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Fumigaciones con químicos tóxicos

Febrero, 2010. Las fumigaciones aéreas de los bosques españoles afectados por plagas como la de la procesionaria del pino se practican lanzando sustancias químicas tóxicas y persistentes como el diflubenzurón que se mezcla con gasóleo y se esparcen a razón 0,3 cm3 por metro cuadrado. Los efectos de estos tratamientos sobre la población humana y el entorno no están suficientemente estudiados, pero afectan de  forma grave especialmente a personas con el síndrome de sensibilidad química múltiple. Lo mismo sucede con el resto de fumigaciones ambientales tanto en parques urbanos como equipamientos públicos. La Unión Europea ha aprobado una directiva para limitar esta práctica, pero no entrará en vigor hasta finales del 2011.

De las plagas de los bosques españoles destaca por su visibilidad la oruga de la procesionaria del pino. Esta plaga está causada por la larva de la mariposa nocturna Thaumetopoea pityocampa o procesionaria. La oruga de la procesionaria mientras crece se alimenta de las hojas del pino la cual se comporta como el mayor defoliador de los pinares españoles. Los mayores daños se dan precisamente en la época invernal. Su ciclo vital es complejo y tiene como característica que la etapa de metamorfosis se dá en el subsuelo; pero de toda la población en este estado, sólo la mitad lo hace al año siguiente, mientras que la otra mitad tardará dos años (las bajas temperaturas de -12 ºC impiden su desarrollo así como la elevada pluviosidad dificultan su proliferación). De este modo la especie se asegura que si las condiciones climáticas de aquel año han sido desfavorables  le queden supervivientes para la siguiente temporada.

La oruga de la procesionaria del pino afecta a la mayor parte de la decena de especies de pino de la península ibérica. Es muy vistosa por las bolsas de refugio que construyen las orugas cuando descansan de comer hojas y protegerse a su vez del rigor invernal. En años en que el invierno es más bien benigno la procesionaria se expande enormemente. En cualquier caso, es una costumbre que viene de los años sesenta que se fumiguen las masas arboladas afectadas por la procesionaria. Fumigaciones que se realizan con medios aéreos y utilizando pesticidas que además de afectar a la procesionaria afecta también a otras especies de lepidópteros e insectos beneficiosos como las cabañas de abejas.

La plaga de la procesionaria de los pinares españolas, en algunas zonas, es tratada con fumigaciones aéreas. Estas quedarán limitadas legalmente a partir del 2011.

Las plagas que afectan a la producción forestal toman una especial virulencia sobretodo en los bosques monoespecíficos y de especies que no siempre pertenecen a la situación climácica de la región. Más de 500.000 hectáreas quedan completamente defoliadas todos los años en España por los ataques de la oruga de la procesionaria del pino. En los pinares adultos disminuye el crecimiento, mientras que los repoblados jóvenes, acosados por la procesionaria, tardan más tiempo en constituirse en masas adultas o, incluso, terminan degradándose. Por otra parte, los montes defoliados por la oruga de la procesionaria presentan un aspecto desolador y pueden llegar a ser intransitables e impedir o dificultar los trabajos silvícolas por las urticarias que producen las orugas. Una de las principales formas de combate de este tipo de plagas son las fumigaciones aéreas cuyo impacto ambiental y sobre la salud está en cuestión.

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Detalle de las orugas de la procesionaria en su característico "nido".

El método alternativo y ecológico para luchar contra la procesionaria se basa en la captura de las mariposas hembras con trampas a las que se las atrae con preparados de feromonas. También se usan insecticidas naturales como la toxina del bacilo Bacillus thuringiensis, (sin toxicidad ni persistencia para el medio ambiente, aunque afecta a otras especies de insectos como cualquier insecticida). Otro método es la corta manual de las bolsas o “nidos”, pero es menos efectivo según los expertos. Cada comunidad autónoma toma su particular decisión la mas habitual la fumigación aérea o terrestre según la extensión, aplicando insecticidas químicos en plagas intensas, biológicos en plagas suaves y en algunas zonas como el norte de Aragón han desestimado cualquier aplicación por tener importantes cabeceras de cuencas fluviales.

La problemática ambiental de la fumigación aérea de bosques

Las fumigaciones se practican en otoño (a partir de mediados de septiembre) momento en que las orugas están en la fase joven de su ciclo vital y son todavía débiles por lo que además son más vulnerables a los pesticidas. El plaguicida más habitual en los tratamientos aéreos empleado es del diflubenzurón (que tiene según la escala establecida por la propia industria una toxicidad baja para los seres humanos y otros animales, pero que en cambio tiene una larga persistencia en el medio). Recordemos que en ls últimos años  se han prohibido los organofosforados (plaguicidas con efectos neurotoxicos para los seres vivos) en fumigaciones  por su indiscriminada y elevada toxicidad. Sin embargo, determinados agricultores como empresas fumigadoras reiteran su demanda al Ministerio de Agricultura para volver a permitir su aplicación (dado que estos plaguicidas tienen una demostrada eficacia contra la mosca del mediterráneo en la fruta y a la vez reduce la población de los mosquitos)

Las fumigaciones aéreas sólo se aplican en plagas que ocupan una gran extensión: montes, zonas húmedas, cultivos de frutales, especialmente cítricos de la costa mediterránea. Estas últimas aplicaciones según sus defensores reducían de forma contundente las plagas en los vegetales y a la vez servían de control para otros insectos como mosquitos y moscas que masivamente son de obligado control por perjuicio a la salud publica.

