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Irse a la playa





Irse a la playa
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Verter basuras en la arena es contribuir a la degradación de las playas.

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Si queremos disfrutar de una playa limpia, hemos de ocuparnos de mantenerla así.

Buscando el sol en la playa
El litoral mediterráneo de la Península Ibérica tiene unos 1.200 km y lo visitan unos 35 millones de turistas durante los meses de julio y agosto. Si tuviéramos que distribuir todos los turistas por las 1.000 playas que existen, y coincidiesen todos a la vez, a cada uno le correspondería un espacio de sólo 3,5 m2 de playa.

Los turistas dejan huella
El turismo de masas plantea numerosos problemas ambientales a los espacios litorales. La depuración de las aguas y la eliminación de los residuos son quizás los aspectos más acuciantes. Pensemos que contando que cada persona pueda generar 1,5 l de orina, diariamente se deben evacuar 6.300 millones de litros y 840.000 toneladas de excrementos si tomamos una media de 200 g de heces por persona al día. Para hidratarse y sacarse la arena de encima se usan 150 millones de litros de agua dulce por día, y esto precisamente en la estación más seca del año.

No es de extrañar que de las 1.000 playas del litoral mediterráneo en nuestro país no haya más que 170 a las cuales se les otorga el distintivo de calidad de la bandera azul. Esta cualificación se concede a las playas que se distinguen por su buena calidad del agua y los servicios anexos a las zonas de baño.

Alteraciones en los ecosistemas y las costas
Muy pocos son los tramos de la costa del Mediterráneo que presentan un aspecto parecido al que tuvieron antes de la eclosión turística de los años sesenta. Sólo el 25 % de nuestras costas presenta un estado sin alteraciones.
Incluso mantener la arena en las playas es una actividad que puede tener efectos negativos para los ecosistemas marinos. La mayor parte de la pérdida de arena de las playas se debe a la modificación que han sufrido las corrientes marinas por las construcciones en el litoral, especialmente a causa de los puertos deportivos y las escolleras.

El uso de cremas solares y otros productos para la piel supone un importante foco de contaminación de grasas que se dispersan por la superficie del mar. Aparentemente, no se notan pero repercuten en la biología de los peces, a través de las cadenas alimentarias, de la misma forma que pasa con los metales pesados que se expulsan a través de los emisarios submarinos repartidos por todo el litoral.

La playa, un universo vivo
En el litoral de Cartagena, una sola empresa estuvo vertiendo en la bahía de Portman más de 8.000 toneladas diarias de escorias y los residuos ácidos del lavado del mineral de plomo y zinc.

Las arenas de la playa no son un desierto estéril. En primer lugar podemos encontrar plantas que se han adaptado a los ambientes marinos, como el lirio de playa, la correhuela marina o el hinojo marino. Además, pueden nidificar aves como el chorlitejo patinegro o la gaviota de Audouin, así como la lagartija colirroja.

Las playas, a pesar de los problemas ocasionados por la concentración humana, siguen siendo reductos para la flora y la fauna. Aunque sea un medio inhóspito, la playa es un universo vivo comprendido entre la línea de mar hasta más de 100 m tierra adentro.

Resumiendo ...
La playa es mucho más que una masa de arena donde tomar el sol; respetemos su flora y fauna.

Evitemos degradar los roquedos marinos para extraer mejillones.

Evitemos verter basuras en la arena. No abandonemos las colillas de los cigarros, ni los tapones de las bebidas o envases en general.

No queramos llegar con el coche a la arena de la playa. Caminar un poco también es saludable.