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El camino más corto hacia la independencia del petróleo




El camino más corto hacia la independencia del petróleo.
La combinación de los híbridos gasolina-eléctricos y la energía eólica es la solución ganadora
Alerta 10 - 2004

Con el precio del petróleo por encima de los US$50 por barril, la creciente inestabilidad política en Oriente Medio y la escasa flexibilidad de la economía mundial del petróleo, es evidente que necesitamos una nueva estrategia de generación energía. Afortunadamente, el perfil de esta nueva estrategia está emergiendo con dos nuevas tecnologías.


Con la eficiencia del motor del Toyota Prius, podríamos reducir el consumo de gasolina a la mitad


La energía eólica está creciendo rápidamente porque es barata, abundante, inagotable, distribuída extensamente, limpia y benigna con el clima.


Si añadimos al vehículo híbrido la posibilidad de que sea enchufable los conductores podrían hacer sus traslados de corta distancia consumiendo sólo electricidad

Octubre, 2004.  Las nuevas tecnologías de motores híbridos gasolina-eléctricos y los avanzados diseños de turbinas eólicas nos ofrecen la posibilidad de destetarnos del petróleo importado. Si durante la próxima década convertimos la flota de automóviles de Estados Unidos a vehículos híbridos gasolina-eléctricos con la eficiencia del motor del actual Toyota Prius, podríamos reducir el consumo de gasolina a la mitad. Sin cambios en el número de vehículos, ni en las millas conducidas, simplemente haciéndolos más eficientes.

Las fábricas de coches se ponen las pilas
Ahora hay tres modelos híbridos gasolina-eléctricos de coche en el mercado: el Toyota Prius, el Honda Insight, y la versión híbrida del Honda Civic. El Prius, -un coche mediano en la vanguardia de la tecnología punta automobilística-, consigue un asomobroso 55 mpg (algo más de 23 Km por litro) en conducción combinada entre ciudad y autopista. No me extrañaría que hubiera listas de hambrientos compradores dispuestos a esperar seis meses su entrega.

Ford acaba de lanzar un modelo híbrido de su Escape SUV. Honda está a punto de lanzar una versión híbrida de su popular turismo Accord. General Motors ofrecerá versiones híbridas de varios de sus coches, empezando por el Saturn VUE en el 2006, seguido por el Chevy Tahoe y el Chevy Malibu. Además, GM ha producido 235 autobuses híbridos para Seattle con el potencial de reducir el consumo de gasolina hasta un 60 por ciento. Otras ciudades empeñadas en conseguir autobuses híbridos son Philadelphia, Houston y Portland. Está claro que los motores híbridos se están poniendo de moda.

(*) Para más información sobre vehículos eléctricos, pulsar aquí.

El segundo ingrediente: la electricidad eólica
Con coches híbridos gasolina-eléctricos en el mercado actual, todo está listo para que el segundo paso sea reducir la dependencia del petróleo: el uso de la electricidad eólica para alimentar a los automóviles. Si añadimos al vehículo híbrido gasolina-eléctrico la posibilidad de que sea enchufable y una segunda batería para aumentar la capacidad de almacenamiento de electricidad, los conductores podrían hacer sus traslados al trabajo, las compras y otros recorridos de corta distancia consumiendo en gran parte sólo electricidad, mientras están ahorrando gasolina para destinarla a ocasionales trayectos más largos. Esto podría reducir otro 20 por ciento el consumo de la gasolina además del inicial 50 por ciento reducidos al cambiar a los vehículos híbridos gas-eléctricos, lo que supondría una reducción total en el uso de la gasolina del 70 por ciento.

La posibilidad de que el vehículo sea enchufable abre las puertas al uso de los vastos recursos eólicos nacionales, que aún permanecen en gran parte sin aprovechar. En 1991, el U.S. Department of Energy publicó un inventario nacional de los recursos del viento en el cual precisó que tres de nuestros 50 estados, -Kansas, Dakota del Norte y Tejas-, disponen de suficiente energía eólica útil para satisfacer las necesidades nacionales de la electricidad. Muchos se quedaron completamente asombrados por estas noticias puesto que, en general, se consideraba a la energía del viento como una fuente de energía marginal.

Ahora, en retrospectiva, sabemos que estas conclusiones eran ampliamente subestimaciones, porque se basaron en las tecnologías de turbinas de viento disponibles en 1991. Desde entonces, los avances en el diseño han permitido a las turbinas eólicas funcionar a velocidades de viento menores, convertir el viento en electricidad más eficientemente, y aprovechar un régimen mucho más amplio del viento.

La turbina media en el año 1991 alcanzaba unos escasos 120 pies (36 metros) de alto, mientras que las nuevas alcanzan los 300 pies de altura (más de 90 metros), -la altura de un edificio 30 plantas. Esto no sólo duplica el régimen eólico útil, sino que además los vientos a más altura son más fuertes y regulares, por tanto, más aprovechables.


