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Ser ecologista nuclear es como ser cura pederasta

  
 

Este símbolo no se inventó para advertir que la radioactividad es un chollo para la buena vida.


 

Si hace más de 30 años que se advierte en todos los idiomas sobre el peligro nuclear no es por capricho de postín.


 

Si existen las centrales nucleares es por razones militares ya que además de energía entregan el plutonio, combustible para las armas atómicas.


 

Las centrales nucleares dan puestos de trabajo, como las fábricas de armamento. Pero eso no da razón moral ni socioeconómica para legitimar las guerras.

 
 

Cada vez hay más personas dispuestas a ser consecuentes a favor de una sociedad que camina hacia la sensatez ecológica, invirtiendo en las tecnologías de menos impacto.

 

La industria nuclear hace aguas en todo el planeta, simplemente porque no es rentable y porque conlleva riesgos tan espeluznantes que ninguna entidad de seguros está dispuesta a asegurar. Sin embargo, hay que mantener el negocio, al menos el que ya tienen en marcha, el máximo de tiempo. Así que se han lanzado a una verdadera cruzada en los medios de comunicación con físicos atómicos que den la cara en su favor. Entrevistas a páginas enteras para que estos personajes descarados siembren dudas violando el raciocinio más elemental. Y es que con dinero todo se puede, incluso encontrar periodistas que digan, después de entrevistar al personaje: "Para seguir chupando vatios para nosotros y nuestros hijos.. lo consecuente es asumir un ecologismo nuclear". En realidad, es un oxímoron o, más bien, una desviación moral. Iberdrola, Endesa, Unión Fenosa, utilizan el poder de la publicidad para colar sus panfletos a favor de la energía que defienden.

Nadie se aventuraría a la inversión de una central nuclear sino está avalada por el Estado, porque saben que no es rentable. Pero debemos recordar que estamos en un mercado liberalizado. La última experiencia europea, la central de Olkiluoto-3 es un drama financiero. Incluso los políticos finlandeses que apoyaron el proyecto, ahora lo miran con inquietud. Pero lo importante, como en todo debate, es disponer de personajes descarados que digan lo que nadie en su sano juicio se atrevería y, además, con todo el descaro, algo que a juzgar por los reality shows televisivos funciona y engancha a la gente. De eso se trata.

Un par de libros han salido de las imprentas para intentar desviar la atención sobre el concienzudo análisis de la obra El espejismo nuclear. Lo hacen argumentando una posición inmoral, propugnando una contradicción: ser ecologista nuclear. Algo insólito, pero de esto se trata, de polemizar al estilo reality show. Por ello, los autores de estos libros que propugnan un "ecologismo nuclear" se lanzan a ver quién la dice más gorda: que “lo único que emite una central nuclear es vapor de agua y te contaminas más si fumas un cigarrillo en la puerta de una nuclear”. O sea, que la radioactividad no existe o que “los actuales sistemas de seguridad hacen inviable cualquier fuga”. En otras palabras, que la multa por la fuga radioactiva de Ascó, a pesar de ser una nimiedad en términos económicos, es un capricho del gobierno.

Como vendedores de mantas, este par de ecologistas nucleares que son encumbrados en todos los medios gracias al poder de la publicidad de las eléctricas, primero argumentan que sólo "su producto" es el bueno: "la energía nuclear es la única que puede proveernos de toda la electricidad que necesitamos sin costes ambientales" (que pregunten a los afectados de Chernobil) y a continuación sueltan pestes contra todo lo que no sea “su producto”. Por eso, afirman que “una central térmica suelta más radioactividad que una nuclear”. Entonces, la cuestión es que niegan primero que emita radioactividad, pero luego que sí. ¡¡¡En qué quedamos!!!. Y luego, van contra las renovables: que si es discontinua, que si etc., y lo rematan con aquéllo de que para tener la potencia de una nuclear se necesitan 2.000 aerogeneradores de 1 MW, lo cual afirman que sería una formación de aerogeneradores continuada entre Barcelona y Sevilla. Pues resulta que en España, en el año 2008, se alcanzaron los 15.145 MW en aerogeneradores y todos ellos aportan ya el 10 % de las necesidades de electricidad. En Catalunya, sustituir toda la potencia nuclear por aerogeneradores de 3 MW sólo ocuparía un máximo de 1.000 km2, menos de un 3 % del territorio (aunque tampoco se trata de eso, claro está, sino de apostar por una política a favor de las renovables).

Pero la gran amenaza que lanza la industria nuclear está también muy gastada. Advierten que sin sus centrales de energía nuclear no podríamos tener el nivel de consumo de la electricidad actual. Pero las nueve centrales nucleares españolas sólo aportan un 18 % de la electricidad y, además, ha habido momentos en que han estado paradas hasta el 40 % de las mismas y no ha pasado nada. Pero la miopía más gorda de los nucleócratas es que nos quieren vender que el uranio, el combustible de las centrales nucleares, es casi como el carbón o el gas, que basta con extraerlo y a funcionar. No nos dicen que para obtener 1 kg de uranio 238 fisionable (que no es la forma en que se encuentra en la naturaleza) hay que extraer miles de toneladas de uranio virgen que luego hay que tratar y que todo el proceso conlleva una huella de carbono nada despreciable. Los países con minería de uranio son pocos y el impacto de esta actividad sobre la naturaleza y los pueblos circundantes son de pura denuncia.

