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La Situación del Mundo 2015, un mundo frágil

La última edición de La situación del mundo, los investigadores del Worldwatch Institute traen a la luz una serie de desafíos que ya no podemos ignorar. La energía, el crecimiento económico, los activos inmovilizados, los recursos agrícolas,  los oceános, el futuro del Ártico, las enfermedades de origen animal, las migraciones  y los conflictos socioecológicos son los nueve desafíos que señala el Informe de este año. 

•    Energía y deuda excesivamente costosas
La energía barata es el elemento vital de las economías industriales, pero los combustibles fósiles de fácil extracción y de bajo coste son cada vez más difíciles de encontrar.  Las subidas y bajadas de los precios del petróleo encubren la realidad subyacente de que el costo de su extracción a gran escala en lugares difíciles va en aumento. Los costes de producción han aumentado un 17% anual desde 2002, en comparación con una inflación anual del 2% para la economía en general. Sobre la deuda, Nathan J. Hagens dice: “así como el dinero representa una reivindicación sobre la energía y los recursos, la deuda supone una reivindicación sobre la energía y los recursos futuros”.

Las subidas y bajadas de los precios del petróleo encubren la realidad subyacente de que el costo de su extracción a gran escala en lugares difíciles va en aumento.

•    El problema del crecimiento económico
El crecimiento económico es un factor clave detrás del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desestabilización de los océanos.  “Aunque el crecimiento económico ha proporcionado niveles de vida más altos y empleo para mucha gente, además de ingresos fiscales para los gobiernos, se ha conseguido a costa de agotar los suelos y los acuíferos, degradar las tierras y los bosques, contaminar los ríos, los mares y los océanos, perturbar los ciclos de carbono, nitrógeno y fósforo y otras repercusiones negativas. En resumen, el crecimiento económico no puede considerarse incondicionalmente bueno. Y estos costes ambientales, así como los costes sociales de un crecimiento desigual, pueden ser importantes”, señala Peter A. Victor y Tim Jackson.  “Aunque puede especularse atrevidamente sobre las posibilidades futuras de desacoplamiento absoluto del trasiego de materiales y energía y el crecimiento económico, sosteniendo así que es posible mantener un crecimiento económico sin límites, este tipo de especulación carece prácticamente de respaldo en el registro histórico”, añaden los autores.

•    Evitar los activos inmovilizados
La escasez de recursos y la degradación ambiental están perjudicando el valor de las inversiones en cartera. El caso más publicitado de potenciales activos inmovilizados está relacionado con las reservas de combustibles fósiles: petróleo, gas natural y carbón, que se dejan bajo tierra debido a las políticas internacionales sobre cambio climático. Según una estimación, un presupuesto de carbono que limite el aumento de la temperatura media global a 2 grados centígrados, requiere que el 80% de las reservas de combustibles fósiles permanezcan en el subsuelo y no se quemen, lo que las convertiría en activos inmovilizados.

•    Pérdidas crecientes de recursos agrícolas
La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estima que la demanda agrícola mundial se incrementará en torno a un 60% respecto a la del periodo 2005-2007. Por otro lado, la escasez hídrica es un problema cada vez más imperioso en regiones como China, India, el norte de África y Oriente Medio. Además, en todos los continentes se están perdiendo o degradando los suelos agrícolas y también la atmósfera (tercer recurso fundamental para una agricultura fecunda).

En este capítulo se describe la situación actual respecto al sistema de alimentación mundial. En primer lugar, se estima que unos 805 millones de personas (1 de cada 9) pasan hambre crónica y se prevé que para 2050 el dato aumente un 36%. Por otra parte, las dietas son cada vez más intensivas en grano lo que implica un incremento necesario en cantidad de cereales cultivados. Sin embargo, mientras que la demanda de productos agrícolas aumentaba un 2,2% anual entre 1961 y 2007, la superficie de tierras de labor crecía mucho más despacio: solo un 14% durante todo este período. De manera que la mayor intensificación de cultivos y acuicultura se convierte en un reto para continuar con este nivel para satisfacer una demanda creciente.