El ejemplo europeo
En Europa, región que ha emergido como líder mundial en el desarrollo de la energía eólica, las granjas de viento satisfacen actualmente las necesidades residenciales de electricidad de 40 millones de consumidores. El año pasado, la European Wind Energy Association proyectó que antes del 2020 esta fuente de energía proporcionaría electricidad para 195 millones de personas, - la mitad de la población de la Europa occidental. Un estudio del 2004 sobre el potencial eólico mar adentro en Europa, realizado por el Garrad Hassan Consulting Group, concluyó que si los gobiernos europeos fomentaran seriamente el desarrollo de este potencial eólico, el viento podría proveer toda la electricidad residencial de Europa antes del año 2020.

Las múltiples ventajas de la generación eólica
La energía eólica está creciendo rápidamente porque es barata, abundante, inagotable, distribuida extensamente, limpia y benigna con el clima. Ninguna otra fuente de energía tiene todas estas cualidades.

El coste de la electricidad generada por el viento ha sufrido una caída libre durante las dos décadas pasadas. Las primerizas instalaciones eólicas en California, donde nació la actual industria eólica moderna a principios de los 80, generaban electricidad a un coste de 38¢ de dólar por kilovatio-hora. Ahora muchos campos de viento están produciendo energía en 4¢ de dólar por kilovatio-hora, y algunos contratos de generación a largo plazo se han firmado recientemente en 3¢ de dólar por kilovatio-hora. Y el precio continua bajando.

A diferencia del modelo extensamente discutido del transporte del combustible de las celdas de hidrógeno, el modelo gasolina-eléctrico híbrido/eólico no requiere una costosa nueva infraestructura. La red de estaciones de gasolina está ya en su lugar. Al igual que la red eléctrica necesaria para conectar las granjas de viento a las baterías de almacenaje en coches. Para que este nuevo modelo trabaje lo más eficientemente posible, sólo necesitaríamos una potente red nacional eléctrica integrada. Afortunadamente, la necesidad de modernizar nuestro anticuado sistema de redes eléctricas regionales, substituyéndolas por una red nacional fuerte, ya se está reconociendo, -en especial después del apagón que sufrió el noreste de Estados Unidos en el 2003.

Una de las pocas debilidades de la energía del viento, -su irregularidad-, se compensa en gran parte con el uso de vehículos híbridos gasolina-eléctricos enchufables, puesto que las baterías de estos vehículos se convierten en una parte del sistema de almacenaje de la electricidad eólica generada. En último caso, siempre quedará el tanque de gasolina como reserva.

Un cambio radical en las economías rurales
Actualmente, unos 22 estados norteamericanos tienen granjas de viento comerciales que están alimentando la red eléctrica. Aunque de vez en cuando aparece un problema del síndrome NIMBY (“not-in-my-backyard”/ "no lo instale en mi patio trasero"), la respuesta de PIIMBY ("póngala en mi patio trasero") es mucho más penetrante. Esta actitud no debería sorprendernos puesto que una sola turbina eólica puede producir fácilmente US$100.000 de electricidad en un año.

La competencia por las granjas de viento entre los granjeros en Iowa o los rancheros en Colorado es intensa. Los granjeros, sin tener que realizar inversiones de su bolsillo, reciben habitualmente cerca de US$3.000 por año en concepto de derechos por el uso de la tierra al instalar una sola turbina, que ocupa un cuarto de acre de superficie (0,1 hectáreas aproximadamente). Este cuarto de acre en un campo de maíz produciría 25 fanegas de maíz con un valor de US$120, o unos US$10 en un campo de un rancho de vacas.

Las comunidades de la América rural desean desesperadamente el rédito adicional de granjas de viento y los puestos de trabajo que generan. Además, el dinero gastado en electricidad generada en las granjas de viento permanece en la comunidad, creando un efecto de ondulación positiva dentro de la economía local. En cuestión de años, millares de rancheros podrían ganar mucho más con las ventas de electricidad que con las ventas del ganado.


El cambio a los vehículos híbridos gasolina-eléctricos, altamente eficientes y con capacidad enchufable, combinado con la construcción de millares de granjas de viento a lo largo de la red eléctrica rural que estuviera perfectamente conectada a la red nacional, nos dará la seguridad energética de la que no hemos podido disponer durante las últimas tres décadas. Este cambio también rejuvenecerá las comunidades de granjas y ranchos, y reducirá el déficit del balance comercial de los Estados Unidos. Y aún más importante, cortará dramáticamente las emisiones de carbono, haciendo de Estados Unidos un modelo que otros países puedan imitar.

Evolución de la producción de electricidad a partir de turbinas eólicas en el mundo entre 1980 y el 2003 (calculada en Megawatios)

Evolución del coste del kWh de electricidad generado con recursos eólicos en Estados Unidos entre 1982 y el 2003 (en céntimos de US$)

Lester R. Brown  - Earth Policy Institute
www.earth-policy.org