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En territorio atómico por el cierre de las nucleares

Ascó, 24 de enero de 2010. La fractura entre el mundo rural y el mundo urbano ya tiene su oximorón: el territorio. El término territorio se ha convertido en la expresión de algunos colectivos que defienden los valores tradicionales y un rechazo a todo lo que comporte sensatez ecológica y solidaria. El discurso a favor del territorio está escorado en la defensa del paisaje para liberarlo de lo que nos daría autonomía sostenible: las renovables. El ideal del territorio está arriagado tanto en las comarcas pijas como en las más desatendidas. Aunque es cierto que a menudo es en el territorio donde acaban ubicándose instalaciones (como fuera del mismo, metrópolis incluidas) estas puede a veces que hipotequen a toda un país. El caso más preocupante es el de las centrales nucleares. Pueden estar ubicadas en cualquier territorio pero nos afectan a todos/as. De ahí que, en lo referente a algo que hipoteca a varias cientas o miles de generaciones humanas, no sólo compete a los lugareños sino que debe implicar a toda la ciudadanía.

Los secretarios geneales de Iniciativa per Catalunya-Verds, Joan Herrera y de Esquerra Republicana, Joan Puigcercós al frente de la macromanifestación en Ascó el 24 de enero de 2010.

El concepto que engloba el término territorio es tan políticamente incorrecto como lo puede ser el de disminuidos físicos, pero ahora, en todos los conflictos ecológicos, los del territorio se presentan como los únicos amenazados. Pero cada vez que en un territorio agraciado con el viento se rechaza un parque eólico perdemos todos porque dejamos paso a las energías sucias. Pero, cuando en un territorio donde por imposición de la dictadura militar española le cayeron 4 centrales nucleares (hoy 3, porque una, la de Vandellós 1, por poco acaba en catástrofe el 19 de octubre de 1989 y se cerró) merece la solidaridad de los que sin ser del territorio somos también sus víctimas potenciales. Y más si se trata de la treta de un contubernio que implica a un alcalde, de Convergencia i Unió (partido que apoyó en el Parlamento catalán no aceptar un ATC), que es empleado de la central nuclear, y lidera en contra de la mayoría de los vecinos la apuesta de ser candidato a albergar el peligroso cementerio nuclear nuclear que propone el Gobierno de España.

El conflicto del llamado ATC o cementerio nuclear centralizado ha levantado una verdadera guerra política atómica. Con la pasta a raudales anunciada por el ministro Sebastián los candidatos de los municipios nuclearizados luchan por llevarse el tesoro radioactivo. Creo que en la lucha ecologista antinuclear la cuestión no es ser contrarios al ATC sino ser responsables y luchar conjuntamente todas las entidades implicadas para exigir primero que nada un calendario de cierre de las nucleares y a continuación apostar por los Almacenes Temporales Individualizados (ATI) en seco en las propias centrales nucleares. Esta es la medida más segura, la que permite seguir invirtiendo en la vigilancia radiológica cuando las centrales lleguen al fin de su diseño y sobretodo, la que evita los peligrosos transportes y el riesgo que conlleva mover centenares de contenedores con residuos de alta actividad miles de kilómetros. Pero, el Gobierno español, inspirado en una instalación holandesa diseñada para una sola central nuclear lo quiere implantar para las 9 centrales nucleares que tarde o temprano habrá que cerrar irremediablemente. La propuesta del ATC no sólo ahora pone en el candelero la pugna vecinal sino que supondrá la construcción de una instalación militarizada como por ahora nadie puede imaginar.

No al cementerio nuclear.

