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La vegetación integrada en los edificios




La vegetación integrada en los edificios


Las fachadas verdes convierten los edificios en espacios vivos. En la imagen, vemos el muro vegetal diseñado por el paisajista Patrick Blanc, en el museo parisino Quai Branly. A la derecha, un detalle de las 15000 plantas que lo forman. Fuente: Musée du Quai Branly / Yves Bellier.


Muchos arquitectos están incluyendo la naturalización de las estructuras de construcción, sobretodo cuando se trata de edificios tan alejados de la escala humana como los rascacielos, La imagen es del proyecto Editt Tower de Kenneth Yeang.


La arbolescultura es una técnica para crear espacios, vallados u objetos, como sillas y bancos, con materiales vivos. En la imagen, pequeñas "casas" formadas por árboles vivos, realizadas tras un trabajo de años de guiar el entramado de ramas durante su crecimiento.


Cualquier espacio, incluso en plena ciudad, puede vegetarse y convertirse en un ejemplo de la fertilidad de la naturaleza y aportar aire puro e incluso alimentos.


En el entorno urbano, donde se tiende a perder el contacto con los ritmos y beneficios de la naturaleza, incorporar vegetación se convierte en una necesidad. Desafortunadamente, la presencia de verde en el espacio urbano se ve reducida a unos pocos espacios (la Unión Europea recomienda 20 m2 de vegetación por habitante, mientras que en ciudades como Barcelona no se llega a los 8 m2 de verde por persona. Sin embargo, de vez en cuando nos sorprende y alegra la vista la frondosidad de un balcón con sus plantas colgantes, o todavía es posible en una gran ciudad hallar un espacio de calma y frescor junto a un pequeño parque con árboles, agua y tierra. Esas sensaciones nos demuestran que el verde debería estar más presente en nuestras vidas. Muchas personas ya han comprobado los beneficios de tener plantas en sus casas o en sus lugares de trabajo y se sabe que la vegetación tiene toda una serie de propiedades beneficiosas para el lugar donde se encuentra. Según algunos estudios, la temperatura encima de zonas plantadas con vegetación es entre 1 y 2.25 ºC inferior a la temperatura ambiente, y la envoltura vegetal en fachadas expuestas a los vientos podría mejorar el aislamiento hasta en un 8 %, por el efecto de cámara de aire entre las hojas y la pared, y la protección frente a la humedad provocada por la lluvia. 
Por ello, nada resulta más adecuado que la incorporación de vegetación en los edificios. Un edificio que integre el verde se convierte inmediatamente en un espacio vivo, que genera impactos positivos para su entorno y sus ocupantes, y que regenera una pequeña parte del territorio para la vida natural que estaría ocupando.


Propiedades beneficiosas de la vegetación
La vegetación tiene una serie de características que permiten mejorar el comportamiento de los edificios y hacen que mejoren las condiciones ambientales a su alrededor:

• Regula la temperatura (mejora el “microclima”). Las plantas pierden agua hacia el medio mediante la evapotranspiración. En ese cambio de fase se utiliza el calor del aire del entorno, de modo que además de aumentar la humedad ambiental se disminuye la temperatura del aire. En entornos cálidos, la presencia de vegetación puede llegar a refrescar la temperatura de 1 a 5 ºC. Se calcula que una reducción de 5 ºC de la temperatura exterior adyacente podría suponer ahorros en refrigeración de cerca de un 50 %.

• Proteción contra el ruido. Con grosores de vegetación suficientes, las formaciones o barreras vegetales pueden tener un cierto efecto de amortiguación del ruido, actuando como pantallas acústicas.

• Mejora de la calidad del aire. Al realizar la fotosíntesis, las plantas proporcionan O2 y absorben CO2, renovando el aire del entorno. Se calcula que una hectárea de vegetación típica puede absorber 7.500 kilogramos de CO2 cada año. Por otro lado, la vegetación también actúa sobre la contaminación, tanto porque en el sustrato o suelo que las mantiene se depositan partículas y metales pesadps que son aprovechadas o metabolizadas por la microflora del suelo (hongos y bacterias) como porque sobre las mismas superfícies foliares se precipitan esas partículas que la planta absorberá y fijará en sus tejidos, secuestrando así contaminantes como el plomo, el cadmio u otros metales pesados, que de otro modo permanecerían en suspensión en el aire. 

• Ventilación natural y protección del viento. La presencia de vegetación genera brisas que refrescan el ambiente alrededor de las viviendas: al refrescar la temperatura se genera un flujo de aire, ya que el desequilibrio entre pequeñas masas de aire a diferente temperatura, y por tanto diferente densidad, genera esta circulación natural. Además, la vegetación (árboles, arbustos) actúa como barrera contra el viento en el caso de orientaciones muy expuestas a fuertes vientos. Se trata de una barrera porosa que reduce la velocidad del viento creando pocas turbulencias. Incluso las enredaderas o vegetación cercana a las paredes reducen la velocidad del viento en la proximidad del muro.

