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La nueva economía de los materiales




La nueva economía de los materiales
Capítulo 12, "Construyendo una Nueva Economía", de Plan B 2.0: Rescuing a Planet Under Stress and a Civilization in Trouble, de Lester R. Brown

En la naturaleza, los flujos lineales unidireccionales no sobreviven largo tiempo. Ni, por extensión, pueden pretender sobrevivir en una economía en expansión que es parte del ecosistema de la Tierra. El desafío es rediseñar la economía de los materiales de modo que sea compatible con la naturaleza. La economía desechable que se ha estado desarrollando durante la última mitad del siglo pasado es una aberración, ahora dirigida por sí misma hacia el mayor montón de chatarra de la historia.




Una de las claves para reducir el uso de materiales está reciclando el acero. El uso de acero es dominado por el automóvil, los aparatos electrodomésticos y las industrias de construcción.


El gobierno japonés decretó una ley de reciclaje que prohíbe desechar aparatos electrodomésticos tales como lavadoras, TV o máquinas de aire acondicionado.




Una botella de cristal rellenable usada una y otra vez requiere para cada uso cerca del 10% de la energía necesaria en el reciclado de una lata de aluminio.




Además de la extensa dispersión de mercurio y cianuro en el ambiente, las 2.500 toneladas de producción anual de oro requiere el procesado de 750 millones de toneladas de mineral.





La eliminación progresiva del uso de agua embotellada eliminaría la necesidad de millones de botellas y de camiones que acarrean y distribuyen agua. Y sin los enormes subsidios que reciben, podría ser que no tuviéramos envases de aluminio de bebida no rellenables.

Diciembre, 2006. El potencial para reducir el uso de los materiales se ha examinado durante la década pasada en tres estudios específicos. El primero, -Factor Cuatro (Factor Four), de Ernst von Weizsäcker, el ecologista y líder en el Bundestag alemán-, argumentó que las economías industriales modernas podrían funcionar muy eficazmente con un nivel de uso de materias primas que fuera solamente una cuarta parte de la actual. Esta obra fue seguida algunos años más tarde por la investigación del Factor Ten Institute organizado en Francia bajo la dirección de Friedrich Schmidt-Bleek. Concluyó que la productividad del recurso se puede elevar por un factor de 10, de acuerdo con el alcance de la tecnología y la gestión existentes, con los incentivos políticos apropiados.

En el año 2002, el arquitecto americano William McDonough y el químico alemán Michael Braungart publicaron como coautores un libro titulado “Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things” (De la cuna a la cuna: rehaciendo la manera como hacemos las cosas). La basura y la contaminación deben ser evitadas a cualquier coste. “La contaminación,” dice McDonough, "es un signo de un fallo del diseño." 

El acero como principal materia prima
Una de las claves para reducir el uso de materiales está reciclando el acero, el uso del cual empequeñece el del resto de los metales combinados. El uso de acero está dominado por el automóvil, los aparatos electrodomésticos y las industrias de construcción. En los Estados Unidos, de entre los productos basados en el acero, los automóviles son los más reciclados. Los coches son hoy simplemente demasiado valiosos para ser abandonados al moho en chatarrerías del extrarradio.

La tasa de reciclaje de los aparatos electrodomésticos se estima en un 90 por ciento. Para las latas de acero, la tasa de reciclaje de Estados Unidos en el 2003 del 60 por ciento responde en parte a las campañas municipales de reciclaje lanzadas a finales de los 80.

En Estados Unidos, cerca del 71% de todo el acero producido en 2003 era de desecho, y el 29% se producía de material virgen. El reciclaje del acero comenzó a aumentar hace más de una generación con el advenimiento del horno de arco voltaico, un método de producir acero de desecho que utiliza solamente un tercio de la energía necesaria para producirlo del mineral virgen. Y dado que no requiere ninguna explotación minera, elimina totalmente una fuente de impactos ambientales. En los Estados Unidos, Italia y España, los hornos de arco voltaico usados para reciclar explican actualmente la mitad o más de toda la producción de acero.

Es más fácil para las economías industriales maduras con poblaciones estables conseguir la mayoría de su acero de la basura reciclada, simplemente porque la cantidad de acero introducida en su economía es esencialmente fija. El número de aparatos electrodomésticos, de la flota de automóviles y de edificios está aumentando poco o nada en absoluto. Pero para los países que se encuentran en los primeros estadios de industrialización, la creación de infraestructura, -las fábricas, los puentes, los rascacielos, o el transporte, incluyendo los automóviles, los autobúses y los trenes-, deja poco acero para reciclar.

En la nueva economía, las minifábricas de acero de arco voltaico que convierten eficientemente acero de desecho en acero comercial sustituirán en gran parte a las minas de hierro. Las economías industriales avanzadas confiarán sobre todo en los materiales ya introducidos en la economía, más que en las materias primas vírgenes. Para metales tales como acero y aluminio, las pérdidas con el uso serán mínimas. Con las políticas apropiadas, el metal se puede utilizar y reutilizar indefinidamente.