En fin, la cuestión es que hoy se convocaba en el pueblo de Ascó una manifestación cívica para expresar el rechazo popular contra la idea del consistorio de Ascó a presentarse como candidato para albergar el cementerio nuclear centralizado o ATC. Convocada por la Coordinadora Anticementerio Nuclear de Cataluña (CANC) y decenas de otras organizaciones cívicas, esta ha recibido el apoyo de los partidos políticos de Esquerra Republicana e Inciativa per Catalunya-Verds. Ambos partidos, actualmente son socios del gobierno tripartito de la Generalitat de Catalunya del presidente Montilla del Partido de los Socialistas de Catalunya. El caso es que fue Montilla quien siendo ministro de industria del Gobierno de España fraguó la idea del ATC. José Montilla, ya en aquel momento manifestó que quería esta instalación para Cataluña (¿qué tendrá de lujurioso la radioactividad?). Resulta irónico que el ahora presidente del territorio catalán y tan preocupado por el Estatut le importe un rábano la solidaridad radioactiva al querer ser depositario de los residuos atómicos más peligrosos de toda España. Pero supongo que la política cada vez es más incompetente o quizás más subversiva en contra de los intereses de la ciudadanía.

Las centrales nucleares son un problema grave ligado a los intereses de la era de la Guerra Fría en los que muchos aspiraban a tener su propio arsenal militar atómico. Y el Generalísimo Franco no fue una excepción, aunque no lo logró; nos dejó, sin embargo, una lamentable herencia en forma de unas instalaciones cuyos residuos peligrosos seguirán siendo un problema ecológico de primera magnitud durante siglos. Así que resulta casi un insulto que en pleno siglo XXI, la insensatez atómica encuentre todavía eco en los miembros de un gobierno que se califica de izquierda o progresista. Olvidándose que lo progresista es la eficiencia, el ahorro y las renovables. Un gobierno que ha puesto la semilla de la discordia una vez más entre la ciudadanía de los ya maltrechos pueblos nucleares.

Los responsables del Ayuntamiento de Ascó que apoyan hipotecar el futuro del pueblo en contra de la opinión de sus conciudadanos.

Lo he observado en Ascó, donde por la calle, trabajadores de la central nuclear con chapas de "SI al ATC" y los que habían participado en la magna manifestación se insultaban en plena calle. Pero, la política de hoy no es más que la tiranía ilustrada cuando los votantes no están de acuerdo con las decisiones de sus políticos. Y es que la política -aunque no es nuevo- no es la defensa de lo colectivo sino de la mano que da de comer. Y en un pueblo como Ascó, la central nuclear es el equivalente a padre-patrón.

Varias miles de personas concentradas en la plaza central de Ascó y calles adjuntas, se han manifestado pacíficamente clamando para que este ayuntamiento retire su intención de presentar al pueblo como candidato al cementerio nuclear centralizado. La convocatoria de los antinculeares es sin duda un gran éxito sobre el territorio, pero al fin y al cabo, una prueba de que el discurso del NO, es inconsistente. Un discurso que rechaza a menudo la visión solidaria de los que no son del territorio y apuestan por una lucha más práctica: no se puede abordar un problema sin detenerlo. Porque la cuestión clave es luchar contra el cierre de las nucleares.

Santiago Vilanova en plena emocionada arenga, junto a Xavier García autores de la crónica del combate antinuclear en Catalunya. Vilanova destacó la implicación militar de la nuclearización franquista que implantó el modelo energético radioactivo.

No se puede plantear una política de residuos radioactivos si no hay previamente un calendario de CIERRE de las NUCLEARES. Porque es como querer practicar una transfusión de sangre sin detener primero la hemorragia. Y porque al plantear la idea de que la transfusión es la salvación (un cementerio centralizado para los residuos radioactivos) nos olvidamos de la realidad de la hemorragia que nos está matando (el modelo energético nuclear). De ahí que el problema no es el cementerio nuclear centralizado. La cuestión es que esta opción es sólo una solución de transición para dar tiempo a ver si encontramos una solución para deshacernos de la basura radioactiva de alta actividad generadas por estas nueve centrales nucleares españolas funcionando hasta el final de su diseño. Una solución que no podrá ser la de exportar los residuos radioactivos a alguna zona recóndita fuera de nuestras fronteras (hubo una época en que se arrojaron irresponsablemente al fondo del océano) sino asumir la responsabilidad colectiva de aceptar el riesgo por permitir con nuestro recibo eléctrico las centrales nucleares que privatizan los beneficios y socializan las pérdidas y los accidentes (por esto no hay compañía de seguros que asuma el riesgo atómico).

