You are here

De visita al pueblo solar de Ochánduri

 
  
  
Vista de la Huerta Solar de Ochánduri en La Rioja.

Los 7 transformadores como monumento a la estupidez energética o también pretendida "cagada de buey".

Seguidor solar cual "Prometeo" buscando el sol a diario.

Detalle el moderno seguidor de Isofoton para 25 kW fotovoltaicos.

Además de la huerta solar, en las casas del pueblo hay varios tejados fotovoltaicos.

Habitantes de Ochánduri y participantes del Huerto Solar preparando una chuletada de celebración con brasas de sarmientos.



1.Rincón en el río Tirón a su paso por Ochánduri, donde uno puede darse un buen remojón.
2. Tren Talgo III llegando a Haro.
 
Viajar se hace normalmente por el deseo de descubrir nuevos lugares, aunque a veces más que el lugar importan las personas por encima del propio paisaje. Conocí la Fanega Solar de Ochánduri porque le otorgaron el Premio Sol y Paz 2008 a la iniciativa solidaria. Me emocionó que todo un pueblo se volcara en invertir en energía solar. Sus habitantes, pastores, agricultores, vieron en la energía solar fotovoltaica una oportunidad para beneficiarse y apoyar una energía limpia. Lógicamente, la iniciativa les vino de la mano de una experto de la fotovoltaica en España, Luis Narvarte, ingeniero y experto en el tema que está vinculado al pueblo de Ochánduri desde su infancia. La supervivencia de lo rural no siempre es sencilla y se le ocurrió plantear al pueblo implicarse en una huerta solar. Comentó la idea y cuando estaba previsto explicarla a todos sus conciudadanos la concurrencia fue tal que tuvieron que sacar las puertas de la sala de plenos puesto que aglutinó a casi todo el pueblo y no cabía ni una mosca. Ante esta inusitada respuesta positiva, el proyecto debía estar garantizado. Pero si el principio era sensacional, como en las mejores películas, las dificultades estaban acechando en la esquina. Y es que La Rioja -que no es Navarra ni tampoco Andalucía, que pertenece a la España autonómica (donde lo de ser español es por el DNI, que no por igualdad en derechos a la práctica)- tenía en sus técnicos de la red eléctrica intérpretes de lo legal con una particular visión sobre la normativa, algo que llenaría de dificultades lo que había sido un comienzo estelar.

La huerta solar o Fanega Solar (en homenaje a la medida de tierra agrícola) de Ochánduri iba a empezar un largo periplo de desierto administrativo, pero que no amedrantó a sus participantes. Y así, a finales de 2007, tras casi dos años de lucha titánica, consiguieron conectar a la red eléctrica la Fanega Solar Ochánduri, que tiene un total de 600 kW nominales y 700 kWp.

Esta instalación solar fotovoltaica está situada en unos terrenos cercanos al pueblo. Se llegó a un acuerdo con los propietarios del mismo para que lo cedieran gratuitamente al resto a cambio de poder participar en el proyecto con una instalación con la potencia que desearan. Así, la fanega solar está compuesta por 64 instalaciones de 6,3 kWp para sendos vecinos, una instalación de 100,8 kWp para el ayuntamiento del pueblo y dos instalaciones de 50,4 kWp y una de 100,8 kWp para los copropietarios del terreno. Todas las instalaciones están dotadas con estructuras de seguimiento en dos ejes. Cada uno tiene su instalación y entre todos, agrupados en una asociación, pagaron los gastos comunes. Además, en el pueblo hay seis tejados fotovoltaicos asociados a la fanega solar, lo que les permite beneficiarse de sus servicios de mantenimiento, seguridad, etc. En fin, que por superficie territorial y población, sin duda Ochánduri quizás ostente el récord de concentración fotovoltaica. En cualquier caso, Ochánduri, lo que sí es -no sólo por convicción sino por realidades-, es un PUEBLO SOLAR. Así que visto lo visto, este pueblo de La Rioja puede seguro inscribirse en el libro de algo que debería ser un ejemplo a seguir. Hay muchos municipios apuntados a redes de ciudades y pueblos sostenibles. Pero en Ochánduri a sus habitantes, la sostenibilidad les corre en forma de silicio fotovoltaico por las venas.

