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El ecologismo popular o ambientalismo

El planteamiento del ecologismo popular, también llamado ambientalismo, se centra en la defensa del acceso comunitario a los recursos naturales frente a la depredación encabezada por el mercado o el Estado. Ante este hecho, se genera una reacción filosófica y práctica contra la degradación ambiental, contra los excesos en la extracción de recursos generados por la pobreza de la población y por el intercambio desigual entre Estados. Un movimiento que se diferencia del ecologismo del Primer Mundo.

Del mismo modo que muchas luchas tradicionales han sido por una distribución económica justa (por ejemplo, para lograr mejoras salariales), las luchas que defiende el ecologismo popular son por una distribución ecológica, es decir, por las asimetrías y desigualdades sociales y temporales en el uso de los recursos y servicios ambientales. Además, el ecologismo de los pobres también lucha por una distribución justa de la propiedad, para impedir la privatización de aquellos recursos que se consideran de la propiedad comunal.

El ecologismo popular se configura en movimientos de resistencia que luchan para impedir la privatización de la propiedad comunal; pocas veces se describen a sí mismos como ecologistas, pero, en la práctica, están defendiendo los valores del movimiento ecologista. De hecho, estos movimientos surgen en parte como resistencia a lo que se le llama externalidades en términos de economía, es decir, a los impactos negativos ambientales y sociales no recogidos por los precios del mercado.

Ecologismo popular en el mundo

El ecologismo popular se ha desarrollado intensamente en la India, Kenia, Brasil, Malasia, y otros países del Tercer Mundo, donde las condiciones de vida de las masas les obligan a agotar sus ya depredados recursos simplemente para poder sobrevivir a corto plazo. Muchas de estas luchas tienen como núcleo la defensa de los propios recursos naturales frente a la depredación causada por gigantes empresariales del Norte o del propio país.

Hay numerosos ejemplos de luchas con contenido ecológico, en las que los pobres se han convertido en grandes activistas. Uno de ellos lo constituye el movimiento de los trabajadores del caucho en el Acre, Brasil, a final de los años ochenta, con el liderazgo de Chico Mendes, opuesto a la deforestación a cargo de empresas ganaderas y forestales brasileñas. Chico Mendes fue asesinado en diciembre de 1988 casi sin tener tiempo de saber que era ecologista, pues él defendía a sus colegas y familias con un lenguaje sindicalista.

Otro ejemplo de la resistencia contra la construcción de grandes represas en la Reserva Nacional del Alto Bio-Bio, en Chile. Este proyecto ha generado un importante movimiento de resistencia, liderado por mujeres, por parte del pueblo pehuenche (de la cultura mapuche), pues es obligado a abandonar sus territorios ancestrales.

Otro ejemplo, lo podemos encontrar  en India, la llamada resistencia contra las represas en el río Narmada. Una mujer, Medha Patkar, está al frente de ese movimiento de grupos tribales desplazados sin compasión y sin compensación al inundar las presas sus tierras nativas.

En África, el ejemplo de ecologismo popular más conocido es el de la resistencia de los ogoni y otros pueblos del delta en Nigeria (como los Ijaw) contra la compañía petrolera Shell. Su líder, Ken Saro-Wiwa, fue asesinado junto con sus compañeros en 1995.

Pero continuamente aparecen casos de resistencias de comunidades del Sur contra el hambre de destrucción de empresas transnacionales. Así, se registran conflictos en Indonesia (en Papúa Occidental, Irian Jaya) con la empresa minera Freeport McMoRan; en Bolivia, con petroleras, etc.

La corriente de materiales (a bajo precio) de los países del Sur hacia el Norte continúa creciendo. De ahí que crezcan también las resistencias locales.

Uniendo lo local con lo global: una globalización alternativa

Hay en todo el mundo movimientos ecologistas de resistencia que vinculan lo local con lo global y que, una vez que se percatan de que son ecologistas, se unen o forman redes. Es una globalización que se opone a la globalización de la economía capitalista y de la cultura estadounidense, aunque utilice alguna de sus armas, como Internet. Es una globalización alternativa a la de las empresas transnacionales y los gobiernos. Estos grupos con objetivos comunes se enfrentan a conflictos en diversos lugares del mundo. Un ejemplo es la resistencia contra las plantaciones de pinos o eucaliptos para exportarlos para la industria de pasta de papel en países del Tercer Mundo, pues, como dice el movimiento mundial en defensa de los bosques: "Las plantaciones no son bosques".

Hasta hace poco tiempo el comercio de madera y de pasta de papel se hacía casi exclusivamente desde y hacia el Norte (desde países como Canadá, Estados Unidos, Rusia, Finlandia), pero hoy en día el aumento del consumo está llevando a la industria del papel al Sur, a Brasil, Chile, Indonesia, Thailandia y Sudáfrica. Una vez desforestados los bosques nativos, se recurre a esas plantaciones o "monocultivos" de pinos, eucaliptos o acacias. Quienes defienden esos programas de plantaciones industriales de árboles intentan justificarlos porque ayudan a contrarrestar el efecto invernadero, al servir como sumideros de carbono. De este modo, la oposición local a tales plantaciones se ve involucrada en una discusión global sobre el efecto invernadero.

