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Vivir sin tóxicos

Tener la casa y la ropa limpia es una buena costumbre higiénica para prevenir plagas, enfermedades, etc. Pero limpiar en esencia es eliminar patógenos (ácaros, microorganismos, etc.) y evitar la deposición de partículas. El auge de la química de síntesis en los años cincuenta   propició la aparición de la industria de la limpieza doméstica. Aparecieron decenas de artículos para “limpiar”. Pero los productos de limpieza de cada día esparcen sustancias químicas cuya inocuidad para los seres humanos no siempre está garantizada. El resultado es que higienizamos nuestro hogar pero incorporamos sustancias químicas de presunta toxicidad en nuestro cuerpo y causamos un impacto en el entorno acumulando en el mismo contaminantes de los cuales no siempre sabemos sus efectos reales.

Una muestra de gama de productos para la higiene del hogar ecológicos y libres de tóxicos.

La industria de la limpieza del hogar mueve, según datos estadísticos de nuestro país, casi 3.000 millones de euros. Este importante desembolso familiar cifrado en casi 170 euros por hogar alimenta una industria que emplea sin remilgos sustancias químicas para las cuales se acumulan decenas de estudios que advierten de su toxicidad como los parabenes, el bisfenol A, ftalatos, etc. En resumen que estos productos de limpieza incorporan sustancias que constituyen un problema para el medio ambiente. Algunas de estas sustancias son neurotóxicas, otras disruptores hormonales, irritantes, alérgicas, etc. Nuestro hogar es un paraíso de venenos. 

Portada del libro publicado por RBA de Elisabet Silvestre.

El libro Vivir sin tóxicos analiza esta realidad pero advirtiendo que el concepto tóxico o venenoso actual no es el de sustancias que matan o nos causan un perjuicio inmediato. El concepto de toxicidad actual está relacionado (salvo algunas sustancias muy concretas que son letales o realmente ponzoñosas) con sustancias químicas que se van acumulando en nuestro organismo y que no provocan un aparente daño hasta que la dosis acumulada llega a un determinado umbral. Este umbral además es diferente para cada personal, por lo cual la toxicidad de muchas sustancias que están en el mercado es difícil de demostrar de entrada.

Pero, la realidad nos advierte a través de las personas enfermas de la Síndrome Química Múltiple que nuestro hogar es el principal causante de muchas de las patologías que sufrimos por el número de horas que pasamos en el. Así que liberarse de los tóxicos en el hogar es una recomendación para prevenir riesgos de salud. Despertarse cansado, tener falta de energía durante el día, problemas respiratorios o digestivos pueden deberse simplemente a una acumulación de sustancias químicas en nuestro cuerpo que sin causar un perjuicio evidente merman nuestra salud. 

Vivir sin tóxicos de Elisabet Silvestre, es un manual imprescindible para entender como hemos llegado a convivir con un sinfín de elementos tóxicos, pero sobretodo para localizar estos con el fin de eliminarlos. La autora del libro defiende que más que librarse de los productos químicos debemos disminuir su uso y utilizar alternativas (que las hay) que no dispersen tóxicos en el entorno. Por esto es un libro eminentemente práctico y destinado a promover pequeños cambios en nuestra vida cotidiana a partir de los numerosos consejos que nos aporta. No es por tanto un libro alarmista sino todo lo contrario, un estímulo para que seamos más conscientes de lo que usamos diariamente en nuestra primera y segunda piel y de cómo otras contaminaciones como la electromagnética, las radiaciones naturales o los materiales de construcción y decoración (iluminación incluida) nos pueden afectar. 

Los alimentos que escogemos determinan la calidad de nuestra salud. 

El libro nos introduce inicialmente en el concepto de la carga tóxica corporal y la bioacumulación, la tolerancia y otros que debemos conocer para aprender a convivir con los tóxicos ambientales pues estos permanecerán en nuestro entorno. Luego ya se adentra en las opciones y hábitos para una vida saludable con consejos prácticos para aprender a cambiar de costumbres en diferentes ámbitos. Primero escogiendo un buen sitio para ubicar nuestra morada, después priorizando el respirar un aire sano en el hogar, luego en proteger la piel con cosméticos naturales, la calidad de las fibras textiles de la ropa con las que nos cubrimos. A continuación se adentra en la problemática de los alimentos, ya que somos lo que comemos y sobre todo también como los cocinamos (que tipo de cocción y utensilios empleamos). Finalmente, nos instruye sobre las radiaciones de alta frecuencia (móviles, tecnologías inalámbricas, etc,), la calidad de la iluminación artificial para favorecer la salud y en general a la prevención de la contaminación electromagnética en el hogar.

Vivir sin tóxicos es claramente un manual más incisivo que el libro Casa saludable también de Elisabet Silvestre junto con Mariano Bueno y destinado a ser un libro de consulta por la gran cantidad de informaciones, todas ellas bien documentadas, que nos aporta. Además este libro suma el testimonio en el prefacio de Francisca Gutiérrez, una afectada por el Síndrome Química Múltiple (enfermedad rara pero que estigmatiza a sus afectados) y del Dr. Joaquim Fernández Solà, uno de los profesionales de la salud pública de este país que se ha especializado en las enfermedades ambientales. En su prólogo advierte que “nosotros y el medio ambiente somos dos realidades que están íntimamente relacionadas. Como seres vivos no somos inertes, sino que tenemos una interacción constante con nuestro entorno”. Por esto no es extraño que “la contaminación química ambiental va incrementándose, con numerosos agentes activos que contaminan la cadena alimentaria… muchos de estos agentes ambientales actúan como disruptores endocrinos y provocan alternaciones en la regulación metabólica, energética y homeostática corporal e induce nueves enfermedades siquiera contempladas.

El lugar en el que se implanta nuestro hogar, la calidad de sus materiales constructivos y los elementos del mobiliario y decoración pueden contribuir a vivir sin tóxicos.

La autora de Vivir sin tóxicos ha estado años en los laboratorios y hospitales haciendo investigación y diagnóstico genético y luego empezó a trabajar en salud ambiental, por tanto es una gran conocedora del tema. Pero lejos de transmitirnos una idea apocalíptica nos incita a que con nuestros tiempos y sensibilidades nos cuestionemos sobre los productos que usamos en nuestro hogar para que este sea realmente un lugar libre de tóxicos y un buen espacio para nuestra regeneración anímica y biológica. Un libro que nuestra salud agradecerá y un regalo para contribuir a la necesidad infinita de mantener un medio ambiente limpio. 

Desde un punto medioambiental, apostar por usar ingredientes menos dañinos es la opción de Vivir sin tóxicos ya que además las sustancias químicas que albergan los productos de limpieza terminan acumulándose en nuestro cuerpo y en el medio ambiente. Mientras, la industria de los productos de limpieza está reflexionando y apostando por el uso de componentes químicos menos nocivos. La ecoetiqueta europea y los detergentes naturales se abren paso, incluso en las grandes superficies. Tan sólo debemos mirar las etiquetas de los productos que compramos y seleccionar alternativas menos tóxicas que no tienen porqué ser más caras. Esta es la propuesta de este manual más que recomendable.

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Artículo elaborado por el equipo de redacción de terra.org. Fotos: Fundación Tierra.