En fin, esta es la historia que me atrajo a conocer de primera mano una iniciativa de la ecología práctica. Así que tomé un tren y mi bici plegable y puse rumbo a él. Llegué vía Vitoria-Gasteiz en un tren regional (hay unos pocos al día) con destino a Logroño, que me dejó en Haro. La primera sorpresa fue ver que había recalado nada menos que en la capital del vino riojano. Aunque lo del vino lo dejaría para más tarde. Así que montado en mi bici plegable puse camino a recorrer los 17 km que separan Ochánduri de Haro en un trayecto fácil para el pedaleo con una bicicleta equipada para la salud.

En Ochánduri me esperaban Luis y María con su familia y otros ochandurinos, incluidos el actual alcalde Pascual, entre otros muchos y muchas. La visita a la Fanega Solar resultó ser un lujo, pues el guía lo sabe todo de los secretos de la energía fotovoltaica. Pero el paisaje solar entre los campos segados me resultó tan impresionante que puedo afirmar sin ruborizarme que me cautivó y que paseo en él todavía en sueños. Al pasear debajo de los seguidores solares de 25 kW uno se siente impresionado por su magnitud prometeica. Me muestran los inversores todos los secretos que hacen de esta instalación solar un ejemplo de tecnología limpia contra el cambio climático. Luis cuida a los seguidores solares como si fueran hijos. Pero lo más impresionante resulta el ambiente solar que ha conmovido al pueblo con esta iniciativa de participación popular. Emilia, una señora mayor adorable no sólo participa de la Fanega Solar sino que además tiene un tejado solar en su casa. La mujer no entiende mucho, pero comparte el espíritu solar que se ha apoderado de todo el pueblo. Y es que en Ochánduri son ecologistas de verdad, pues producen más electricidad que la que consumen.

Cada uno de los habitantes del pueblo que voy conociendo es entusiasta de lo que han conseguido y que ha contagiado incluso a algunos de los pueblos vecinos como Leiva. Como no podía ser menos en un pueblo unido por lo solar, me han invitado a una barbacoa de carne de cordero preparada con leña de sarmientos crecidos bajo el sol. Todo un lujo para el paladar sólo superado por el vino local y un postre de fórmula magistral: sorbete de limón con cava. Y es que lo solar no es incompatible con los placeres culinarios y sobre todo afirma la amistad que me han brindado todos sus habitantes. Lo que empezó siendo una visita casi profesional, se ha convertido en una apoteosis de lo hermoso en todos los sentidos. Ochánduri, permanecerá para siempre en mi recuerdo como una experiencia humana y sostenible sin parangón. Sin incluir, para alguien que tiene horóscopo felino, el placer de poner los pies en las frías aguas del río Tirón, a las que sus habitantes homenajean con delirio aunque yo sea algo tímido en esto de las aguas salvajes por arquetipo zodiacal.

Como siempre sucede, lo peor de este tipo de experiencias tan humanas es la despedida. Es un día nublado y llueve, pero cuando despliego la bicicleta sólo queda el asfalto mojado. Así que mientras los seguidores siguen apuntando a un sol inexistente, yo inicio mi pedaleo de vuelta a Haro donde me voy a dar un circuito pedaleado por su casco monumental y asumir que entre sus piedras rancias sobresale el olor del poder del vino riojano.  En la estación desierta, espero a un tren TALGO III de los viejos (entraron en funcionamiento en 1964) que me ha de llevar de vuelta a casa en un viaje que tiene más de romántico que de recorrido geográfico, aunque  también por un trazado curvilíneo que se adapta al paisaje que atraviesa. En fin… y  mientras espero este TALGO 00530 (de vagones metalizados con banda roja, eso sí, tirados por una flamante locomotora Siemens 252 repintada con los colores corporativos de RENFE)  procedente de Salamanca, me acuerdo y transcribo un fragmento de la historia de la Fanega Solar de Ochánduri que Luis ilustró perfectamente en un escrito titulado “Elogio de las moscas”:

