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Ultimo día en New York





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Intenso último día en New York

 
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En un paraíso de los pedales

Un lugar algo especial

 

Salgo disparao de la cama, tengo 5 horas para darme una buena dosis, la última, de intensidad urbana en NY. Me miro la listilla y el objetivo es poner cruces en el máximo de visitas pendientes.

A las 8:00 am, entro en uno de los cientos de cafés Starbucks de la ciudad con Joe Franza, miembro de la organización

Green Home NYC, el objetivo común es presentarnos mutuamente las organizaciones en las que colaboramos, un café enorme para cada uno, una mesa y entre sorbos comienzan el intercambio de información. Green Home es una organización joven ilusionada por enverdecer la ciudad y para ello trabajan duro divulgando los criterios y tecnologías para un hábitat más saludable y sostenible. Es un placer el sentir como en muchas cosas las personas y sus organizaciones sintonizan canales muy similares, y como en algunos un hilo armonioso estimula el activismo. Seguro que nuestra relación continuará.

El café, ese lujo exótico, es el doping matinal y también diario de mucha de la gente de esta vibrante ciudad. Una cola enorme de gente espera que se les sirva. Es frecuente ver como mucha gente camina por la calle agarrada a su café.

Inicio la bajada hacia el sur, llego a Union Square y me voy a ver la estatua de Ghandi con el sol matinal a sus espaldas. ¡Sorpresa! Hay las carpas del Green  Market montadas...y yo que pensé que sólo lo ponían el sábado, ¡¡oleeeé!!. Hoy el mercado no muestra toda su oferta, pero hay la suficiente para valorar como un premio la sorpresa. Localizo el puesto de David Graves y allá están sus pequeños botes de miel elaborada con sus colmenas esparcidas por los tejados de algunos barrios de la ciudad. Dos dólares más de coste por el saboreo de este manjar urbano. El zumo de manzana caliente y humeante junto a los panes recién horneados llenan de estímulos el rincón de esta propuesta de ocupación agrourbana.

Me despido de Isabel en su apartamento lleno de obras de arte infantil, Carlos me facilita su texto publicado en El Mundo sobre el reverendo Bill, ese predicador con tupé que anda exhibiendo un Mickey Mouse crucificado y que ya comenté en días anteriores. Leo que igual lo encuentras con sus fieles ante un McDonalds o en las tiendas Disney junto a su Stop Shopping Choir (El Coro de Parar las Compras) de gospel, contra el consumo, con la mayor calidad. Me hubiera gustado cruzarme con este personaje y su genial montaje. Sobre la mesa le ojeo la próxima crónica dedicada al libro La Situación del Mundo 2004 del WorldWatch Institute, de lectura recomendada para ciudadanos curiosos y preocupados. Este año, el informe destaca el consumismo global insostenible. En  unos días se presenta la edición catalana en Barcelona. Otro café en la calle, pero esta vez descafeinado por temor al jet lag, y despedida de Carlos no sin antes compartir los últimos minutos con nuestras ilusiones y proyectos. Un frío que pela acompaña y unas inevitables gotas van manchando mi chaqueta.

Llego a la calle Prince, el en Soho, barrio interesante para lo alternativo y lo último, aunque no siempre necesario. Visito la Station A de Apple, donde exhiben los últimos modelos de Macs y sus aplicaciones para el toqueteo publico. Todos los ordenadores tienen conexión gratis a la red. Mando un último mail a mi gente.

Sigo bajando, café en mano todavía. Beberme uno y medio  con quizás 300 centilitros no es fácil. Me encuentro con una tienda de la marca de ropa deportiva Patagonia, y como tengo noticias sobre sus compromisos ambientales, me animo a entrar. Me hago con el informe de iniciativas medioambientales de este año: 43 paginas llenas de proyectos de protección ambiental y una inversión de más de dos millones de dólares. Desde 1993 usan fibra reciclada postconsumo para 33 productos y han reutilizado en total 86 millones de botellas de plástico. Continuan innovando en aspectos ambientales. Una de las campañas que apoyan es la

Farmed and Dangerous, que defiende el consumo sostenible de salmón oceánico contra el procedente del cultivo intensivo de peces en granjas marinas. Cuando te los comes también ingieres toda la química de los antibióticos, aditivos, etc... Las cifras y riesgos que se manejan del actual sistema de alimentación mundial pueden llegar a cortar la digestión de estómagos sensibles.

Acabo el café y deposito el hermoso vaso en una papelera callejera ya que nada parecido a la recogida selectiva que conozco está a mi vista en esta ciudad. Unas calles mas abajo, la Broome, me encuentro ante una de las tiendas de cultura orgánica de la compañía Healthy Pleasures, con sus bicis carros en la puerta. Venden todo tipo de cereales, frutos secos, plantas y cafés a granel que pueden adquirirse a menos coste y en la cantidad deseada. De la zona de artículos de limpieza adquiero un estropajo con marketing ambiental: está hecho en un 50 % con fibra reciclada postconsumo. 

Y en la misma calle, en un hueco de esquina con la Thompson, me encuentro con The Hub Station. En estos momentos está cerrada, pero se trata del mayor parking de bicis curiosas, patinetes y pedicabs de la ciudad (esos taxis a pedales como los que tenemos en Barcelona, aunque aquí son un poco más rústicos). Por las crónicas de Carlos Fresneda recuerdo que quien gestiona el negocio es un fanático de los pedales, que anda innovando sobre el patinete y que anima, en las temporadas más calurosas, el parque móvil sostenible y a pedales de Manhattan.

Se me acaba el tiempo, y me bajo en metro hasta la nombrada "zona cero", donde un día cambió el mundo. Mi objetivo es visitar sin saber si está, la exposición del proyecto ganador que se va a construir en el lugar. Leí días antes su nombre: Torre de la Libertad, que se levantará 541 metros sobre el solar del World Trade Center y será el edificio más alto del mundo. Mi interés estriba en verificar el dato leído y emocionante sobre los aspectos ambientales de esta construcción. En la parte superior de la estructura se instalará una red abierta de aerogeneradores para aprovechar y convertir en energía limpia hasta el 20% del consumo energético que necesitará el edificio. 

También hay algo en mi lista que no voy a poder tachar, y es la información de

Green Guerrillas, la organización de defensa de los huertos y jardines urbanos creados por la gente de los barrios desde hace ahora 30 años, sobre el proyecto presentado por ellos para el ajardinamiento de la zona Memorial del recinto. Su idea es la de que una parte sean huertos urbanos, para mí él más interesante símbolo de unión de la gente con la tierra.

Salgo de la ciudad en metro. Por el puente de Williamsburg sobre el rio Este, entre las vigas, los visibles rascacielos de la Gran Manzana quedan cada vez mas lejos. De golpe y justo a mi lado, algo así como un predicador viajante, con biblia en mano, comienza a gritar no sé qué. Dura poco y se calla.

Un taxista puertorriqueño me recibe cordialmente; durante más de media hora no me deja abrir la boca, me cuenta su vida personal: mujeres, dólares por todos lados y una hija desaparecida en manos de un traficante, me deja atónito. Eso sí, justo antes del desvío clave, acaba la película y me pregunta por la terminal, respiro al decirle la número 8. Me cobra dos dólares más de lo pactado y me desea buen viaje. Los taxis son increíbles en todas partes.

Me espera un largo viaje, más de 6000 km y una noche corta. Despegamos cuando en Barcelona son casi la una del día siguiente.


¿Porqué éste diario?