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Ataúdes tóxicos

En España más de dos tercios de la población tiene contratadas pólizas de seguro de deceso (o sea, para pagar el importe del funeral ya que no es nada barato). Así que tanto el estilo de la ceremonia como los productos funerarios acaban siendo definidas por las aseguradoras según el catálogo que ofrecen por lo pagado por el difunto con su póliza. Sólo la póliza ecofuneral tiene en cuenta precisamente los criterios ecológicos en todo el servicio funerario además de facilitar la planificación de la propia ceremonia. 

Las empresas funerarias españolas marcan las tarifas a su conveniencia dado que de facto no hay competencia. Si en su catálogo se ofrecen productos ecológicos, estos se vende más caros aunque el fabricante los ofrezca más baratos. La Fundació Tierra es la única ONG en España que ha planteado propuestas para ambientalizar los servicios funerarios.

Difunto envuelto en una mortaja de algodón ecológico para ser depositado en un cementerio ecológico del Reino Unido (el único país de Europa que cuenta con ellos), algo prohibido por la legislación funeraria española vigente que es de 1974 (preconstitucional).

El primer ámbito funerario que habría que corregir es el de los ataúdes. En España mayoritariamente se fabrican con productos tóxicos. Además la mayor parte de los ataúdes que se venden como ecológicos no cumplen ni con la norma UNE 190001:2013, que por otra parte no es obligatoria ni precisa que sea certificadoa por un tercero independiente. Así que hecha la ley, hecha la trampa, todo un clásico. En toda España sólo hay 6 modelos de un único fabricante cuya excelencia ecológica viene certificada por un tercero.

La Fundación Tierra denuncia que la mayor parte de los ataúdes fabricados en España cuando se incineran emiten una fuerte contaminación en componentes orgánicos volátiles. La toxicidad proviene sobretodo de los barnices que dan un aspecto suntuoso al féretro, así como los tejidos sintéticos del acolchado y el uso de maderas contrachapadas que contienen formaldehido. Luego, hay que considerar otra fuente de fuerte contaminación por los tratamientos tanotaprácticos con formol (una sustancia cancerígena) a los que se somete a la mayor parte de los difuntos por razones estéticas. Así que el formol de la tanatopraxia es otra de las fuentes de emisiones tóxicas que se liberan a la atmósfera en los hornos crematorios. La mayor parte de estas sustancias volátiles escapan a los filtros de los hornos crematorios.

La visión ecofuneral
Los servicios funerarios actuales son uno de los pocos sectores socioeconómicos que apenas ha hecho nada a favor del medio ambiente. Y razón no les falta; nadie les presiona a ello. Un día morimos, a veces, sin previo aviso, y dejamos no sólo el duelo a los seres queridos, sino también un problema.

En 2005 la Fundación Tierra lanzó el primer informe de análisis de los aspectos ambientales ligados a los servicios funerarios. En 2011 junto con el proveedor funerario  Memora y la aseguradora ERGO seguros inician un proyecto para crear el primer servicio funerario ecológico certificado.  La aseguradora ERGO Grupo DKV asumió a raíz de esta colaboración los criterios establecidos por la Fundación Tierra en la primera póliza de decesos con criterios ecológicos. La Fundación Tierra en 2013 creo la ecoetiqueta “ecoterra” para certificar ataúdes de madera fabricados con criterios de excelencia ecológica. Desde entonces, una fábrica en Barelona valoró que la excelencia que planteaba esta ecoetiqueta era un buen argumento para los objetivos de la empresa.

Ataúdes tóxicos
Los ataúdes certificados por la ecoetiqueta ecoterra son de maderas de bosques o plantaciones certificadas (FSC o PEFC) y que se talan y procesan a menos de 1000 km. Luego en la fábrica de ataúdes se acaban con barnices al agua libres de disolventes orgánicos y en los que los tapazidos son sólo con textiles vegetales orgánicos y, por tanto, libres de materiales tóxicos. Por el momento en España hay sólo seis modelos que cumplen con estos estándares.

