. Sin embargo, seguimos publicitando nuestro compromiso con el ideario de la “cívica” a través de nuestra tiendecilla virtual: “Caja Navarra es una de las pocas entidades que nos dice cuánto dinero ganan con nuestro dinero y cuánto dinero se aporta a los proyectos sociales que el cliente elige, que es un 30 % del beneficio neto. En Caja Navarra el cliente tiene derecho a decidir el 100% del destino de la obra social”.

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Publicidad de la Banca Cívica. Barcelona. Febrero 2011.

Pero llegó el otoño 2009 y se descubrió que, aunque uno se llame banca cívica y permita elegir proyectos en su Obra Social, necesitaban fusionarse. Cierto es que no eran los únicos ya que la mayor parte de las cajas de ahorro españolas estaban intoxicadas por la burbuja inmobiliaria (aunque fuera sólo un tercio respecto a la media del resto de cajas). Así que llegó lo inevitable, la hora de hacer uniones y fusiones para reducir el veneno que circulaba por su sangre. El Gobierno español prestó dinero público para facilitar el saneamiento: dinero de todos, no lo olvide Sr. Goñi Beltrán de Garizurieta. Estaba claro que algo se había hecho mal. Otras entidades de ahorro “no cívicas” no han precisado de fusiones y superaron las pruebas de estrés del verano 2010.

Mientras el sector se organiza sólo nos queda estar a la expectativa. Esperábamos una REACCIÓN CÍVICA en mayúsculas de su entidad. La ética y el compromiso cívico se demuestran más fácilmente cuando uno está sumido en un mal momento. Hace unos días recibí una carta suya dirigida “a usted que ha confiado en Banca Cívica”. Nos advertía que “hemos crecido como grupo y seguimos trabajando por consolidar nuestro modelo financiero… Esto nos permite afrontar el futuro con potencia muscular y la necesaria flexibilidad para adaptarnos con rapidez a los cambios que se avecinan”… y termina sus palabras con “gracias por mover Banca Cívica con nosotros”. Junto con la carta una revista en papel ecológico de autobombo de 96 páginas en color. La miro y la remiro pero aparte de repetir “tú eliges, tú decides”, “la gente tiene el poder”, etc… no sé encontrar la coherencia que esperaba de la Banca Cívica que preside.

Las entidades cívicas nos volcamos en participar de la llamada banca cívica; mientras, nuestro dinero iba al ladrillo. Barcelona, 2009.

El primer deber de una banca que se precie del calificativo “cívica” no es la transparencia sino la honestidad. La transparencia puede no ser vinculante con la honestidad. La honestidad siempre es transparente. La honestidad exige antes que nada reconocer cuando se ha cometido un error. La necesidad de fusión es un indicador de que algo se ha hecho mal, no todas las cajas han tenido que fusionarse.  Desde que se inició la crisis del sector bancario español ninguna entidad ha pedido perdón a sus clientes. Es alucinante, pero la soberbia no tiene límites en este país. Podemos aceptar que errar es humano. Pero no podemos aceptar que no haya transmitido ni un solo mensaje de disculpa por no gestionar eficazmente el dinero de sus clientes. Ahora ratifican con descaro que quieren nuestro dinero para su beneficio. Podemos colaborar para salvar "nuestra banca", pero su responsabilidad era inmensa respecto a la nuestra. Deberían primero pedir perdón y luego hacer el acto de constricción y enmendar el error.

Hablan de transparencia, pues pongan luz en todas sus oficinas. Digan como están usando realmente el dinero prestado del FROB, el nuestro y no sólo de sus clientes, sino el de todos los españoles. Publiciten todas las medidas de austeridad reales certificadas por un notario (no nos digan que van a prejubilar también traspasando el coste económico al pueblo español) sino qué medidas reales tomarán (eficiencia energética en sus oficinas, sueldos contenidos y públicos, eficacia de gestión, nuevas estrategias financieras, etc.). Y a continuación sabremos que su disculpa es sincera y sólo así quizás tengamos fuerza para sumarnos a la tarea de contribuir a recuperar lo nuestro, lo de todos.