El diflubenzurón además no tiene un efecto inmediato sobre las orugas ya que es un inhibidor de la quitina por lo que les impide el crecimiento que será el factor que las matará. Por ello está indicado en los primeros estadios larvarios. Pero, precisamente, por su lentitud de acción es preciso que el principio activo esté presente sobre las hojas de los árboles el mayor tiempo posible. Por este motivo se usan sustancias que mantengan su persistencia y en este caso son sustancias grasas. El difluobenzurón, al actuar por ingestión, se convierte según sus defensores en un insecticida selectivo, pues no existen otros defoliadores del pino en la época de tratamientos. Los parásitos, predadores y fauna no fitófaga no se ven afectados.

La dispersión aérea según los técnicos de la administración forestal que lo defienden argumentan que permite que el diflubenzurón quede prendido en las hojas del pino y de esta modo estará activo afectando a los orugas entre octubre hasta marzo que empiezan a enterrarse. Para aumentar la adherencia de la aplicación se usa como disolvente el gasóleo de modo que esta se hace más resistente al lavado por las lluvias a la vez que permite la formación de gotas muy finas, lo cual incrementan la cobertura de la aplicación, sobre todo en pinares cuyas acículas, en forma de cilindros de muy pequeño diámetro y son excelentes para capturar gotas pequeñas (de unos 125 micras). El gasóleo es barato y forma una mezcla muy homogénea con la formulación de diflubenzurón denominada DIMILIN 45 ULV.

El problema no atañe sólo al diflubenzurón en las fumigaciones aéreas sino también como comentamos al solvente que se usa para facilitar su activación, o sea el gasóleo. La dosis de plaguicida se basa en la llamada técnica de volúmenes ultra bajos (ULV) que recomienda de 45 gramos por hectárea y se mezcla con 3 litros de gasóleo y aceite parafínico. Lo dosis total del caldo por hectárea es de 3 litros por hectárea (por cada 10.000 m2) lo que arroja una concentración de materia activa de 0,0045 gramos por metro cuadrado y 0,3 cm3 por m2. Si hacemos la dispersión de gotas por metro cuadrado puede parecer poco, pero esta es suficiente para que los tóxicos arrojados desde el aire lleguen a lugares insospechables del bosque silvestre contaminando el medio ambiente. Se da el caso que en el otoño se fumigan bosques de pinos que son ricos en setas y de alguna manera estas acaban también asimilando la aspersión tóxica lanzada desde el aire.

Estamos frente a una problemática ecológica con poca conciencia colectiva sobre la contaminación ambiental que provoca. No hay datos concretos de las fumigaciones aéreas en España pero se estiman en unas 100.000 hectáreas de bosques en las que vertieron tóxicos sin aviso y de una larga persistencia. Sólo en Cataluña, donde hay casi 1,5 millones de hectáreas de bosque, anualmente, se fumigan cerca de 10.000 hectáreas (un 80 % en avioneta y un 20 % en helicóptero. Esencialmente, el gobierno autonómico catalán asegura que las plantaciones de pino fumigadas son bosques públicos aunque también lo hacen en los bosques privados que lo solicitan. Actualmente, en España existen 44 operadores autorizados para realizar tratamientos aéreos en el que trabajan unos 120 pilotos, según el Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial (COPAC).

La Unión Europea tiene en marcha una legislación para reducir las fumigaciones aéreas.

El actual marco legal

Las fumigaciones ambientales con productos químicos en nuestro país quedarán suprimidas por la Directiva 2009/128/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de octubre de 2009, por la que se establece el marco de la actuación comunitaria para conseguir un uso sostenible de los plaguicidas (publicada el 24 de noviembre de 2009 en el Diario Oficial de la Unión Europea L 309/71) que establece su prohibición cuando la lucha contra una plaga forestal pueda sustituirse por otros medios desde tierra. Y que en cualquier caso, deberán siempre utilizarse los productos menos tóxicos posibles. Esta normativa deberá ser transpuesta por los países miembros antes del 14 de diciembre de 2011. En España, actualmente, una comisión política está redactando el Decreto de aplicación de esta normativa europea que determinará entre otros que productos se podrán utilizar o sustituir en las fumigaciones aéreas.