• Protección solar y aislamiento térmico. Los  elementos vegetales pueden actuar como protecciones contra las ganancias excesivas de calor provocadas por los rayos solares, ya que la vegetación obstruye, filtra y refleja la radiación solar. En algunos casos se puede llegar a evitar del 50 al 90% de la radiación incidente. Algunos ejemplos son los de las parras y enredaderas sobre las paredes, que ofrecen sombra y disminuyen las ganancias de calor tanto por radiación como por conducción. Esto es debido a que se evita el impacto de la radiación directa y a la vez se reduce la temperatura del aire adyacente al muro. Por otro lado, en invierno, las especies perennes protegen la pared de las pérdidas de calor, y el efecto aislante podría llegar a ser de un 30 %.
Resulta interesante el uso de vegetación de hoja caduca para proteger las ventanas o aberturas, ya que entonces en verano las hojas convierten el alero en una estructura opaca, y proveen de sombra, y al caer en invierno dejan pasar la luz (a diferencia de los aleros fijos). En ventanales que dan a balcones o terrazas, los aleros pueden adoptar la forma de pérgolas o porches y crear así espacios sombreados y frescos para estar. Este sistema seria el del tradicional emparrado con vid, aunque se podria emplear cualquier enredadera, incluso ornamentales.

• Protección estructural. Todavía se tiende a percibir que la vegetación puede estropear las fachadas, conllevar problemas de humedades, etc. Sin embargo, muchas veces se trata de una excusa para no admitir la poca voluntad de mantener esos sistemas, o de realizar un buen diseño para incorporar plantas en el edificio, cuando todavía lo que prima es el coste económico de los proyectos, la rapidez de ejecución y la falta de comunicación con los usuarios de los edificios. Es obvio que el peso y sujeción de la vegetación integrada en los edificios siempre se tendrá que tener en cuenta. Pero, en oposición a la percepción de que las plantas deterioran la fachada,hay quién defiende lo contrario, ya se cree que las enredaderas en fachada pueden proteger los materiales constructivos del deterioro causado por los rayos ultravioleta y  el ácido carbónico.

• Mejora estética. Aunque para gustos los colores, en general se puede admitir que, para la mayoría de las personas, una fachada vegetada es más bella que una medianera cubierta por una pared de aguas o una capa de aislamiento proyectado.

• Hábitat para fauna. La vegetación ofrece descanso y alimento a insectos y aves que pueden, como los humanos, mejorar su calidad de vida pese a estar en la ciudad.



Cubiertas y fachadas verdes
Las cubiertas vegetales son el sistema más sencillo y de menor mantenimiento para integrar el verde en los edificios. Se trata de sistemas de cubierta que incluyen un sustrato y vegetación, de manera que en cierto modo se recupera en cierto modo el espacio ocupado por el edificio, que pasa a ser verde. aumentan considerablemente el aislamiento de la cubierta gracias al aprovechamiento tanto de las propiedades térmicas de la tierra como de la mejora del microclima que provocan las plantas. Las hay de vegetación humilde (extensivas) y otras que incorporan una cantidad elevada de biomasa.
Cuando se recubren los muros con enredaderas, se añade un interès estético a la fachada además de proporcionar las funciones de sombra o aumento de la humedad y el frescor anteriormente mencionadas.

