Hacia un movimiento de ciudadanos del mundo

Quienes se preocupan por la peligrosa fractura del desarrollo mundial se plantean esta pregunta con una urgencia cada vez grande. Las instituciones dominantes se han mostrado timoratas o demasiado corrompibles como para afrontar los desafíos ambientales y sociales de nuestros tiempos. Para encontrar una respuesta adecuada tenemos que imaginar, en su lugar, el despertar de un nuevo actor social: un movimiento de ciudadanos del mundo (MCM) coordinado, luchando en todos los frentes por una civilización planetaria justa y sostenible.

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Ecoaldeas no es más que una forma de de denominar una organización del habitat humano para que se pueda vivir en un estilo de vida autosotenible. Un ejemplo de esto son los kibutz fundados en la década de 1920 en Israel. En la imagen la ecoaldea de Nahalal (Israel).

Los movimientos populares que han fundado los Estados-naciones en el transcurso de los últimos siglos han desarrollado identidades nacionales predominantes que engloban a las comunidades preexistentes. Pero el mundo evoluciona de forma vertiginosa hacia la consciencia global y para ello necesitamos una forma de organización una especie de abanico cultural y político mundial unido bajo la bandera Tierra.

Los grandes encuentros anuales del Foro Social Mundial, las protestas mundiales en contra de la guerra de Irak, los movimientos mundiales por la justicia social y ambiental y las campañas coordinadas para influenciar en la política internacional son las expresiones concretas de preocupaciones públicas crecientes. Aunque sean loables, las acciones parciales y dispersas, puestas una tras otra, son insuficientes para abrir un nuevo camino para el futuro del mundo.

“Los cimientos históricos de la unidad potencial se basan en un entrecruzamiento de las personas, la naturaleza y las generaciones en largos tejidos de conectividad económica, cultural y ambiental.”

La transformación mundial necesitará el despertar de un nuevo actor social: un amplio movimiento de ciudadanos del mundo que exprese una identidad supranacional y construya nuevas instituciones para una era planetaria. Dicho movimiento de ciudadanos del mundo (MCM) trabajaría en todos los frentes e integraría las distintas luchas por el medioambiente y la justicia, así como también otras tantas cuestiones diferentes que se derivan de un proyecto común.

El Movimiento de Ciudadanos del mundo se enraizaría en los principios enunciados en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, la Agenda 21, la Carta de la Tierra, la Great Transition Initiative y muchos otros documentos. Pero sobretodo debe promover una cultura de paz y de no violencia que alimente los valores cada vez más difundidos de la solidaridad humana, la resiliencia ecológica y la calidad de vida.

La mejor forma de ver el MCM es la de un levantamiento político y cultural policéntrico, más que una entidad única organizada. Así pues, podemos aprender de los movimientos pasados -los movimientos de los derechos civiles y sindicales en Estados Unidos, por ejemplo- que presentaban formas de organización múltiples y centros de influencia dispersos, trabajando todos hacia objetivos ampliamente compartidos. Asimismo, la evolución probable del MCM será la de una ecología social compleja de asociaciones oficiales e informales en un marco general de identidad y finalidades compartidas. El MCM constituiría un crisol para crear la visión, la confianza y el proceso democrático que conformarían las bases de la sociedad mundial buscada, y una experiencia permanente explorando maneras de actuar juntos en el camino de la civilización planetaria.

Participante en una reunión del movimiento Transition Town procedentes de 13 Ciudades en Transición de East Anglia (Reino Unido).

En el presente siglo, para bien y para mal, el largo proceso de evolución social ha alcanzado la Fase Planetaria y la forma de nuestro futuro se verá determinada por las maneras en que cultural y políticamente nosotros respondamos a los desafíos de la transición. Las perspectivas de pasar a un mundo decente se basan en la capacidad de la conciencia y de las acciones humanas para mostrarse a la altura de nuestro actual desafío existencial. Todavía tenemos tiempo, pero se está haciendo tarde.

Hoy más que nunca, necesitamos los esfuerzos del pasado: las campañas por los derechos, la paz y el medioambiente; la investigación científica sobre el cambio global; proyectos pedagógicos y de conciencia pública; los esfuerzos locales para una vida sostenible. Todo eso es necesario, pero insuficiente para la transición fundamental y sistémica hacia un mundo justo y sostenible de desarrollo mundial. También necesitamos de manera urgente la coalescencia de un movimiento popular plural de ciudadanos comprometidos en todas partes del mundo, un movimiento que reúna y junte esos múltiples temas y proyectos en una visión y una estrategia holísticas. El movimiento de ciudadanos del mundo sería el agente autoconsciente que realizaría la transición hacia una civilización digna de ese nombre, una respuesta a la pregunta que en todas partes plantean labios preocupados: ¿qué puedo hacer?

La transformación mundial necesita el despertar de un amplio movimiento de ciudadanos del mundo que exprese una identidad supranacional y construya nuevas instituciones para una era planetaria. OccupyLSX acampados en el municipio de Weymouth y Portland (Reino Unido)

El momento es propicio. La famosa aseveración de Margaret Mead – “Nunca duden de que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueda cambiar el mundo. En efecto, siempre fue de este modo que el mundo cambió” – amerita una advertencia: el momento debe estar maduro. En nuestro momento, ya demasiado maduro, pequeñas acciones pueden tener grandes consecuencias, liberando ormas latentes de conciencia y de asociación política. Como el movimiento de ciudadanos del mundo es el actor clave que le falta al drama de nuestro tiempo, hay que abocar ahora nuestra atención a la tarea de darle vida. La mejor estrategia sería la del llamado Círculo Creciente, un nuevo esfuerzo de organización para nutrir la formación en nuestra sociedad humana. Hay que fomentar un espíritu de esperanza y confianza que nos incite a pasar al -con una intención explícita y proactiva en nombre de la Tierra y de todos sus seres- papel de nuestra vida. Defender la visión de una sociedad mundial justa y sostenible; su compromiso por una política de confianza, de tolerancia y de respeto mutuo; y su búsqueda permanente de maneras de equilibrar pluralismo y unidad en un camino hacia un solo mundo con muchos lugares.

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Esta Perspectiva fue redactada por Paul Raskin, Director de la GTI y del Tellus Institute. Se vio enriquecida por comentarios de los participantes de la GTI, demasiado numerosos como para nombrarlos aquí. Un anteproyecto había sido preparado anteriormente por Joseph Lluis Ortega y Orion Kriegman, en consulta con Cimbria Badenhausen, Jim Barton, John Buck, Luis Gutierrez, Smilja Jankovic, D.H. Strongheart y E.J. Wensing.

En el momento en que la GTI debatía la estrategia del Círculo Creciente, se formaba una alianza concreta en CC entre los líderes de la Carta de la Tierra, la Alianza Pachamama, el movimiento Ciudades en Transición, el Club de Budapest, el Foro por una Nueva Gobernanza Mundial, la GTI y otras organizaciones. En los próximos meses, desean invitar a otros a unirse a esta movilización, entrando en el círculo para ampliar su alcance.

Modificado
09/02/2017

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