El acero en la construcción y las botellas rellenables
En años recientes, la industria de construcción ha comenzado a deconstruir viejos edificios, desmontándolos en piezas que pueden ser recicladas y reutilizadas. Por ejemplo, cuando PNC Financial Services en Pittsburgh deconstruyeron un viejo edificio céntrico, los principales productos recogidos fueron 2.500 toneladas de cemento, 350 toneladas de acero, 9 toneladas de aluminio y espuma de las tejas. El cemento fue pulverizado y utilizado para rellenar el sitio, que debía convertirse en un parque. El acero y el aluminio fueron reciclados. Y los azulejos del techo fueron devueltos al fabricante para su reciclaje. Este reciclaje ahorró cerca de US$ 200.000 en tasas para su deposición. Deconstruyendo un edificio en vez de demolerlo permite reciclar la mayoría del material.

Alemania y, más recientemente, Japón están requiriendo que productos como automóviles, aparatos electrodomésticos y mobiliario de oficinas estén diseñados para poderlos desmontar fácilmente y que sus piezas sean recicladas. En mayo del 2001, el gobierno japonés decretó una ley de reciclaje que prohíbe desechar aparatos electrodomésticos tales como lavadoras, televisiones, o máquinas de aire acondicionado. Con los consumidores asumiendo el coste de desmontaje de los dispositivos en forma de un honorario de deposición para las empresas de reciclaje, -que puede alcanzar los US$ 60 para un refrigerador o US$ 35 para una lavadora-, la presión de diseñar dispositivos que puedan ser desmontados de manera fácil y barata es muy fuerte.

Y con las computadoras volviéndose obsoletas cada pocos años por el avance de la tecnología, la necesidad de poder desmontarlas rápidamente y reciclarlas es un desafío primordial para la construcción de una eco-economía.

Al lado de las medidas que animan el reciclaje de materiales están las que animan a la reutilización de productos tales como envases de bebidas. Finlandia, por ejemplo, ha prohibido el uso de los envases unidireccionales de refrescos. La isla Príncipe Edward de Canadá ha adoptado una prohibición similar en todos los envases no rellenables de bebida. El resultado en ambos casos es una aguda reducción del flujo de basura en los vertederos.

Una botella de cristal rellenable usada una y otra vez requiere para cada uso cerca del 10% de la energía necesaria en el reciclado de una lata de aluminio. La limpieza, la esterilización y el reetiquetado de una botella usada requiere poca energía, pero el reciclaje de las latas de aluminio, que tiene un punto de fusión de 660ºC, es un proceso muy intensivo en el uso de energía. Prohibir los envases no rellenables es una opción win-win-win (positiva se mire desde la perspectiva que se mire), - recorta el uso de energía y material, el flujo de basura y la contaminación del aire y del agua.

También significa ahorro de combustible en el transporte, puesto que los envases son simplemente devueltos a las plantas de embotellamiento originales. Si se utilizan envases no rellenables, ya sean de cristal o de aluminio, y se reciclan, entonces deberán ser transportados a una planta donde puedan ser derretidos, reconvertidos en envases y transportados de nuevo a la planta de embotellamiento.

Reagrupando empresas, cambiando políticas gubernamentales
Aún más fundamental que el diseño de productos es el reajuste de los procesos de fabricación para eliminar completamente la descarga de agentes contaminantes. Muchos de los procesos de fabricación actuales se desarrollaron en un momento en que la economía era mucho más pequeña y cuando el volumen de agentes contaminantes no abrumaba el ecosistema. Cada día más y más empresas se están dando cuenta que esto no puede continuar y algunas, tales como Dupont, han adoptado la emisión cero como meta.

Otra manera de reducir la basura es agrupar sistemáticamente fábricas para poder utilizar la basura de un proceso como materia prima para otro. NEC, la gran firma japonesa de electrónica, es una de las primeras multinacionales en adoptar este acercamiento entre varias de sus instalaciones de producción. En efecto, los parques industriales están siendo diseñados por corporaciones y gobiernos para combinar específicamente las fábricas que tienen residuos útiles. Ahora en la industria, como en la naturaleza, la basura de una marca se convierte en el sustento de otra.

Las políticas de abastecimiento del gobierno se pueden utilizar para incrementar dramáticamente el reciclaje. Por ejemplo, cuando la administración de Clinton publicó una orden ejecutiva en 1993 que requería que todo el papel que comprara el  gobierno tendría que contener al menos un 20% de papel residual de post-consumo antes del 1995 (índice que se aumentaba hasta el 25% antes del 2000), creó un convincente aliciente para que los fabricantes de papel incorporaran el residuo de papel en su proceso de fabricación. Puesto que el gobierno de Estados Unidos es el comprador de papel más grande del mundo, éste proporcionó un floreciente mercado para el papel reciclado.

