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Pasar a la acción

"No nos basta con cambiar las bombillas y usar la bicicleta... Todos podemos ser los agentes de cambio, pero lo que necesitamos es un cambio de paradigma, un giro radical que convulsione la sociedad". El sistema sigue bien vivo. China sigue siendo el productor barato que fomenta el consumismo salvaje y la huella ecológica del planeta sigue escalando posiciones al igual que lo hace la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. Es evidente que los problemas están identificados. Nunca en la historia de la civilización humana hemos tenido tanto conocimiento como el actual.

Desde hace unas décadas tenemos la oportunidad de ver a nuestra Madre de cuerpo entero en lugar de sentirla como zigotos en sus entrañas. La Tierra desde el espacio no sólo refleja un mundo sin fronteras, también muestra los países sin desigualdades socioeconómicas letales y no permite apreciar la mayoría de las heridas que está causando el ser humano en su superficie. Desde el espacio tenemos una visión real de como hemos llegado hasta la crisis global que padecemos. Como han advertido diferentes pensadores y divulgado muchos autores como Thom Hartmann la clave está en "experimentar y vivir la unidad absoluta de todo, ya que generamos la fuerza más directa, radical y poderosa de que disponemos para la transformación ecológica del mundo".

Ignorar los procesos vitales del planeta es como ignorar nuestra propia fisiología y apostar por la enfermedad permanente. Es hora de inspirarse en la naturaleza para cambiar el paradigma de nuestra civilización. Desde el espacio podemos ver la maravilla que es nuestro planeta.

Mientras, en esta realidad actual habrá a todas luces una colisión entre nuestra población creciente, con su mayor consumo de provisiones menguantes de vieja luz solar, y nuestra capacidad para mantener a esa población. Además, aunque se descubrieran de pronto nuevas reservas importantes de petróleo (en la industria petrolera hay cada vez más voces que sugieren que pasará esto), o estuvieran disponibles de forma inmediata y generalizada fuentes alternativas de energía como la fusión fría o las células de hidrógeno, su rápida proliferación podría de veras acelerar la destrucción del planeta y provocar la muerte de miles de millones de seres humanos de maneras que pronto resultarán evidentes. “Nuestra cultura dominante es, en muchos aspectos, un culto de muerte. Da la impresión de que a nuestros líderes y creadores de imágenes les encanta la guerra. Utilizan el término para describir acciones que consideramos buenas, como la “guerra contra la pobreza”, la “guerra contra el analfabetismo” o la “guerra contra las drogas”. Irónicamente, en realidad, en los últimos 40 años, nuestra guerra contra los insectos ha provocado un incremento de las pérdidas de cosechas a causa de aquéllos. La guerra antibiótica contra ciertos gérmenes ha generado formas nuevas e increíblemente violentas de bacterias comunes, de fácil transmisión y ahora mortales. Y, desde luego, la guerra humana ha originado muerte y destrucción, una generación tras otra, desde el inicio de las civilizaciones guerreras hace siete mil años”.

Tenemos el potencial innato para salir de la crisis actual y cambiar el paradigma de todos/as los ciudadanos del mundo.

Sin embargo, nunca como ahora hemos tenido el conocimiento para dar un giro copernicano y reorientar nuestro rumbo de la destrucción a la armonía. Algunos expertos dicen que los cambios que se están produciendo en el sistema solar impulsan en esta línea, pero no habrá duendes que nos hagan los deberes mientras dormimos. El verdadero cambio exige una participación colectiva con consciencia. No será por falta de ideas!!. Como plantea Annie Leonard, en The Story of Change también hay que sumar esfuerzos y finalmente pasar a la acción. Sin pasar a la acción nada se materializa.

“Una de las primeras reglas de la vida de las viejas culturas (hoy las consideramos primitivas) es que los seres humanos dependen de su entorno. Cuando se fundaron las ciudades-estado, los entornos –creados por el hombre- de calles y edificios contribuyeron a que olvidáramos nuestra conexión sagrada con la Tierra y todas las criaturas vivas. Entendíamos que nuestro sustento procedía del medio artificial de la ciudad, por lo que nuestros lugares de culto pasaron de la catedral de la naturaleza a los edificios modernos. A la larga, la desconexión espiritual respecto a la naturaleza se volvió tan profunda que las culturas jóvenes llegaron a considerar el mundo como maléfico o “pagano”. Durante siglos, los judíos, los cristianos, los musulmanes, los hinduistas y otras religiones y culturas jóvenes persiguieron y dieron muerte a quienes celebraban ceremonias religiosas al aire libre.

"La vida es la constante experiencia basada en hacer prevalecer el acierto sobre el posible error". Guillermo O. Vetcher en De ahora en adelante.

En la actualidad, nuestras acciones ecológicamente destructivas están enfrentándonos al mundo natural que durante tanto tiempo hemos descuidado o tratado como a un enemigo a someter. Ya es hora de que reconozcamos a los demás seres vivos como iguales a nosotros en cuanto al derecho a vivir en el planeta. Son nuestros hermanos mayores en la historia de la Tierra; están inextricablemente conectados con nosotros y nuestra fuente de vida”. En el momento que se reconoce que dependemos del entorno, que la Tierra es nuestro hogar, como el útero lo es para el feto, entonces, se caen todas las barreras mentales para pasar a la acción. Basta con respetar una sola regla a partir de este momento. “Si bendices un árbol, todos los árboles te bendecirán. Pero bendecir es también dar gracias, respetar y amar, no sólo decir ‘te bendigo’”.

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Un libro interesante para pasar a la acción con consciencia. Puedes adquirirlo en Icaria Editorial.

Bendecir es ser consecuente con lo que se hace. Hoy tenemos una posibilidad de actuar, clara y posible. Guillermo O. Vetcher lo explica de forma clara en De ahora en adelante y Thom Hartmann lo diagnostica en Las últimas horas de la vieja luz del sol con una visión que es heredera de nuestra historia como humanidad: “cuando una persona está mirando a cualquier otra criatura viva a los ojos, está mirando a los ojos del Creador. Esta es una idea más que extraordinaria –y potente que debemos compartir. Entonces la persona puede cambiar gracias a la experiencia, y, a su vez, compartir esto con otra e iniciar el verdadero cambio”.

Las herramientas posibles están en trabajar con una única regla como plantea Vetcher la llamada ley básica del Desarrollo Evolutivo Constante: todo ser humano tiene ante sí la opción de poder alcanzar el nivel de bien-ser-estar que libremente decida, en tanto y cuanto ninguna consecuencia de sus acciones lesione o impida, directa o indirectamente, que otro ser humano nacido o por nacer, pueda disponer del mismo tipo de opción y deber. Con esta se construye la empresa participada y autogestionada organizada en bioregiones.

 

Puedes leer más sobre el tema en los siguientes libros que te recomendamos regalar una vez los hayas leído:

- De ahora en adelante

- Las últimas horas de la vieja luz del sol

- La economía del bien común

Artículo elaborado por el equipo de redacción de terra.org.

 

actualizado: 
11/07/2014
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