Unos 805 millones de personas (1 de cada 9) pasan hambre crónica y se prevé que para 2050 el dato aumente un 36%.

En esta radiografía, también se analiza el papel del agua: casi 500 millones de personas viven en las condiciones límite de escasez (absoluta), mientras que otros 2.000 millones —casi un tercio de la población mundial— viven en países que sufren algún problema de suministro de agua. Se estima que el cambio climático elevará un 40% el porcentaje de población mundial que vive en condiciones de escasez absoluta de agua.

Además de la explotación de los acuíferos a un ritmo más rápido del que necesitan para reponerse, el número creciente de cuencas hidrológicas y el aumento de la superficie de regadío, hay que tener en cuenta la importancia de la llamada “mochila hídrica” o “agua virtual” que supone contabilizar las cantidades de agua necesarias para producir bienes de consumo: por ejemplo, aproximadamente el 76% de los flujos globales de agua virtual está asociado a los productos agrícolas y el 12% a los productos ganaderos. En total, un 88% del agua virtual se dedica a la producción de alimentos.

En cuanto a la tierra, la FAO informaba en 2011 que el 25% de las tierras padece una degradación elevada y otro 8% una degradación moderada. Esta degradación no sólo disminuye la capacidad productiva de las tierras agrícolas, sino que debilitan una defensa clave frente al cambio climático. El quinto informe del IPCC (Panel Intergubernamental de expertos sobre Cambio Climático) señalaba que los cultivos podrían descender entre un 0,2 y un 2% cada década hasta finales de siglo, al tiempo que la demanda se podrían incrementar un 14% por década. 

La escasez de recursos lleva a muchos países a satisfacer sus necesidades alimentarias, o una parte de las mismas, a través de las importaciones: “La dependencia de importaciones de grano es superior al 50% en Centroamérica, donde la tierra es relativamente escasa, así como en Oriente Medio y el norte de África, donde la principal limitación es el agua. (…) África subsahariana importa alrededor del 20% de sus granos, y los países de renta baja y media de Asia importan alrededor del 7%. Japón, cuya riqueza le permite pujar ventajosamente en los mercados internacionales, importa alrededor del 70%”, señala Gary Gardner.

Para el autor, hay algunas soluciones que deben destacarse. Por ejemplo, para combatir la pérdida de alimentos, en primer lugar debería pararse el desperdicio de comida: “En Europa y Norteamérica se desperdician entre 91 y 115 kilos anuales de alimentos por persona, mientras que en el África subsahariana y en el sur y sudeste asiático, este volumen se reduce entre 6 y 11 kilos por persona al año. (…) En los países de renta alta se desperdician casi tantos alimentos (222 millones de toneladas), como se producen en el África subsahariana (230 millones de toneladas)”.

La degradación de las tierra fértiles no sólo disminuye la capacidad productiva de las tierras agrícolas, sino que debilitan una defensa clave frente al cambio climático.

Otras soluciones son: el incremento de la eficiencia del agua (por ejemplo, a través del fomento del riego por goteo y la selección de cultivos por características hídricas de la región), la conservación de las tierras agrícolas, la reducción de la producción de biocombustibles y de carne (pues la industria cárnica consume en la actualidad más de un tercio de la cosecha mundial de cereales, cerca del 36%, además de los altos requerimientos de agua), e insertar el derecho a la alimentación en los acuerdos comerciales internacionales.