Las nuevas tecnologías que son menos dependientes de materiales también reducen el uso de materias primas. Los teléfonos móviles, que dependen de torres extensamente dispersas o en satélites para la transmisión de la señal, dominan totalmente el uso del teléfono en países en vías de desarrollo, ahorrando una inversión en millones de kilómetros de cables de cobre como hicieron los países industrializados.

La mentira del agua embotellada, la joyería destructora y los subsidios del aluminio
Una industria cuyo valor social está siendo cuestionada por la comunidad ambiental es la industria del agua embotellada. El World Wide Fund for Nature (WWF), una organización con 5,2 millones de miembros, lanzó un estudio en el 2001 impulsando a los consumidores de países industrializados a renunciar al agua en botellas, observando que ni era más seguro ni más sana que el agua del grifo, aunque puede llegar a costar 1.000 veces más.

WWF identificó que en  Estados Unidos y Europa hay más estándares que regulan la calidad del agua del grifo que del agua embotellada. Aunque un brillante proceso de marketing ha convencido a muchos consumidores en países industrializados que el agua en botella es más sana, el estudio de WWF no encontró ninguna prueba de esta afirmación. Para los que viven donde la calidad del agua no es apta para el consumo, como en algunas ciudades del Tercer mundo, resulta mucho más barato hervir o filtrar el agua que comprarla en botellas.

La eliminación progresiva del uso de agua embotellada eliminaría también la necesidad de miles de millones de botellas de plástico y de flotas de camiones que acarrean y distribuyen agua. Esto a su vez eliminaría cierta congestión de tráfico, contaminación atmosférica y el incremento de niveles de dióxido de carbono de la conducción de camiones.

Una breve revisión de los efectos ambientales de la explotación minera de oro también levanta dudas alrededor de si la industria es beneficiosa para la sociedad. Además de la extensa dispersión de mercurio y cianuro en el ambiente, las 2.500 toneladas de producción anual de oro requiere el procesado de 750 millones de toneladas de mineral, -en segunda posición en comparación con las 2.500 millones toneladas de mineral procesadas para producir mil millones de toneladas de acero.

Más del 80% del oro extraído de minas cada año se utiliza para producir la joyería que se usa a menudo como símbolo de status, una manera de exhibir la riqueza de una opulenta minoría de gente del mundo. Birsel Lemke, ecologista turca internacionalmente respetada, cuestiona el futuro de la explotación minera de oro, preguntándose si vale la pena convertir grandes áreas en lo que ella llama "un paisaje lunar." No está en contra del oro en sí mismo, sino contra los mortales químicos, -cianuro y mercurio-, que se dispersan durante el procesado del mineral de oro.

Conseguir un precio de mercado honesto para el oro significa establecer un impuesto para cubrir el coste de limpieza de la contaminación del mercurio y del cianuro de la minería más los costes de restauración del paisaje en las regiones mineras. Tal impuesto, que permitiría que el precio de este metal precioso reflejara su coste completo a la sociedad, probablemente doblaría varias veces su precio.

Otra opción para reducir el uso de materias primas sería eliminar los subsidios que animan su utilización. En ningún sector son mayores que en la industria del aluminio. Por ejemplo, un estudio del Australia Institute divulga que los fundidores en Australia compran electricidad a un precio subvencionado asombrosamente bajo de 0.7-1.4¢ por kilovatio-hora, mientras que otras industrias pagan 2.6-3.1¢. Sin este enorme subsidio, podría ser que no tuviéramos envases de aluminio de bebida no rellenables. Este subsidio al aluminio subvenciona indirectamente líneas aéreas y automóviles, de forma que promueve actividades intensivas en el uso de energía.

Reflejar los costes reales para desmaterializar la economía
La iniciativa política más penetrante para desmaterializar la economía es el impuesto propuesto de quema de combustibles fósiles, un impuesto que reflejaría a la sociedad el coste completo de la minería del carbón y de bombear el petróleo, de la contaminación atmosférica asociada y del desbaratamiento del clima. Un impuesto sobre el carbono conducirá a un coste de la energía más realista, uno que llegará a la economía de materiales intensivos de energía y reducirá el uso de materias primas.

El desafío en la construcción de un sector de eco-economía de materiales es asegurarse de que el mercado está enviando señales honestas y reales. En palabras de Ernst von Weizsäcker, "el desafío es conseguir que el mercado diga la verdad ecológica." Para ayudar al mercado a decir la verdad, no necesitamos solamente un impuesto del carbono, sino también un impuesto de vertido, de manera que ésos que generan la basura paguen el coste completo de librarse de ella.


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Adaptado del capítulo 12, "Construyendo una Nueva Economía", en Lester R. Brown, Plan B 2.0: Rescuing a Planet Under Stress and a Civilization in Trouble (New York: W.W. Norton & Company, 2006), disponible para descarga gratuita y compra en inglés en: www.earthpolicy.org/Books/PB2/index.htm


Lester R. Brown - Earth Policy Institute
www.earth-policy.org