Ciudadanos de la Tierra



 

 


Ciudadanos de la Tierra

Título original:Ciudadanos de la Tierra
Autor:
Joaquín Lorente
Editorial: Ediciones Folio
Año de publicación: Barcelona, 2004



Ciudadanos de la Tierra
Un gurú del consumismo se arrepiente, pero no convence, aunque entretiene

A veces hay que dar una oportunidad y saber ceder un poco. En un país que se editan miles de libros anualmente, escoger significa no sólo dejarse seducir por un título, una temática o un autor. Hoy la lectura es un compromiso con nosotros mismos por el tiempo que invertimos descifrando las letras encadenadas a las páginas. Los recursos empleados para poder aprender, disfrutar o relajarnos con un libro no nos pueden ser ajenos. Demasiado a menudo prescindimos de la coherencia de nuestras actitudes personales seducidos por algo que nos emociona pero que no es real.

Ciudadanos de la Tierra como su título indica nos incita a abrirnos a una nueva realidad por un mundo mejor aunque sea a través de la ficción de una novela. Sin embargo, ya con el libro en las manos y antes de decidir su adquisición uno debe enfrentarse a un dilema. Su autor, Joaquín Lorente, como reza en la portada ha entregado más  de 40 años de su vida a la publicidad y ha sido creador de grandes marcas mundiales, a parte de asesorar a políticos como Felipe González, Jordi Pujol o Pasqual Maragall. En la contraportada se nos invita a unirnos a los cada vez más que piensan que el mundo tiene que cambiar. Y cuando ya averiguas que la novela es una trepidante narración en la que los personajes a través de un gran movimiento virtual por Internet cambian la democracia, en definitiva, cambian el mundo… uno no puede sino quedar confuso ante la inusitada sinceridad.

Ciudadanos de la Tierra, sólo puede entenderse como la redención de alguien que ha sido un maestro, y todavía lo es, en colarnos a través de la publicidad (eufemismo a menudo de manipulación de sentimientos y comportamientos) el consumismo que nos devora el cerebro para continuar siendo protagonistas en la orgía destructora de la vitalidad planetaria. Sólo pensando en que el autor pretende redimir su culpabilidad sociopolítica uno puede ponerse bajo el brazo el libro de Lorente. Superada esta primera impresión uno puede dejarse seducir por la ficción política y entretenerse ociosamente.

Cinco personajes, de países diferentes de la Unión Europea, en el 2027, justo a un año de celebrarse los primeros comicios para elegir el Presidente de una Europa con poder político y ejecutivo sobre toda la Unión traman una pequeña utopía basada en cambiar la democracia a partir de la globalización de la alimentación, la sanidad, el conocimiento y la justicia. Para ello desarrollan una web donde cuelgan el “Manifiesto a los Ciudadanos de la Tierra” con el lema de que “si nos unimos, el 12 de diciembre (día de las elecciones a la Presidencia de Europa) cambiaremos el mundo. El Manifiesto en si es una invitación a que los votantes se apunten a cambiar la regla de juego de los políticos y utilicen su voto para “valorar” el cumplimiento o no de sus programas políticos”. Entre la principal herramienta para conseguirlo es que los votantes que valoren la propuesta de Ciudadanos de la Tierra entreguen su voto al partido que incluya en su programa electoral la reforma de la Constitución para que se rija en lo que llaman Democracia Filtrada que consiste en que las elecciones se convoquen anticipadamente si el Gobierno si comparando lo prometido con lo conseguido no llega a los 85 puntos sobre 100.

En esta utopía política (formulada ya hace años de que los programas electorales sean en realidad un “contrato” con la sociedad que los elige) se inmiscuirán los servicios secretos, las pasiones políticas, los asesores de imagen y algo de sexo oral. En fin, elementos básicos para que la intriga a lo largo de un solo año en el futuro consiga atrapar al lector. Se agradece que el editor haya querido reforzar la credibilidad del autor y de los propios personajes colocando al final del libro el texto completo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. De hecho, es imprescindible su lectura cuando la utopía en 474 páginas se ventila en las pantallas televisivas de un reality electoral con 12 asaltos.

La estrategia de los personajes para que su web Ciudadanos de la Tierra consiga millones de adeptos al Manifiesto son, sin embargo, del siglo XX: un himno de la mano de una cantante emergente con letra preconciliar y una intervención estelar en el Magazine de éxito de la televisión europea. Realmente, escribir sobre el futuro es tan arriesgado que pocos autores pueden superar el paso del tiempo como Jules Verne.

Lamentablemente, su autor puede seducirnos con su capacidad para moldear el político perfecto de hipopótamo a esbelto corcel negro. Pero hace aguas como conocedor de las verdaderas visiones alternativas a nuestro mundo que aportan organismos generalistas como el Earth Policy Institute u otros más específicos como el Rocky Mountain Institute, la Fundación Vandana Shiva, etc.

De una novela de política ficción para “cambiar el mundo” aunque sólo sea para entretener utópicamente, uno esperaría una documentación más fiable sobre los temas que aborda. Lamentablemente no es así. Sólo en el ámbito de la alimentación las propuestas que formula el personaje John Standson, que vende alimentos al Tercer Mundo a bajo precio, no hay mención alguna a la agricultura ecológica o la no contaminación por fertilizantes y plaguicidas o a la implantación de sistemas de riego eficientes, etc. En cambio, se proponen acciones tales como perforar pozos para extraer las aguas profundas (que se lo cuenten a los pobres de Bangladesh que el agua de pozos profundos les está envenenando con arsénico).

A medida que uno se adentra en la historia se da cuenta que los personajes no viven sus convicciones más allá de ir “sumando adeptos”. La trama no ha sido diseñada para soñar realmente un cambio en las reglas de la democracia. Si uno aborrece la globalización, lee habitualmente Le Monde Diplomatique, se entusiasma con Noam Chomsky o Noemy Klein y se deja seducir por la el eslogan del libro de “cambiar el mundo”, se dará cuenta  que el “pragmatismo es el tren de aterrizaje de los sueños” y que el autor no engaña cuando revela que tras su jubilación en el 2003 su deseo es el de escribir “un eterno deseo comprimido”. Lorente conoce a la perfección cómo se manipula o se forja una imagen política en democracia, la erótica del poder y como la “suerte es el azar aprovechado”. Los asesores políticos de la novela, de la no menos sincera empresa de nombre pletórico, la Big Power and Partners, no son ficción ni fruto de una concienzuda documentación. En realidad son vivos y densos y llegan a salirse del libro porque sin duda los aporta alguien que ha sido un profesional en la materia y lo ha vivido en su propia piel.

No olvidemos que Lorente ha sido amante bien dotado con el sistema que nos mantiene mansos políticamente y abducidos por el consumismo, las hipotecas, el trabajo temporal y el ocio. El libro ya se anuncia en su segunda edición. Merece el reconocimiento de thriller sociopolítico de ficción para pasar las horas mientras el paisaje se deshilacha a través de las ventanillas del tren, pero merece la reprobación por su incoherencia. Por el momento, como himno terrícola rockero hay que conformarse con la Earth Song del blanqueado Michael Jackson. Con ella quizás podamos llegar a la de una María más progre en el 2027.

En resumen: despojado de toda pretensión heroica y salvadora y renunciando al sueño de cambiar el mundo, Ciudadanos de la Tierra puede ser una alternativa de lectura ociosa. Nuestra utopía es que si continua editándose al menos lo haga de forma que ahorre recursos naturales o sea “un libro amigo de los bosques”.



Canviat
09/02/2017

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