 

 

Estos ecologistas autollamados nucleares son asimilables al colectivo de los curas pederastas. Son profesores universitarios, investigadores del tema. O sea, que estos ecologistas nucleares –por sus conocimientos sobre la naturaleza de la fisión– deberían ser los más conscientes del riesgo que entraña y, en cambio, se lanzan sin pudor alguno sobre una sociedad inocente para saciar su ego. La implantación de la industria nuclear es un drama planetario que la historia juzgará como la mayor imprudencia tecnológica del siglo XX. Los casos de irradiación en las fugas dentro de las centrales atómicas se solucionan con el traslado del personal, con el silencio y los matices de expertos a sueldo de los organismos que deberían tutelar los desmanes, pero que, como hace el Consejo de Seguridad Nuclear, se lo toman con poca seriedad, a juzgar por cómo han gestionado los últimos incidentes (menuda perversidad semántica) del viejo parque nuclear español. Por suerte, al igual que los curas pederastas, los ecologistas nucleares son la excepción que confirma la regla en una sociedad que es más buena de la que nos la pintan cada día, en aplicación de las técnicas del shock.

Nos queda, finalmente, la tranquilidad de que sus afirmaciones no se sustentan en argumentos sólidos. Lo sólido son las energías renovables, la eficiencia energética y, sobre todo, la suficiencia. Sólo en los hogares españoles se malgasta hasta un 20 % de la electricidad en standby y aparatos ineficientes. Pero lo increíble es que, además, disponemos de medios para compensar parte de la energía eléctrica consumida fabricada directamente en nuestros hogares con energía solar fotovoltaica. Ésta es la apuesta de la Guerrilla Solar, que con un solo panel de 120 Wp permite que se pueda compensar hasta 140 kWh/año, o sea, alrededor de un 10 % del consumo doméstico de electricidad personal. Armas para luchar contra la dictadura energética las tenemos, pero es evidente que las grandes compañías del sector no facilitarán la democratización de la red.

Ahora hacen falta políticos que apuesten por el futuro. Que si Obama alaba el milagro renovable español, aquí no deben dejarse convencer por los infiltrados de las eléctricas en el gobierno para seguir derrochando vatios y exponiéndonos al peligro de no aprobar un calendario de cierre de las nucleares que pasan de los 40 años. Los políticos deben valorar que hay informes que, sin cambiar la tendencia de consumo eléctrico, permiten augurar un país con renovables al 100 % para el 2050. Pero todo este ruido es por intentar evitar el cierre de la cafetera de 450 MW de Garoña, convertida en símbolo de la resistencia nuclear. Eso sí, mientras, a Ascó les ha caído la multa más alta jamás impuesta a una central atómica. Lo que ningún medio ha dicho es que esta supuesta astronómica cifra de 15,39 millones de euros corresponde sólo a la venta de la electricidad de 8,55 días. Tal como lo lees: según la coordinadora Tanquem les Nuclears, el día en que se hizo pública la multa a Ascó (11 de mayo de 2009), el precio del mercado de la electricidad era de unos 0,0367 €/kWh. Eso significa que el importe de 15,39 millones de euros sería equivalente a 419.346.049 kWh generados. Si dividimos éstos por la potencia conjunta de los dos reactores (2.044 MW), salen 205,16 horas o, lo que es lo mismo, 8,55 días. Cuando un funcionario hace una ilegalidad, el gobierno le suspende de sueldo mínimo entre uno y tres meses. Para ser una multa medio desincentivadora, como mínimo debían haber multiplicado por 10 la punición, o sea, unos 150 millones de euros, y dedicarlos a la promoción de las renovables en el sector doméstico. O sea, que no ha sido más que una minireprimenda, pero vestida para impresionar al público.

En fin, si todavía tienes dudas, lo mejor es hacerse antinuclear, campaña que han firmado más de 50 mil ciudadanos. En cambio, de ecologistas nucleares sólo los hay a sueldo de la patronal del sector. Una patronal que ahora está bien cebada, porque sus centrales están amortizadas y pagadas por todos, con lo cual el negocio que generan es bestial y eso explica su defensa numantina del chiringo. El problema es que frente a un desastre nuclear (porque ya no invierten en seguridad) tampoco ellos se salvarán de la radiación, a pesar de que el otro ecologista nuclear del país afirma que se "bañaría tranquilamente en la piscina donde guardan el uranio gastado". Lo suelta con rabiosa alegría, ignorando que mantener nuestros residuos de la desmontada central de Vandellós-1, que están en Francia, cuesta 60.000 euros al día del erario público. Si todo es tan sencillo y saludable como estos desvergonzados físicos atómicos a sueldo airean, ¿por qué el CSN no autoriza a repartir un poquito del combustible nuclear gastado por todos los hogares españoles y, en compensación, el Gobierno nos da a los custodios radioactivos la astronómica cifra que se paga a los franceses por lo que nos cuesta la gestión de los residuos radioactivos?. Seamos serios, porque la radioactividad mata y, por el momento, llevamos más de 50 años sin saber cómo estabilizar los residuos radioactivos acumulados.

Bueno, si vas a ser ecologista nuclear, tomatelo con radiaoactividad, pero no es más saludable ni ahora ni en el futuro, como sí que lo es apostar por la sensatez energética. Si crees que los medios de comunicación te están tomando el pelo, infórmate sobre el tema, que literatura no falta, muy a pesar de Lovelock, que de ecologista tiene tan poco como yo de científico. Aunque si quieres ser práctico en tu vida cotidiana, lo que deberías practicar es la objeción electronuclear.

actualizado: 
15/05/2009