Ciudades marinas, la loca utopía

Sea City (Ciudad marina) fue un proyecto que se imaginó a finales de los años sesenta. En aquel entonces habíamos llegado a la Luna (o eso nos hicieron creer) y estábamos llamados a conquistar definitivamente la Tierra (domesticarla como hicimos con otros seres vivos). Un equipo de arquitectos de una empresa de vidrio, la Pilkington Glass y su comité  Age Develpoment Comitee proyectó construir mar adentro una isla artificial con viviendas para albergar hasta treinta mil personas. La idea de esta Sea City llegó a España de la mano de una revista de divulgación tecnológica.

Imagen del proyecto desarrollado entre 1955 y 1968.

Rescatamos el artículo (lo puedes leer en PDF) publicado en España en 1969 donde se dan todos los detalles del proyecto de Ciudad Marina. Este artículo histórico nos permite evidenciar que la imaginación no tiene límites y que locura tecnológica a la que puede llegar la mente humana cuerda es infinita. 

La llamada Sea City se debía ubicar a varios kilómetros de la costa de fomra que para ir y venir de tierra firme a la isla-ciudad se debían utilizar aerodislizadores o helibuses, embarcaciones electropropulsadas o acuobuses y así se detallan un sin fin de otras ideas con nombres "futuristas". Una ciudad en la que, por ejemplo, también se imaginaba que alimentaría en parte a sus habitantes gracias a una gran balsa de media hectárea para criar peces que produciría hasta 5 toneladas de pescado. 

Sólo el inicio del artículo es prometedor: "En un futuro ya previsible se hará absolutamente necesaria la explotación de los grandes océanos del mundo, que cubren conjuntamente el 75 % de la superficie d ela tierra, con vistas a obtener no sólo alimentos, sino también espacio para ubicar instalaciones industriales y viviendas que alberguen permanentemente a parte de la creciente población mundial...".

Pongamos atención que en este párrafo se daba por implícito que la población mundial no tenía fin y que por tanto no cabríamos en tierra firme y que habría que ubicarse en el mar y que los recursos naturales en tierra firme se habrían agotado por lo cual era el mar nuestra salvación ya que "en él hay disuelto todos los minerales que precisamos para vivir". 

Todo el árticulo está lleno de ideas que su lectura hoy en día nos permite reflexionar abundamente; no sólo sobre los límites de la tecnología, sino también de como la falta de límites es la base de los problemas socioeconómicos y ecológicos. Pero también es curioso señalar que cuando el futuro se pretende construir en base a las proyecciones de tendencias del presente, este se desdibuja. Porque la vida sigue su propio destino y ajena a lo imaginamos los seres humanos. La Tierra tiene también su propia vida y la civilización humana es más frágil de lo que queremos admitir. Sólo hay que pensar en tragedias como la de Fukushima y otras parecidas (en países de alto nivel tecnológico).

Imagen de la estructura diseñada para la Ciudad Marina imaginada por la Pilkington Glass Age Development Committee.

Otra idea que resaltamos es que la Sea City proyectaba disponer de una isla en medio destinada a construir embarcaciones recreativas ya que como se cita en el artículo "desde hace unos años aumentan constamente en la Gran Bretaña las ventas de embarcaciones, estimándose la cifra correspondiente a las de vela durante 1967, por valor de 17 millones de libras: en vista a la popularidad de este deporte y de la adecuada disposición de la laguna de la Sea City, se ha incorporado a ésta un complejo industrial destinado a la construcción de botes."

Cada cual puede opinar sobre si tendría sentido vivir en el mar. Lo cierto, es que décadas más tarde a la fecha de este artículo, un film de aventuras futurista, Waterworld (1995) recreaba una sociedad que sobrevivía en islas artificiales  sobre las olas de un mar que se lo había tragado todo por el cambio climático.

En cualquier caso, la lectura de este artículo es un buen ejemplo de hasta donde puede llegar la ingenuidad humana al considerarse superior a la naturaleza y pretender doblegarla a su voluntad. Pero parece que no hemos aprendido nada sobre como vivir en armonía con nuestro medio ambiente, y todavía hay quienes siguen imaginándose ciudades marinas, submarinas, o incluso en el espacio... Con lo fácil que es vivir en el regazo de nuestro planeta con amor a toda su biodiversidad!!!

 

Artículo elaborado por la redacción de terra.org.

Changed
09/02/2017

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