Miles de ciudadanos concentrados contra la idea del cementerio nuclear centralizado en la abarrotada plaza de Ascó

En el baño de masas en Ascó había ciudadanos de todas las edades y de toda la comarca (más de 60 municipios y todos los organismos comarcales de la zona han expresado su rechazo unánime). Y también estábamos algunos de los de fuera del territorio que pensamos que hay que luchar por el CIERRE de las centrales nucleares porque mientras estas están operativas las energías renovables no despegarán. No despega la energía limpia porqué sigue invirtiéndose en investigaciones de una forma de energía que por los altos costes de los reactores y su vulnerabilidad los hacen inadecuados para su viabilidad económica.

En fin, una jornada  en la que el baño de masas ha sido obsequiado por un día nublado pero apacible y bordada por el entusiasmo del parlamento de algunos referentes de la lucha antinuclear en la región. Y mientras regresábamos a la metrópolis y en espera de la próxima concentración el miércoles 27 de enero, a les 20 h frente a la sede del Gobierno Catalán en Barcelona me venían a la cabeza las razones de Hermann Scheer para argumentar contra cualquier viabilidad para la energía nuclear en su libro Autonomía energética:

− El problema de agua - las enormes necesidades de agua de los reactores nucleares para la generación de vapor y para la refrigeración compiten con la demanda del agua de una población mundial creciente.

− La mínima eficiencia - el calor superfluo producido por centrales nucleares apenas se presta a la cogeneración de vapor y electricidad. La razón es que la conducción de calor a largas distancias desde grandes centrales eléctricas es muy cara. Es por eso que la energía nuclear es la forma de energía con las peores oportunidades para incrementar su eficiencia.

− La vulnerabilidad al riesgo - en tándem con el riesgo creciente de “nuevas guerras” (las guerras ya no se llevan a cabo entre Estados) existe un aumento paralelo del peligro mundial de terrorismo nuclear - y no sólo de ataques aéreos sobre reactores.

− El plan de negocio energético equivocado - ya que la inversión en centrales nucleares es especialmente intensiva en capital, construyendo estas plantas se choca con la liberalización de los mercados de electricidad y sus períodos de amortización a corto plazo.

− La perspectiva temporal para la disposición final - los desechos nucleares necesitan 100.000 años estando almacenados de forma segura. ¿A la luz de los crecientes riesgos de inestabilidad social, qué sistema político puede proporcionar garantías para un término tan largo?

− Arrastrando la contaminación radiactiva - nadie puede estimar los riesgos a largo plazo que la liberación de radiactividad abriga para la naturaleza y para los seres humanos, aún a pequeña escala. A más centrales nucleares en la operación, mayor el peligro.

Las tierras del Ebro no están en venta.

Hoy nos manifestamos varios miles de ciudadanos en Ascó, hace unos días otros tantos compañeros lo hacían en Yebra (Guadalajara) por el mismo problema: la semilla del diablo plantada por el ministro Sebastián. Un diablo vestido de ministro quien utilizando fondos públicos se permite mercadear con una idea que no tiene futuro: la del cementerio nuclear centralizado o ATC. Habrá que seguir luchando contra esta insensatez que se apoya en la negativa del Gobierno español de aprobar un calendario de Cierre de las nucleares y luego abordar de forma consensuada y responsable la gestión de estos residuos radioactivos de alta actividad que serán altamente tóxicos durante milenios. No hay otro camino. Cuanto antes abandonemos la energía nuclear antes lograremos la autonomía energética de forma sostenible.

Imágenes: Fundación Tierra