Vivir del viento



 

 
Vivir del viento



Vivir del viento
Novela

Alberto Vázquez-Figueroa
Plaza Janés
Barcelona, 2003.



Vivir del viento
Una novela que fomenta el analfabetismo energético

"Vivir del viento" pretende ser una denuncia sobre el fraude de las subvenciones a la energía eólica en Estados Unidos, pero que se le antoja extensible a todo el mundo. Alberto Vázquez-Figueroa teje así su útlima novela como alegato contra la generación eléctrica con el viento. Sospechosamente, el autor pone en boca de los personajes un sin fin de afirmaciones respecto a las energías renovables, y en concreto sobre los aerogeneradores, que pueden calificarse de propagar el analfabetismo energético. Así pues tanto los protagonistas como el argumento son simples títeres de un Vázquez-Figueroa que parece haya escirto esta novela al dictado del lobby nuclear y la industria petrolera.

El argumento de la novela nace de la pretensión de un puñado de actores que pretenden producir una película contra la industria eólica. La novela puede calificarse de alegato contra las renovables pero con engaño. Así mismo aprovecha de forma oportunista el final de la historia para opinar sobre la marea negra causada en Galicia por el petrolero Prestige. A través del protagonista también introduce su solución a la retirada del crudo de las mareas negras vertiéndoles cementos rápidos para netrualizar el chapapote. Los diálogos en todo el libro son muy forzados y con conceptos erróneos pensados para confundir al lector. La novela parece más bién un manual antiecologista, algo que no se espera del Vázquez-Figueroa que escribió el "Agua prometida".

Vivir del viento es una novela discreta que podría calificarse de propaganda para justificar los intereses petroleros de la Guerra de Irak 2003. Aún así, precisamente, por manipuladora esta obra puede resultar útil para debatir el futuro de la energía de un mundo en crisis. Curiosamente, la mayor parte de los argmentos contra la energía eólica vertidos en la novela (que no son verdad) en realidad se pueden aplicar con toda contundencia a las energías sucias.

La potencia de energía eólica instalada en el mundo durante el 2002 fue de 7.227 MW, lo que suposo un incremento anual del 28 %. Con este espectacular crecimiento las centrales de viento en todo el mundo sumarán a finales del 2003 una capacidad de 32.000 MW (equivalente a unas 30 centrales nucleares).

Algunos grupos ecologistas y otros colectivos platean su oposición a los molinos de viento modernos argumentando que destruyen parajes naturales, matan aves y hacen ruido. Es una lastima que no se considere la importancia de estos produciendo energía eléctrica libre de emisiones tóxicas a la atmósfera. Mientras, las centrales térmicas de combustibles fósiles a parte de contaminar el medio ambiente desperdiciaron en el 2001 el equivalente a 27 veces la electricidad generada con el viento para introducir tan sólo 13 veces más de electricidad que la generada con el viento. El día que las energías sucias paguen el precio real del kilowatio el petroleo y la nuclear deberán dar paso a las renovables.

Vale la pena puntualizar también que el kilowatio instalado de una aerogenerador cuesta alrededor de 850 euros/kW mientras que el de una central nuclear cuesta unos 3.600 euros/KW. El funcionamiento medio de una central nuclear es del 78 % mientras que en un parque eólico se estima en tan sólo un 27 %. Eso significa que el precio real de la central nuclear sería de 4622 euros/kW y el de la eólica son unos 3125. La construcción de una planta nuclear exige unos 10 años y la de un parque eólico equivalente de 2 años. Los residuos radioactivos de la central nuclear van a suponer un peligro durante un milenio mientras que los aerogeneradores pueden ser retirados y reciclados en cualquier momento. No deja de ser curioso que ningún novelista se atreva a tejer una novela de denuncia con la estafa nuclear que engulle nuestros impuestos desde hace lustros.

Lamentablemente, la ignorancia energética expresada en esta novela no favorece a la implantación de las energías renovables. Y por ahora el único fraude millonario energético es el de las centrales nucleares que para pagar la deuda contraida todavía pagamos un impuesto especial en nuestro recibo eléctrico. Las respuestas a los interrogantes de esta novela no se encuentran en el viento.



Canviat
09/02/2017

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