Hay casos en que las luchas locales se conectan entre ellas en un movimiento generalizado de resistencia. Éste es el caso de OilWatch, la red de resistencia a las actividades petroleras en los países tropicales. Esta red une a los grupos ambientales locales que luchan contra la amenaza de la industria del petróleo desde México, Ecuador y Perú hasta Nigeria e Indonesia. Las resistencias de la población local luchan por la preservación de sus recursos naturales, mientras que el gas de extracción que es quemado en los propios pozos produce más dióxido de carbono, vinculando así el problema local al problema global del calentamiento del planeta.

Los vertidos de productos químicos en la explotaciones petrolíferas de países del Tercer mundo es habitual.

Cuando los trabajadores que padecen esterilidad por el uso de DBCP (1,2-dibromo-3-chloropropane, un compuesto químico usado como nematicida, con un gran poder carcinógeno para la especie humana y causante de esterilidad masculina) en las plantaciones de bananos reclaman en las cortes de Estados Unidos contra Dow Chemical y otras compañías, también están uniendo lo local con lo global, al apoyar implícitamente una agricultura con menos químicos y más dirigida a la seguridad alimentaria local que a las exportaciones baratas.

Y lo mismo vale para las protestas de las trabajadoras afectados en la producción de flores para exportación. La demanda de verduras, frutas y flores frescas por parte de Norteamérica a lo largo de todo el año ha originado un intenso volumen de exportaciones desde América Latina y el Caribe. La industria de las flores usa enormes cantidades de plaguicidas, por lo general dentro de los invernaderos. Éstos no tienen la suficiente ventilación, y se acumulan elevados niveles de vapores tóxicos, cuya respiración causa graves problemas de salud. Un estudio llevado a cabo sobre 80 mujeres que trabajaban en las plantaciones de flores (y en otros cultivos destinados a la exportación) en Ecuador confirmó su elevada exposición a los organofosforados y carbomatos, dos clases de plaguicidas muy conocidos por su aguda toxicidad. Las mujeres padecían de visión borrosa, fotofobia, jaquecas y náuseas, síntomas típicos del envenenamiento por causa de los organofosforados y carbomatos. Con frecuencia, las trabajadoras se veían obligadas a seguir con sus tareas mientras, a su lado, se estaban aplicando plaguicidas, lo cual, dicho sea de paso, constituye una grave infracción de las normas de seguridad. Las trabajadoras de esta industria están luchando contra el uso de estas sustancias químicas que afectan directamente a su salud, defendiendo, a su vez, una agricultura menos agresiva para el medio ambiente.

En defensa de la biodiversidad agrícola

Muchos movimientos actuales de ecologismo popular son luchas campesinas por el control de las semillas. Desde tiempos inmemoriales, los grupos indígenas han ido acumulando un enorme saber sobre la biodiversidad, y las variedades de plantas agrícolas domesticadas fueron creadas a partir de las silvestres por el trabajo y el ingenio de generaciones y generaciones de campesinos.

En los últimos años, con la irrupción de la biotecnología, empresas transnacionales han llenado el mercado internacional de semillas patentadas conseguidas a partir del material genético originado por el trabajo de generación tras generación de campesinos. Éstos no están recibiendo ninguna compensación económica ni de ninguna otra clase por esta apropiación de biodiversidad y de conocimiento tradicional. Al contrario, con el sistema de patentes, los campesinos del Sur se están viendo obligados a pagar por el uso de semillas o medicinas que ellos mismos desarrollaron y transmitieron.

La biodiversidad agrícola existente en muchos países del Sur es consecuencia de la tarea de conservación y mejora de semillas que han llevado a cabo los campesinos desde tiempos ancestrales. Hoy en día, las grandes empresas biotecnológicas se están apropiando del conocimiento de los pobres y están estableciendo patentes sobre sus semillas.

Frente a esta amenaza de pérdida del control de las semillas, el campesinado pobre del Sur está reaccionando. A modo de ejemplo, en Karnataka (India), la asociación KRRS (Karnataka Rajya Raitha Sangha), en cooperación con la Red Navdanya coordinada por Vandana Shiva, ha organizado diversas acciones contra las instalaciones de la empresa transnacional Cargill Seeds, como protesta contra la pérdida de la posibilidad de reproducir, intercambiar o comerciar entre sí las semillas, producto de su tarea ancestral de conservación y mejora de éstas.

Hay en la India decenas de miles de variedades de arroz, muchas de ellas en peligro de perderse, ante el riesgo de ser patentadas en beneficio de empresas multinacionales de semillas. El movimiento ecologista popular relacionado con la biodiversidad agrícola plantea dos cuestiones: por un lado, el reconocimiento y pago de los derechos sobre los recursos genéticos por ellos conservados y mejorados in situ; y por otro, el acceso gratuito a las variedades conservadas y mejoradas ex situ, ya que el material genético originario proviene de la sabiduría tradicional y nada se ha pagado por él.


Texto e imágenes elaboradas por el equipo de terra.org, inspirado en el libro De la economía ecológica al ecologismo popular, de Martínez Alier publicado por  Icaria (Barcelona, 1994). En este libro el autor presenta los distintos tipos de ecologismo. Explica cómo en los países del Sur surgen movimientos ecologistas en defensa del acceso comunitario a los recursos y servicios de la naturaleza, amenazados por las empresas transnacionales. Defiende la tesis de un ecologismo de los pobres.

actualizado: 
29/12/2009
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