•    Deterioro de los océanos
La sobrepesca domina los titulares cuando se trata del deterioro de los océanos, pero la acidificación oceánica, el vertido de nitrógeno y la contaminación por plásticos son también problemas graves. En cuanto a la pesca insostenible, Katie Auth, comenta que “aunque sigue resultando difícil evaluar con exactitud el tamaño y el buen estado de las poblaciones de especies marinas, las estimaciones indican graves impactos provocados por la sobrepesca. El porcentaje mundial de recursos marinos evaluados que la FAO considera que se están explotando «dentro de niveles biológicamente sostenibles» cayó del 90% al 71% entre 1974 y 2011. El 86% de este 71% está explotado a su máxima capacidad pesquera (totalmente explotadas), lo que significa que no es posible incrementar sosteniblemente los niveles de captura”.  

Por otra parte, la acuicultura es parte de la solución, pero sigue suscitando preocupantes cuestiones sobre sostenibilidad como la captura de especies marinas para piensos y aceite de pescado, utilizados como alimento en acuicultura, así como sus impactos sobre las poblaciones salvajes y la posibilidad de propagación de enfermedades y de que los peces que escapan de las granjas intensivas alteren la dotación genética de las poblaciones en libertad.

Respecto al cambio climático, los océanos constituyen uno de los principales sumideros globales de carbono, pero este ritmo de absorción está disminuyendo por saturación, cambiando a su vez las propiedades físicas, químicas y biológicas de los mares. Esta situación genera dos efectos. En primer lugar, el calentamiento de los mares y océanos: “En 2012, la temperatura de la superficie marina alcanzó sus niveles más elevados en 150 años, seguida de cerca por la registrada en 2013. […] El aumento de las temperaturas oceánicas ya está teniendo inmensos y complejos impactos sobre los ecosistemas marinos”, señala Katie Auth. Una realidad que interactúa por otra parte con el vertido de residuos plásticos que acaban en la cadena trófica. Una amenaza que tiene visos de incrementarse al fundirse el hielo del Ártico donde existen unos niveles de concentración de microplásticos que superan con creces a los de las aguas superficiales. 

El aumento de las temperaturas oceánicas ya está teniendo inmensos y complejos impactos sobre los ecosistemas marinos.

El segundo de los efectos es la acidificación de los océanos como consecuencia de la absorción excesiva de dióxido de carbono, que supone una grave amenaza para la vida marina: “La acidez de las aguas libres superficiales ha aumentado alrededor del 30% desde el comienzo de la Revolución Industrial. De continuar las emisiones a los niveles actuales, la acidez de las aguas superficiales oceánicas podría incrementarse casi un 150% para 2100”, aventura la autora del capítulo.

Entre la soluciones a la problemática de los océanos, se proponen algunas iniciativas de conservación destinadas a mejorar la resiliencia de los sistemas. En primer lugar, proteger las áreas marinas puede aumentar la resiliencia al reducir o eliminar la presión pesquera, favoreciendo con ello la capacidad de los ecosistemas para responder al calentamiento y a la acidificación. En segundo lugar, cambiar las políticas pesqueras para eliminar equipos y artes de pesca que destruyen los hábitats del fondo del mar y capturan especies accesorias, pueden reducir la presión. En tercer lugar, reformar nuestro sistema energético global para reducir drásticamente el consumo de combustibles fósiles tendría unos impactos positivos inmensos sobre el océano.

•    ¿De quién es el Ártico?
Las temperaturas están aumentando en el Ártico más y más rápido que en ningún otro lugar de la Tierra. El calentamiento del entorno ha venido acompañado de un creciente interés económico y político por el Ártico, dado que al haber menos hielo aumentan las posibilidades de navegar y extraer recursos, en particular combustibles fósiles.  Esto da lugar a lo que se conoce como paradoja del Ártico: el calentamiento global asociado a la quema de combustibles fósiles lleva a la extracción de nuevas fuentes en el mismo Ártico. Esto lo convierte en uno de los campos de batalla más importantes en la contienda climática.

