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Lamentaciones de un anciano

Hoy hemos talado nuestro último árbol.
Convertiremos su leña en carbón vegetal.
Así lo hicimos ya con todos los árboles que rodeaban nuestro pueblo.
Necesitábamos los ingresos que nos proporcionan.
Ciertamente, ahora no tenemos más árboles.
No teníamos otra opción.

Gracias a nuestro último árbol sobreviviremos durante algunas semanas.
Es un trabajo duro hacer y mantener una carbonera.
El humo que esparce nos quema los pulmones.
Pero antes de poder carbonear la leña esta debe secarse durante un año.
Ahora era el momento de hacerlo.
No teníamos otra opción.


Foto de Yann Arthus-Bertrand del film HUMAN.

No había ningún problema para cortar nuestros árboles
Tan sólo debíamos plantar pequeños arbolitos como hicimos.
Pero las cabras se comieron la mayoría de nuestros retoños.
Lleva décadas hasta que una semilla se convierte en un árbol.
Ahora no hay continuidad.
¿Teníamos otra opción?

Nuestros vecinos hicieron lo mismo.
A ellos les quedan algunos árboles.
No tienen suficiente para compartirla.

Ellos tambien habían plantado pequeños arbolitos.
Pero sus plantitas se secaron.
No las cuidaron.

Anteriormente habían muchos árboles en nuestros pueblos.
Cortábamos sólo sus ramas secas que empleábamos para cocinar.
Después comenzamos a cortar árboles y más árboles.
Podíamos así producir carbón vegetal y disponer de más ingresos, para nuestros hijos.
No nos dimos cuenta que estábamos sacrificando los árboles de las futuras generaciones.
Confiábamos en que siempre habría árboles.

Hubo personas que nos advirtieron del peligro del carbón vegetal.
Nos reímos sin vislumbrar lo que se nos avecinaba.
Había tantos árboles en nuestro pueblo.
Estábamos convencidos que crecerían de nuevo.
El carbón vegetal nos aportaba ingresos.
Los necesitábamos para nuestros hijos.

Al principio no apreciamos casi ningún cambio.
Pero en el paisaje cada vez faltaban más árboles.
Ahora ya no se divisa ningún árbol en todo el horizonte.
Nuestros antepasados ​​nos legaron una tierra con muchos árboles.
Hoy hemos perdido aquel patrimonio.
Nuestros hijos nos reprenden.

Resulta terrible ver nuestro pueblo sin árboles.
Falta la sombra de las copas que enfría el suelo.
No hay hojas que capten las gotas de lluvia.
No hay árboles para sostener el suelo que azota el viento.
La lluvia ya no se infiltra en el suelo.
El agua se abalanza sobre el suelo y se lleva la tierra.

Hubo personas que nos aconsejaron usar cocinas solares.
Para cocinar, freír, hornear, conservar.
Pero sólo teníamos preguntas:

Mujer acarreando leña para cocinar en Zanzibar. Foto: Fundación Tierra.

¿Qué hacer cuando no brilla el sol?
¿No podremos comer después del ocaso?
¿Es realmente posible mantener la comida caliente en una canasta?
¿Y guisar legumbres casi sin combustible?

Nos aconsejaron el uso de buenas estufas que casi no consumen leña seca.
La leña seca no daña los pulmones.
Nos contaban que podíamos construir plantas de biogás.
Pero no sabíamos como emprender estas cosas.
Hacer carbón vegetal era lo que sabíamos hacer a la perfección.
Y ahora no tenemos más árboles.

¿Por qué hemos perdido tanto tiempo?

Quizás estemos a tiempo y es el momento para cambiar el rumbo.
Nos proponemos convertir nuestro pueblo en un jardín.
Nos instruimos para construir dispositivos solares.
Nos esforzamos para plantar árboles nuevamente y cuidarlos con pasión

Nos comprometemos a asegurarnos que nuestros nietos heredarán árboles,
y les enseñaremos a cuidarlos como un regalo del cielo.

Artículo elaborado por el Dr. Dieter Seifert, autor de los hornillos de leña eficientes, que en este intenta de forma poética expresar la desesperación por ver como el continente africano no apoya la tecnología apropiada para luchar contra la crisis de la leña como expresaba en su artículo "Traditional charcoal in Africa"

actualizado: 
16/06/2017
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