En términos generales el nuevo marco Europeo parece razonable cuando establece que “los Estados miembros garantizarán la prohibición de las pulverizaciones aéreas” (Artículo 9.1.) y dejando sólo abiertas algunas opciones –muy estrictas- para seguir realizando esta actividad, tal y como establece el artículo 2 .

Recopilamos los artículos principales de esta directiva europea:

• Teniendo en cuenta los posibles riesgos derivados del uso de los plaguicidas, el público en general debe estar mejor informado de los efectos globales del uso de plaguicidas, mediante campañas de sensibilización, información difundida a través de los comerciantes, y otras medidas adecuadas (artículo 10 capítulo IV)

• La pulverización aérea de plaguicidas puede causar efectos negativos significativos en la salud humana y el medio ambiente, sobre todo por la deriva de la pulverización. Por tanto, la pulverización aérea debe prohibirse en general, con posibles excepciones en los casos en que presente claras ventajas en términos de menor impacto en la salud humana y el medio ambiente en comparación con otros métodos de pulverización o cuando no haya ninguna alternativa viable, siempre que se empleen las mejores técnicas disponibles para reducir la deriva (artículo 14).

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Aviso público para advertir sobre un tratamiento químico en un espacio público.

• El uso de plaguicidas puede ser particularmente peligroso en zonas muy sensibles, como son los espacios Natura 2000 protegidos en virtud de las Directivas 79/409/CEE y 92/43/CEE. En otros lugares, como parques y jardines públicos, campos de deportes y áreas de recreo, áreas escolares y de juego infantil, así como en las inmediaciones de centros de asistencia sanitaria, los riesgos derivados de la exposición a los plaguicidas son grandes. En esos lugares debe minimizarse o prohibirse la utilización de plaguicidas. Cuando se utilicen plaguicidas deben preverse medidas adecuadas de gestión del riesgo, así como concederse prioridad a los plaguicidas de bajo riesgo y a las medidas de control biológico (artículo 16).

• Es necesario medir los avances conseguidos en la reducción de los riesgos y de los efectos negativos para la salud humana y el medio ambiente derivados del uso de plaguicidas. Son medios apropiados los indicadores armonizados de riesgo que se establecerán a nivel comunitario. Los Estados miembros deben utilizar estos indicadores para la gestión de los riesgos a nivel nacional y para fines de información, mientras que la Comisión debe calcular los indicadores para evaluar los avances a nivel comunitario. Se deben utilizar los datos estadísticos recogidos con arreglo a la legislación comunitaria. Los Estados miembros deben poder utilizar, además de indicadores comunes armonizados, sus indicadores nacionales (artículo 20).

Medidas para minimizar el riesgo

Durante las dos ultimas décadas se han detectado grupos de personas intoxicadas por fumigaciones en espacios públicos; especialmente en el interior de edificios, zonas urbanas o zonas verdes donde hay una población residente o usuaria importante dejándoles secuelas irreversibles como es el síndrome de sensibilidad químico múltiple (SQM). Personas de este colectivo han realizado denúncias de fumigaciones reiteradas en su municipio que afectan a su precaria salud y las cuales además se han realizado sin el aviso previo que habían solicitado. Se estima que más del 70% de los diagnosticados por el SQM enfermaron después de estar expuestos a fumigaciones ambientales. Tambien se ha denunciado a la administración por las fumigaciones terrestres en parques urbanos con plaguicidas como el insecticida sistémico Duloc e incluso el malation (prohibido en toda la UE a partir del 2009). En el caso de las quejas por las fumigaciones aéreas la administración ha argumentado su intención de sustituir el gasóleo por aceite vegetal, pero no hay certeza alguna de este posible compromiso ya que por ahora es perfectamente legal fumigar los bosques con plaguicidas con gasóleo. Habitualmente, tampoco se avisa sobre las zonas que serán fumigadas.

Actualmente, se está elaborando el Libro Blanco de control de plagas en áreas públicas forestales y urbanas, con informaciones y pautas a seguir para que no se infrinjan las normas por parte de las empresas y administraciones involucradas en el tratamiento de plagas.

Dramática imagen de la fumigación en una vivienda en Cuba.

La reducción del uso de plaguicidas en la UE está en marcha pero, lamentablemente, queda aún una larga lista de substancias por eliminar y sustituir. Hay que exigir el cumplimiento de la legislación en la aplicación de químicos tóxicos, así como reclamar la reducción responsable de estos como única forma para evitar la contaminación ambiental y  los riesgos para la salud publica. Los efectos del uso abusivo de productos químicos tóxicos a veces sólo es posible valorar con una perspectiva dilatada en el tiempo. Las personas con el síndrome de sensibilidad química múltiple cuyos cuerpos empeoran gravemente en presencia de dosis mínimas  de plaguicidas en el entorno son la alarma que nos advierte sobre la necesidad de adoptar soluciones drásticas para la reducción de productos químicos. Es imprescindible que la administración avise siempre a la población usuaria cuando se fumiga espacios públicos y además incentive que utilicen los productos menos nocivos existentes.

Redacción Terra.org
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