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Orgonite, para armonizar la vivienda

Hace unos días me regalaron un orgonite con la intención de que mejorara el ambiente de mi hogar merced según me argumentaron a su capacidad para ionizar el aire. Esta amistad tomó la iniciativa sabiendo de mi precaución ante el consumo energético, y como había visto que tenía un ionizador enchufado (que por cierto consumo menos de 5 Wh, aunque esto suma unos 40 kWh al año) pues se le ocurrió que mejor instalara el orgonite a modo de “ionizador con energía libre". Así que miré con curiosidad para documentarlo aquí todo lo referente al llamado orgonite que, a primera vista, me pareció un flan de resina con virutas metálicas en sus tripas.

Diferentes vistas de un orgonite producido de forma artesanal por Amorgonites. Foto: Fundación Tierra.

No entraré en las disquisiciones de ciclo de vida entre el ionizador eléctrico y el orgonite. Pero si que me parece interesante resaltar que la base tecnológica del orgonite la componen tres elementos: la resina (material orgánico), las virutas de metal (material inorgánico) y el cuarzo (transmutador de energía). El funcionamiento del orgonite, que puede tener formas diversas, es simple según explican: los metales absorben las ondas del ambiente (telefonía, microondas, equipos eléctricos, etc.) y son atraídas por el material orgánico donde quedan confinadas. La resina orgánica atrapa esta energía en el interior dando tiempo al cuarzo a actuar. Las ondas electromagnéticas comprimidas por la resina genera un flujo de electrones (cualidad piezoeléctrica) que se suman a las ondas desvitalizadas atrapadas y se convierten en energía positiva. O sea que en resumen el orgonite funciona como un filtrador de todo tipo de radiaciones y estabilizador electromagnético del medio. Además el que me regalaron es de fabricación artesanal y lo firma una pareja bajo el nombre de Amorgonites (amorgonites@gmail.com), porque le ponen todo el amor del mundo componiéndolos.

La contaminación electromagnética es una de las plagas de nuestro siglo. Buscar opciones para neutralizarlas se ha convertido en una necesidad para una sociedad ávida de telecomunicaciones. También hay orgonites como colgantes. Foto: Amorgonites.

La contaminación electromagnética entre otros efectos destruyen los iones negativos que contribuyen aumentan nuestro rendimiento corporal y psíquico, algo que a parte de ser científico cualquier lo puede comprobar cuando está en un ambiente cargado de iones negativos. Pues bien, el electrosmog se carga los iones negativos y por tanto, en un ambiente dominado por iones positivos nuestro nivel de estrés, de insomnio, ansiedad, falta de concentración, etc. se incrementa. Una forma de ionización natural sería la de la ventilación natural. Sin embargo, en nuestros hogares u oficinas no siempre se da y los materiales sintéticos esparcidos por todas partes, producen una brutal carga estática que sobretodo en momentos de baja humedad puede llegar a darnos descargas eléctricas al tocar algo metálico. El orgonite pues contribuye a revertir la ionización de un ambiente.

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La forma del Amorgonite puede ser diversa. En este caso, diferentes diseños de los que producen estos artesanos.

Se trata de un elemento pasivo inspirado en los trabajos del psicoanalista Wilhelm Reich (1897-1957) con el orgón que cualificó de fuerza vital universal, una sustancia sin masa omnipresente, similar al éter pero asociado con la energía vital (un concepto similar a lo que en otras tradiciones se conoce como el prana, el chi, la kundalini, etc.) con efectos beneficiosos para los seres vivos. E. Dr. Reich comprobó que los campos de orgón podían ser convertidos en energía saludable mediante la combinación de material orgánico (resina) y material inorgánico (metal). A partir de este concepto y con la masificación de las antenas de móviles a finales del siglo XX, Don y Carol Croft perfeccionaron este concepto incorporando cristales de cuarzo en la matriz. De esta forma obtenían un transformador del orgón (según experimentaron) sin ningún gasto de energía y mantenimiento por lo que le llamaron orgonite.

Evidentemente, hay otros útiles para higienizar un determinado ambiente respecto a la contaminación electromagnética. La lista podría ser extensa. Algunos de estos productos se anuncian como higienizadores para todo el hogar, otros sólo para neutralizar aparatos concretos como ordenadores o routers WIFI. Algunos expertos en geobiología aportan soluciones también a base de buenas toma de tierra en las instalaciones eléctricas, desconectadores eléctricos automáticos (bioswitch), etc. El divulgador  Mariano Bueno, señalaba en la revista GEA (invierno 2011-12) el caso de un bebé que dormía muy mal: “al realizar la medición de los campos electromagnéticos de baja frecuencia, a nivel de la cuna, se detectaron unos 100 nT, la sorpresa fue que orientando la sonda hacia la ventana –en dirección del transformador de la calle-, la intensidad de los campos electromagnéticos de baja frecuencia descendían a menos de 10 nT. La fuente “interna” resultaron ser los transformadores del router y los equipos informáticos que estaban ubicados en la habitación contigua –despacho-, junto a la pared colindante con la cuna del niño. Los equipos y transformadores no se desconectaban por la noche con lo cual los campos electromagnéticos que atraviesan las paredes alteraban al bebé. Los apagaron y el niño empezó a dormir placidamente”.

Tabla difundida por la Asociación de Estudios Geobiológicos en su revista GEA.

Casos como estos son cada vez más frecuentes. Somos seres bioelectromagnéticos y por tanto sensibles a las radiaciones tanto las naturales provenientes del cosmos como las generadas artificialmente. Nuestro cuerpo capta estas energías sutiles que nuestra mente no puede entender ni mucho menos visualizar, pero que todo nuestro ser sí que se ve influenciadas por ellas. Por eso los creadores de los orgonites defienden esta “tecnología” como elementos pasivos que neutralizan las radiaciones perjudiciales que nos rodean (campos electromagnéticos del cableado eléctrico, pcs, teléfonos móviles, wi-fi, microondas, antenas de telefonía, equipos electrónicos, etc.) y mejoran el ambiente a nivel de ionización. Esto revierte positivamente en mitigar síntomas asociados a la electrohipersensibiildad (irratibilidad, dolor muscular, acufenos, malestar, trastornos del sueño, parestesias, etc.) y lógicamente bioenergetiza lo que tiene a su alrededor.

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Detalle de las virutas metálicas e incluso un alambre de cobre incluido en la matriz de resina. Foto: Fundación Tierra.

Las ondas electromagnéticas y sus mecanismos en la regulación biológica es todavía un campo de energía que nuestros cinco sentidos no pueden percibir (aunque hay aparatos científicos para medirlas) y por eso nos quedamos algo escépticos. Los creadores del Amorgonite que me regalaron argumentan en su folleto que “la creación del orgonite va relacionado con un determinado estado de conciencia y por eso cada orgonite es como un ser único e irrepetible, con su frecuencia de vibración particular y con un número muy limitado de creación razón por la cual cada orgonite tiene pues propiedades objetivas y subjetivas”. Cada cual que piense lo que quiera, porqué en estos temas de la ciencia-conciencia nada es fácil argumentar (y menos demostrar, aunque sí medir) . Sin embargo hay algo que si que se puede hacer y es EXPERIMENTAR. Mis experiencias con el orgonite (vaya del amorgonite) que me regalaron si han sido (aunque subjetivas) agradables y lo bueno hay que compartirlo.