Algunas enredaderas clásicas son la vid, la hiedra, las clematis o la madreselva. Conviene escoger plantas adecuadas a la climatología del lugar, para así facilitar su mantenimiento y que no sufran por exceso de calor o heladas, de modo que la fachada verde siempre luzca un buen aspecto. Además de su capacidad de cubrición, las combinaciones de coloraciones de follaje y las distintas floraciones convertiran la fachada en un atractivo variante con las estaciones.
 Las enredaderas pueden llegar a cubrir fachadas enteras, en función de sus requerimientos de radiación solar. Las de crecimiento más vigoroso pueden crecer de 3 a 4 metros en un año. Algunas se encaraman por las fachadas (especialmente las de ladrillo o piedra vista) mediante las raíces adventicias, zarcillos y secreciones adhesivas que producen. Otras, para su crecimiento necesitan soportes (http://www.mobilane.es ) de materiales diversos como la madera, alambre, hierro, plástico o acero, tipo celosía, cables, tensores o estructuras similares. Esto permite también guiarlas y controlar las zonas donde no se desea que lleguen y evita definitivamente los riesgos de deterioro de la fachada, aunque se cree que el deterioro sólo sucede en fachadas o materiales ya en mal estado, que acaba de afectar las plantas. Aunque no está totalmente comprobado el efecto aislante de esta vegetación en fachada, se cree que protege de las condiciones meteorológicas y de la radiación solar, además de otorgar el resto de propiedades beneficiosas de la vegetación respecto a calidad del aire. En algunos casos, como el de la vid, además puede proporcionar frutos.
El peso de la vegetación se tendrá que tener en cuenta en el dimensionamiento de las sujeciones y el cálculo de estructuras: se calcula que, según la especie y el crecimiento, el peso de las enredaderas puede variar entre 1 y 50 kg/m2, y que la presencia de rocío, lluvia o nieve duplican el peso de una planta caduca y triplica el de una perenne. También se debe considerar la fuerza del viento y del propio crecimiento de las plantas, y se recomienda dejar un espacio de unos centímetros entre el soporte de las plantas y el muro para permitir la circulación del aire.
Existen sistemas en los que ya no es preciso esperar a que crezcan las plantas, pues se comercializa el soporte con enredaderas cubrientes incluidas a punto para ser plantadas.

Otros casos son los de fachadas verdes como tales, en los que la estructura del edificio ya incorpora un sustrato para el crecimiento de las plantas, como sucedía en las cubiertas verdes, pero en vertical. El sistema tiene la particularidad de permitir el crecimiento de una vegetación colgante diferente de las trepadoras, y de aprovechar también las capacidades aislantes y de inercia térmica del sustrato de tierra. 


Las plantas como una componente más de la construcción bioclimática
Hay cada vez más proyectos en los que se integran las plantas en la estructura del edificio, no ya como una piel o fachada verde, sino como parte integral de la construcción. Así, el concepto de biomímesis impulsado por Jorge Riechmann (la idea de que las creaciones humanas imiten las de la naturaleza), ha inspirado a arquitectos como Ken Yeang. Yeang proyecta rascacielos bioclimáticos que incorporan el ajardinamiento de las fachadas de modo que la vegetación se mezcla con las estructuras, dando forma a diferentes ecosistemas escalonados. La vegetación es uno de los pilares de estas creaciones, no un complemento. El primer objetivo es, por un lado, recuperar la biodiversidad mediante la incorporación de especies vegetales autóctonas, ausentes en ese terreno urbano. Esa vegetación resulta adecuada al entorno y necesita menos riego, menos mantenimiento y menos fertilizantes. El segundo objetivo, es aprovechar las capacidades de mejora de las condiciones ambientales de las plantas. Por ello, también se incorporan especies no autóctonas siempre que aporten beneficios, como por ejemplo sus propiedades como captadoras de contaminantes. En estos proyectos, como el de la “Editt Tower” la incorporación de vegetación cuidadosamente planificada es parte fundamental del funcionamiento pasivo del edificio. Algo similar sucede en el singular proyecto “Flower Tower” de Edouard François, que emplea bambú plantado como elemento básico en la fachada.

Viviendas con raíces: construcciones realizadas con vegetación
La caña viva (pleaching en inglés) es una técnica de creación de espacios para vivir o estar en la que se toman cañas vivas, sin cortarlas, se unen y atan para formar la estructura deseada. Se doblan suavemente las cañas en grupos de 5 ó 6, generando arcos con la tensión suficiente y la repartición de fuerzas de manera que se crean estructuras muy resistentes. Entonces las cañas se pueden cubrir con piedra, yeso o barro. Se puede crear así un espacio vivo, que puede quedar más o menos abierto (si se incorporan otras plantas, o se reboza parcialmente con arcilla) que no emplea materiales o energías foráneas. Se utiliza para formar arcos, porches, entramados, pantallas…

Por otro lado, en la llamada “arbolescultura” se guía el crecimiento de arbustos y árboles para crear estructuras y objetos como sillas, vallas, o incluso casas hechas de material vegetal vivo y en crecimiento.