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La fortaleza de las obras sociales está claramente en cuestión con el modelo de bancarización de las cajas de ahorro.

Lamentablemente, el calificativo de “cívica” aplicado así se demuestra que no es más que una fórmula de marketing social bien orquestado. No somos tontos, señor Presidente. Lo advertimos perfectamente en este primer número de la revista que nos han enviado. Está claro que pretenden basar su negocio con la zanahoria (y más en tiempos de crisis) de que si les hacemos clientes entre nuestros asociados, éstos podrán apoyar nuestros propios proyectos y negocio redondo. Pero lo que no dicen es cuánto realmente podrán dedicar a la Obra Social con un negocio en pérdidas como tienen ahora. Lo que no dicen es como afectará la bancarización al mantenimiento de la Obra Social cuando los accionistas pidan más beneficios!!.  Tenían una revista entera para ser sinceros. Una vez más el encanto se cae por la borda… Eso sí nos espetan con aquello de “sumamos fuerzas, ganamos todos”.

Hablan de participación, pero no basta con votar. Una democracia no es sólo la posibilidad de elegir sino de vivir en una sociedad que respeta los derechos porque se cumple con determinadas obligaciones. Su obligación era gestionar nuestro dinero con cautela económica. Apoyar inversiones cívicas y éticas. Confiar en sus clientes. La mayoría de nosotros NO sólo estábamos en la “banca cívica” porque nos digan cuánto ganan con nosotros y elegir proyectos de la Obra Social; teníamos ilusiones en una nueva forma de administrar una caja de ahorros con voluntad social. Por eso rompen nuestra confianza cuando simplemente huyen hacia delante sin reconocer sus errores e imaginando que ganarán miles de clientes entre nuestros asociados. ¿Tan poca imaginación hay en los talentos profesionales que dirige y que remunera seguro generosamente?.

Si el concepto de la banca cívica es sólo una excusa para que les hagamos de “comerciales” porque ponemos ilusión en nuestros proyectos sociales... Si el concepto de banca cívica es no dar un destino transparente de sus compromisos... Si el concepto de banca cívica no reconoce que vienen tiempos nada buenos en lugar de intentar deslumbrarnos con el autobombo de la coloreada revista... Si el concepto de banca cívica no puede evolucionar hacia la ética tras el descalabro del dinero poco ético en el que se metieron... Si el concepto de banca cívica no admite disculpas públicas... Si el concepto de banca cívica no se pone al lado de los que con la crisis ya empezamos a padecer... Si el concepto de banca cívica es tan vacío como lo pintan aunque lo hagan en rosa sensual y negro aguerrido. Entonces, sólo nos queda la desilusión. Y deberemos ser consecuentes porque en realidad, por razones éticas, no podemos ser corresponsables de un espejismo. Porque una democracia con sólo elecciones para votar simplemente no inspira ni confianza, ni participación.

La oportunidad de florecer depende de un buen clima "social" y no sólo del marketing rosa.

¿De verdad cree que nos tragaremos que “Banca Cívica es el grupo de cajas más avanzado del actual mapa financiero”? Desde mi humilde posición, la de una entidad que confió en ustedes, sólo les pido sinceridad, la base de cualquier buena relación humana. Tan fácil y tan difícil para un sistema que ha operado sobre nuestra ignorancia y atizando ilusiones efímeras. La llamada crisis nos ha despertado y debería ser una oportunidad. ¿Por qué siguen pensando que pueden edulcorar la realidad cuando están al borde del precipicio? Para convencernos no basta con nuevas palabras en más revistas deslumbrantes que podrían  evitar para ahorrar recursos. No somos los únicos que esperamos un cambio desde el corazón. Pero es sólo una humilde opinión de una entidad más en la crisis.

Atentamente,

Jordi Miralles
Presidente de la Fundación Tierra

actualizado: 
18/02/2011