En este capítulo, Heather Exner-Pirot subraya el incremento de temperaturas y la disminución de superficie con hielo. La fusión de hielo marino está teniendo un efecto de realimentación positiva sobre el clima regional al reducirse el potente efecto reflector del hielo y la nieve. Pero, a su vez, este calentamiento del Ártico supone también un calentamiento del permafrost terrestre liberando grandes cantidades de metano, un gas con un potente efecto invernadero. Por último, la autora señala que la contienda en torno al Ártico se hace de espaldas a los pueblos originarios que allí viven, como en una especie de Salvaje Oeste, repitiendo esquemas anteriores. 

Las temperaturas están aumentando en el Ártico más y más rápido que en ningún otro lugar de la Tierra.

•    Propagación de enfermedades de animales a humanos 
El crecimiento demográfico y los cambios en los usos del suelo han empujado los asentamientos humanos más cerca de las poblaciones silvestres de animales, aumentando la exposición humana a enfermedades infecciosas. Cerca de dos tercios de las enfermedades infecciosas humanas como el SIDA, la gripe aviar y el ébola se origina en los animales: concretamente, más del 60% de las 400 nuevas enfermedades infecciosas humanas que han aparecido en los últimos 70 años, señalan Catherine C. Machalaba, Elizabeth H. Loh, Peter Daszak y William B. Karesh.  El salto de agentes infecciosos para el ser humano se ve facilitada por la degradación ambiental. La alteración humana de los ecosistemas, especialmente, con el crecimiento poblacional y los cambios en los usos del suelo (que aumentan el contacto entre poblaciones humanas y animales), y la intensificación de la ganadería y el uso de antibióticos en la cría de ganado.

•   Migrantes y refugiados climáticos
El conocimiento acerca de cómo las perturbaciones climáticas afectarán a las comunidades y personas en todo el mundo sigue siendo limitado, incluyendo el número de personas que puedan verse abocadas al desplazamiento forzoso y cómo logarán adaptarse a ello. Según François Gemenne, autor de este capítulo, los desastres meteorológicos desplazaron a unos 140 millones de personas –un promedio de 23 millones de personas al año– entre 2008 y 2013.

Se muestran 3 tipos de impactos del cambio climático que pueden generar flujos migratorios significativos. En primer lugar, la subida del nivel del mar. Se prevé que el nivel de los océanos suba hasta un metro a finales de siglo y son las zonas costeras y los deltas fluviales las regiones más pobladas de la Tierra. En segundo lugar, los cambios en los patrones de precipitación y el estrés hídrico asociado, generan otro tipo de efectos como la pobreza y la inseguridad alimentaria, pero estas causas de la emigración por alteración climática dependen del contexto socioeconómico del país y por tanto, de si sus habitantes tiene la posibilidad real de migrar o no.

Portada del libro publicado por RBA de Elisabet Silvestre.

En tercer lugar, se puede hablar de que la intensidad de los riesgos naturales aumenta. Se prevé que los fenómenos meteorológicos extremos como huracanes y tornados sean más intensos debidos al cambio climático. Antes se pensaba que las migraciones a causa de estos episodios eran temporales y se realizaban dentro del mismo país, pero en las últimas experiencias de este tipo, como el huracán Katrina, la tercera parte de la población de Orleans nunca regresó a la ciudad. La conclusión es que los desplazamientos por motivos ambientales no pueden desligarse de factores socioeconómicos de esas poblaciones y que, en la actualidad, los cambios ambientales están produciendo tanto migraciones voluntarias como desplazamientos forzosos.

 

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Artículo elaborado por FUHEM Ecosocial, una organización que analiza las tendencias y los cambios que configuran nuestro tiempo desde una perspectiva crítica y transdisciplinar alrededor de tres grandes temas: la sostenibilidad, la cohesión social y la democracia. Esta entidad es responsable de la edición en castellano del informe  La Situación del Mundo 2015, publicado por Icaria editorial. FUHEM Ecosocial aporta a este informe un apéndice sobre a la actividad extractiva en Latinoamérica. Fotos: Fundación Tierra.

actualizado: 
03/11/2015
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