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Econoticias nº 4. Los jueces se mojan por el medio





15 febrero 2002. Muchas veces se tiene la impresión que el poder judicial no se toma en serio los asuntos medioambientales. Lo cierto es que frente a vertidos como los de Aznalcollar o el constante degoteo de purines hacia el subsuelo contaminando de nitratos las aguas subterráneas, esta percepción puede ser cierta. Sin embargo, frente a las centenares de sentencias judiciales que a lo largo del año se dan en España, a menudo la prensa sólo destaca las más polémicas quedando en el olvido las que sientan jurisprudencia a favor de la protección del entorno. En este sentido, queremos dejar constancia del valor de una sentencia del Tribunal Supremo de lo Contencioso Administrativo, Sección 5 ª del 7 de noviembre de 1990 relacionada con la denegación de la apertura de un pub. Cuando los espacios de ocio nocturno se convierten en la diana de la opinión pública debemos recordar que no sólo la seguridad de las personas es el aspecto a garantizar sino también determinados parámetros ambientales que quedan, a menudo, sin resolver.
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El juez que emitió la mencionada sentencia ratificaba que “Los vecinos tienen derecho al descanso y a la salud, y uno y otro se ven conculcados si no se respeta la moderación en la música ambiental. En este problema del respeto por el medio ambiente –en cualquiera de sus manifestaciones, la acústica entre ellas- los ayuntamientos y, en general, todos los poderes públicos –por tanto, también los Tribunales- tiene que mostrarse particularmente rigurosos. Y este Tribunal Supremo, con machacona insistencia, así lo viene recordando con apoyo precisamente en el artículo 45 de la Constitución. Y obviamente, esto no es una moda jurisprudencial más o menos pasajera, porque ante preceptos constitucionales tan claros como el citado, no hay opción distinta a la postulada. Y esto sin necesidad de recordar que el grave deterioro del medio ambiente en todos sus aspectos ha transformado el problema de su conservación en un problema esencial, cuya solución es urgente e ineludible, pues muchos de sus aspectos afectan a la supervivencia, y otros, como el de la contaminación acústica a la salud y a la convivencia civilizada”.

Lamentablemente, frente a los problemas ambientales hay mucho ruido y pocas nueces. Viene bien, de vez en cuando, opiniones tan contundentes como las de esta sentencia que conviene no olvidar.