Por su parte AENOR, a través de la norma la UNE 190001:2013 sobre ataúdes; terminología, clasificación y características técnicas, publicada el 9 de Enero de 2013 introduce las características que definirían un ataúd ecológico, -respecto a un ataúd convencional,- sugiriendo (puesto que no es obligatoria) la composición de sus materiales para definirlo como tal.

Sin embargo, el concepto de ataúd ecológico para AENOR es un criterio que puede manejar el propio fabricante sin necesidad que haya un tercero que lo certifique o avale. Así que actualmente, en España sobre el papel hay algunos féretros calificados de ecológicos que en realidad no lo son.  De hecho, algunos fabricantes incluso hacen la trampa. En primer lugar saben que no hay comprobaciones y se aprovechan que se asocie un barniz no brillante (dado que no existen barnices ecológicos brillantes)  han tomado el criterio que si es el acabado es con un barniz mate, este puede pasar por ecológico. 

La ecoetiqueta “ecoterra” sólo admite barnices tapaporos o sellantes que sean de base agua, exentos de PVC, metales y otros contaminantes, en especial compuestos clorados, con el fin de reducir la generación de contaminantes persistentes, por combustión incompleta o síntesis de novo.

Según la norma UNE los “ataúdes ecológicos” son aquellos en que “Todos los materiales empleados para la fabricación de ataúdes deben ser respetuosos con el medio ambiente en todo el ciclo de vida del producto, combustibles, degradables y/o biodegradables.” Además, se especifica que tanto para los elementos estructurales como para los no estructurales, “deben ser de origen sostenible”, aclarando, pero no obligando que “Una de las maneras de demostrar su sostenibilidad podría consistir en disponer de un certificado o sello que acredite dicho origen.

Ataúd de madera fabricado con criterios de excelencia ecológica bajo el estandar de la ecoetiqueta Ecoterra.

Lo cierto es que cada vez más ataúdes baratos provenientes de China que luego se montan en nuestro país e incorporan contrachapados que contienen formalhdeido y además los barnices convencionales están compuestos de productos orgánicos especialmente tóxicos. Insistimos en que cuando se queman estos barnices orgánicos liberan las dioxinas cancerígenas a la atmósfera.  La ecoetiqueta “ecoterra” certifica que el contenido en formaldehido libre en los productos y preparaciones usadas en los paneles de materiales derivados de madera no debe superar el 0,3 % [porcentaje en peso del ataúd]. Y el contenido de formaldehido libre en los agentes aglutinantes, adhesivos y colas para tableros de contrachapado o de madera laminada  no excederá de 0,5% [porcentaje en peso].

España, es el país de Europa con más hornos crematorios, y precisamente también es el país en que estas instalaciones más incumplen con la legislación comunitaria. El mayor control ejercido por las autoridades competentes (municipales y autonómicas) ha llevado a que algunos hornos crematorios argumenten que solo acepten féretros “ecológicos” con maderas naturales y sin barnices orgánicos.  Pero si no existe un certificado que es lo habitual, a menudo los propios operarios no saben del cierto si un ataúd es o no ecológico pues no hay certificados de terceros que los fabricantes puedan avalar. También se da el caso que algunas funerarias utilizan “certificados” falsos.


Los ataúdes de cartón o que no sean de madera vetados
Otra particularidad española es que  la legislación funeraria es realmente anticuada (1974) y entre otras no permite más que los ataúdes fabricados en madera. Recientemente, han aparecido algunas empresas Restgreen y DEC (Diseños en Cartón) que ofrecen féretros cuya materia prima es el cartón y con este material reciclado consiguen calidades e incluso estética similares a la madera. Cuando se incineran no emiten componentes orgánicos volátiles. Curiosamente, estos féretros con material biodegradable como el cartón reciclado y sin forrarlo de fibras sintéticas han sido vetados por las empresas funerarias para defender los elevados precios de comercialización de los ataúdes de madera.

Ejemplo de ataúd de cartón cuyo aspecto es de una selecta estética fabricado por la empresa DEC.