Cuando en la delegación industria de La Rioja presentamos el proyecto, cada participante tenía su propio seguidor con su propio contador y contrato con Iberdrola, pero nos encontramos con una gran dificultad. Iberdrola no aceptaba que le cediéramos las infraestructuras de evacuación (ya que inyectamos en media tensión), e Industria de La Rioja interpretaba la ley de tal manera que, si las infraestructuras de media tensión quedaban en nuestro poder, sólo concedía una inscripción en el registro de productores en régimen especial por cada transformador. ¡Eso nos obligaba a poner un transformador por cada 5 kW, con lo que teníamos que poner 68 transformadores, lo que hacía totalmente inviable el proyecto! Esta interpretación era muy discutible. De hecho, la interpretación que se hace en la correspondiente consejería de Navarra es la contraria, y se permite hacer lo que nosotros deseábamos hacer. Cuando por fin logré hablar con el jefe de servicio de industria, D. José Luis Eguiluz, recibí una sorprendente respuesta. Transcribo un fragmento de aquella conversación porque es muy ilustrativa de la situación de la fotovoltaica en España: me dice José Luis: “Luis, entre tú y yo, que los dos somos ingenieros, ¿no ves que lo que estás haciendo en Ochánduri no es ni un molino eólico?”. Le contesté: “Sí, José Luis, pero ni tú ni yo podemos tener un molino eólico, sin embargo, sí que podemos tener una instalación solar en Ochánduri”. Me contestó: “Ya sabes el refrán que hay en nuestra tierra: más vale cagada de buey que 200 cagadas de mosca”. Olvida el señor Eguiluz que quienes le pagan el sueldo son las moscas. Esta es la principal barrera que se ha encontrado nuestro proyecto: que en un contexto en que los procedimientos administrativos, los mecanismos bancarios, etc., están pensados para que inviertan bueyes, nosotros, pequeñas moscas, también queríamos tener una instalación fotovoltaica en una fanega solar. Es más, creemos que los proyectos a modo de fanega solar son la única posibilidad para muchas “moscas” de acceder a la energía solar fotovoltaica.

Para conseguir sacar el proyecto adelante, tuvimos que agrupar las instalaciones en unidades de 100 kW, para lo que agrupamos a los participantes en grupos de 20 en cuatro asociaciones. Cada una de estas cuatro asociaciones es la que tiene un transformador y, por tanto, son ellas las que tienen el REPE y el contrato con Iberdrola. Asumimos más complejidad administrativa a cambio del éxito del proyecto. El resultado es que la fanega solar Ochánduri tiene 7 transformadores de media tensión donde con uno hubiese bastado. ¡Todo un monumento al sacrificio de la eficiencia energética y económica a favor del “dios administración”!

En esta configuración, ya no tenía sentido instalar seguidores de 5 kW, por lo que optamos por instalar seguidores de 25 kW, por aquel entonces, los seguidores más grandes jamás instalados en España, con lo que la planta tiene una configuración definitiva de 28 seguidores de 25 kW cada uno. Por pertenecer yo a la universidad española, tenía especial interés en que todo el material utilizado en esta planta fuera material español, y esto, no por un nacionalismo mal entendido, sino por despejar un tópico injusto, a saber, que la tecnología americana o alemana es mejor que la española.

Mi viaje ha Ochánduri ha sido lo mejor en este verano de lo que un ecologista de tren y bici podía imaginar. Me han prometido que para el próximo año en las fiestas del pueblo, en el concurso de arroces van hacer una paella con cocina solar y creo que voy apuntarme. Y es que cuando la energía solar se apodera de la ciudadanía, ésta es capaz de hacer milagros. Aunque para mi el milagro ha sido poder recorrer en “familia” el paisaje de esta tierra riojana y sentir en la profundidad de mi ser la entereza de una ciudadanía comprometida con la España Solar que quizás a finales de septiembre vaya a sufrir un revés. Y es que el Gobierno no siempre sabe estar a la altura de las circunstancias y menos con el entusiasmo de sus habitantes y de una industria que, como la Fanega Solar de Ochánduri, es 100 x 100 renovable y con tecnología española. De momento, los fabricantes de los inversores navarros de esta instalación ha anunciado despidos. Y es que, como afirma Luis: “Yo, que he trabajado con alemanes en multitud de proyectos e, incluso, he vivido entre ellos en algunas estancias, tengo una constatación, a saber, que los alemanes no son más listos ni más tontos que nosotros, ni siquiera más puntuales, y por tanto, si nos ponemos a correr a la vez somos tan buenos como ellos. Y, en esto de la carrera fotovoltaica empezamos a correr ambos con el mismo pistoletazo de salida. Así que los módulos de la Fanega Solar son malagueños, los inversores navarros, las estructuras aragonesas y santanderinas, y los instaladores riojanos. Las herramientas de diseño y simulación, madrileñas, la pasión, ochandurina, el anhelo, universal, es decir, que cualquier persona en la tierra pueda disfrutar también de esto, y la llamada a que no seamos dependientes y a que seamos autogestionarios en la producción de energía”. En fin, sólo me queda a modo de agradecimiento: Felices Días Solares Ochánduri, desde lo profundo de mi corazón.
 
 
¿Por qué este diario?