Diferentes arquitectos han investigado y desarrollado las posibilidades de creación de espacios naturalizados, como las casas rurales del nombrado Edouard François junto a Duncan Lewis. Otra moderna propuesta basada en esta idea es la de la casa árbol del proyecto Fab Tree Hab. Se trata de una casa cuya estructura son troncos de árboles vivos, idealmente autóctonos, aunque se recomiendan especies como el nogal o los olmos. Con el paso del tiempo, y convenientemente guiados, vigilando los trenzados y curvaturas necesarios, se iría formando la casa deseada.  El entramado de ramas que daría forma a la casa se acabaría de cerrar con un revoco de arcilla y paja que se debería reaplicar anualmente, adaptándose al crecimiento de los árboles -  casa. Un acabado de cal protegería de los parásitos. Por otro lado, en las ventanas se utilizaría un tejido de soja, que se adaptaría al crecimiento de la casa, en sustitución de los cristales habituales.
El proyecto también prevé que la vivienda sea totalmente autosuficiente en cuanto al uso de agua, energía y reciclaje de residuos, incluido el compostaje para reciclar los residuos humanos, que se reincorporarían para fertilizar el crecimiento del árbol. La estructura vegetal refrescaría de manera natural las estancias. Según esta propuesta, en un clima tropical la casa se completaría antes, mientras que en climas fríos el crecimiento del árbol sería más lento y se tardaría más en poder ocupar la casa con sus dimensiones definitivas. Está prevista la construcción de un prototipo en California para aplicar el sistema.

El arquitecto paisajista alemán Rudolf Doernach ya utilizó estas técnicas, dentro de lo que él llamó la biotectura, o la creación de espacios vivos y autosuficientes para ser habitados, que demuestren que es posible una complicidad o servicio mutuo entre los humanos y la naturaleza.


Cultivo urbano y balcón comestible
El cultivo de alimentos en las ciudades es un paso hacia el reequilibrio entre campo y ciudad, y permite una reconexión con los ciclos de la naturaleza. Además de los huertos en espacios públicos, es posible cultivar en terrazas, balcones, o cubiertas verdes preparadas para ello. Ya sea en jardineras, en mesas elevadas, en cualquier recipiente reciclado o incluso en pequeños invernaderos alojados en ventanas soleadas. Un concepto brillante es el del balcón comestible, un rincón biodiverso y rico en el que producir alimentos a una escala familiar, viviendo los ciclos naturales. El diseño se realiza para aprovechar al máximo el espacio, haciendo crecer vides y enredaderas por las paredes y techos, utilizando macetas en forma de pirámide escalonada, cestas colgantes, bidones con orificios laterales, mesas-huerto, y jardineras o tiestos realizados a partir de materiales reciclados.
Lo ideal sería que se aplicaran criterios de cultivo ecológico y se controlaran las plagas mediante métodos naturales (recogida manual, barreras, uso de plantas aromáticas como repelentes de insectos…). También se podría aprovechar el agua de lluvia para regar las plantas y hacer compost o vermicompost con los restos de las plantas y de la cocina, que después se devolvería a la tierra.
Si se cultivan hortalizas, plantas aromáticas y medicinales, y plantas ornamentales, un rincón comestible permite obtener alimentos frescos, mejorar la estética de los edificis y su microclima y acerca a los ocupantes de la vivienda a los ritmos de la  naturaleza.
El rincón comestible también se podría poner en práctica en los espacios vecinales comunitarios, en los que se podría incluir vegetación y destinar una parte a la producción compartida de alimentos.


Todas estas ideas resultan, sin duda, inspiradoras. Podríamos imaginar los beneficios de disfrutar, en plena ciudad, de metros y metros de fachadas urbanas llenas de vegetación, con función tanto ornamental y de provisión de frescor y sombra, como de producción de alimentos. Los residuos de poda, hojas secas, y restos de alimentos de las viviendas se volverían a aprovechar, cerrando el ciclo como sucede en la naturaleza. Viviríamos es un bosque, participando de los ciclos naturales, sin tener que escapar de una ciudad gris cada viernes buscando algo de aire puro.

En todo caso, no hay que olvidar que nada de esto es posible si los ocupantes de los edificios no valoran o respetan la vegetación y no se implican en su cuidado. Son muchos los ejemplos fallidos en los que la vegetación incorporada en los proyectos ha tenido una vida muy breve. Por ello, seguramente todavía es necesario un avance en la cultura ambiental de la sociedad que  nos haga más respetuosos con todo aquello que nos rodea en el día a día, antes de que estos proyectos sean valorados y funcionen en la práctica. Además, sin duda estos edificios verdes, en los que los ciclos se cierran y se genera más energía de la que se produce, todavía son una utopía alejada de la triste realidad de la construcción actual. Sin embargo, también se pueden tomar como una inspiración o meta a largo plazo, para ir avanzando mientras tanto a pequeños pasos, a pequeña escala, aunque sea poniendo unas macetas en el balcón.


Las cubiertas verdes son la forma más habitual de incorporar vegetación en los edificios, pero la vegetación en fachadas verdes se podría disfrutar y aprovechar aún más. Para ello, sin embargo, es necesario que todos demos un paso más en nuestra cultura ambiental y en el respeto hacia los demás seres vivos, para poder valorar e implicarnos en el mantenimiento de las plantas.