No es extraño que el sector funerario haya vetado que se homologuen este tipo de féretros de materiales con cartón u otros materiales vegetales permitidos en otros países de Europa. Y cuando estos han sido autorizados, simplemente se han boicoteado. Los féretros de cartón y otros materiales vegetales (como los que se comercializan en otros países europeos) serían ideales para reducir la toxicidad de las emisiones de la incineración o evitar los lixivados tóxicos en la inhumación.

Sorprende pues que dado que la cremación supone de media el 40 % de la opción funeraria en España, las empresas se empeñen en bloquear que puedan venderse los ataúdes que no sean de madera. De todos modos no hay que olvidar que el precio de comercialización del ataúd es la moneda para encarecer el servicio funerario el cual para nada es transparente.

Ropas y tapices sintéticos
La tapiciería de la mayor parte de los ataúdes comercializados en España es de fibras sintéticas como el raso y otras que al ser incineradas emiten una importante cantidad de compuestos orgánicos volátiles. Lo mismo sucede con los trajes que se venden en las funerarias que mayoritariamente son igualmente de fibras sintéticas como en el téxtil convencional.

La ecoetiqueta “ecoterra” sólo permite que ataúdes sean tapizados con textiles que sean vegetales, como el algodón o el lino orgánico y excepcionalmente que puedan contener un pequeño porcentaje de fibras recicladas tipo PET. Esta es precisamente una de las principales novedades de los ataúdes ecológicos certificados y uno de los puntos difíciles pues el sector ya que no disponen de proveedores con textiles certificados por algunas de las etiquetas más comunes en este ámbito como OkoTex o Guttex.

El difunto formolizado
Una práctica muy habitual es la preparación del difunto con productos químicos altamente tóxicos que tienen como función “mejorar” el aspecto del cadáver en lo que se denomina tanatopraxia. Por razones estéticas, las funerarias siempre incluyen los arreglos estéticos del cadáver (tanatoestética), pero por razones de costumbre también va incluida la inyección de formol al 40 % (también conocida como formalina). Este producto no es inofensivo ni para el tanatopractor, y es especialmente reactivo en la incineración puesto que es el principal generador de dioxinas junto con los barnices de los ataúdes.

El embalsamamiento o la preservación química de los muertos drenando la sangre del mismo con formaldehído (una sustancia química tóxica calificada de cancerígena) no contribuye en mejorar el difunto y hace más peligroso para el medio ambiente los cadáveres, tanto si se incineran (por las dioxinas que se producen), como si se entierran por los lixivados que sueltan.

La tanatopraxia, salvo casos excepcionales, debería desestimarse al igual que los vestidos funerarios con fibras sintéticas con los que se visten la mayoría de los cadáveres. La decadencia corporal lógica ligada al fin natural para toda la vida orgánica en este planeta, tiene su punto de realidad que no deberíamos esconder.

La mayoría de las empresas  funerarias actuales vende la moto que la belleza del cadaver en la ceremonia funeraria ayuda al duelo.  Todo ello es un placebo como tantos argumentos del sector y que no son más que una forma de marketing para mantener los altos precios del servicio. Las empresas funerarias se aferran a la legislación básica española sobre este tema la cual no ha variado desde antes de la democracia española, 1974 (ver el proyecto de ley paralizado desde 2011). Precisamente, este proyecto aparcado desde 2011 ya es obsoleto, pero en el, por ejemplo, se valoraba la necesidad de que los féretros "estén fabricados de un material degradable o fácilmente incinerable, al objeto de evitar en la medida de lo posible la contaminación medioambiental". Modernizar la ley funeraria es imperioso.

La muerte puede ser un asunto emocionalmente desordenado y complejo, y la belleza del proceso debería visualizarse a través de su regreso natural a la tierra de donde venimos. En este sentido productos como la urna ecológica BiosUrn que incorpora una semilla de un árbol para que crezca con la que las cenizas inhumadas  potencia esta visión más ecológica. Habría que educar para ser capaces de crear y practicar un ritual funerario que no dañe el medio ambiente y para ello necesitamos nuevas opciones.

Artículo elaborado por la redacción de terra.org a partir de artículos publicados en ecofuneral.es