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Smart Cities, más allá de la elegancia política

Algunas empresas siguen, como se percibe en el congreso Smart Citiy Expo World (“ciudades inteligentes”) de Barcelona (2015), adoptando una visión estrecha del concepto “ciudades inteligentes”. Una visión reducida centrada en un mejor uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Pero más allá de de la implantación tecnológica para mejorar procesos y gestión, el concepto smart city se definió para dar un nuevo enfoque a la evolución urbana de modo que como sistema se integrara una mejor gestión basada en la eficiencia de las operaciones de la ciudad, pero que a su vez redunde en la calidad de vida de sus ciudadanos y en el desarrollo sostenible de la economía local. En este sentido también hemos apuntado ya la necesidad de que el concepto smart city no puede desligarse del papel de los ciudadanos inteligentes y participativos (smart citizens).
 

La rueda de la inteligencia urbana (Smart wheel)
Para valorar como evoluciona una ciudad que ha apostado por desarrollarse como “ciudad inteligente” existen diferentes metodologías. Una de estas es la del Smart Wheel, una metodología de valoración de las acciones smart que se adoptan y basado en una batería de indicadores que valoran el grado de “inteligencia” de las ciudades. Este se ha construido con aportaciones de diferentes organismos y empresas tales como el Centro de Ciencia Regional en Universidad Tecnológica de Viena, el Índice de Ciudades Verdes desarrollado por la empresa Siemens o el Modelo Territorial, de Buenos Aires entre otros.

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Batería de indicadores de la metodología Smart City.

La mayoría de las ciudades de consideran un reto tener una economía inteligente, prácticas ambientales inteligentes, una gobernanza inteligente, un estilo de vida inteligente, una movilidad inteligente y ciudadanos inteligentes y ecológicos. Dentro de cada una de estas metas o aspiraciones realistas para una mejor habitabilidad de las ciudades el método del Smart Wheel consta de una batería de más de 100 indicadores para facilitar un seguimiento de la eficacia de las acciones específicas desarrolladas en cada programa.

 

Creando una visión de Participación Ciudadana
Son muchas las ciudades que se han volcado para dar participación a la ciudadanía en el proceso de definición de una ciudad más habitable o sostenible. El caso de la definición e implantación de las Agendas 21 locales es ya paradigmático y ha sido seguido por miles de ciudades en todo el planeta. Sin embargo, algunas ciudades han ido más allá y han utilizado las nuevas tecnologías de la información para facilitar precisamente la participación ciudadana en la visión que quieren para su ciudad. Y algunas de ellas han utilizado ya la rueda de la inteligencia urbana. Este sería el caso de la ciudad canadiense de Vancouver que con su programa Greenest City Action ha definido un Plan de Acción para el 2020 y convertir esta ciudad en la más verde o ecológica del planeta con la participación de más de 30.000 ciudadanos (Smart Enviro).

La aplicación del concepto de ciudades inteligentes es evidente que va acompañado del uso de la última tecnología. Sin embargo, esta puede ser ajena a la ciudadanía y controlada sólo por los gestores administrativos. La verdadera implantación del concepto smart requiere de la participación ciudadana como algo imprescindible. Así, software como CivicPlus, ofrece herramientas para intercomunicar y comprometer a los ciudadanos en un diálogo sobre proyectos de la ciudad.

 

Desarrollando puntos de partida, estableciendo objetivos y escogiendo indicadores
Antes de crear indicadores para el logro de una visión de ciudad inteligente, es útil pues situar los indicadores de referencia que se han definido para un determinado ámbito. La rueda de las ciudades inteligentes cuenta con tres motores clave para la Movilidad inteligente: el acceso mixto-modal; la priorización de los medios limpios y no motorizados, y la integración de las TIC.

Cada ciudad tiene sus propias necesidades de movilidad y los problemas dependiendo de la densidad poblacional, la topografía del terreno, las infraestructuras existentes, etc. y por ello las ciudades deben desarrollar sus propios puntos de referencia y objetivos en torno a las metas que se quieren conseguir.

El éxito en la implantación de la bicicleta en Copenhague que ya se inició en 1981, la ciudad no sólo desarrolló su propio plan de ciclismo primero sino que este ha evolucionado para que la bicicleta se forme parte de las metas de un modelo mixto-modal desde 2002.

El prototipo desarrollado por el MIT para ser experimentado en Copenhague que es un motor que incorpora un sofisticado sensor que se instala en la rueda de una bicicleta eléctrica que permite controlar la contaminación, la congestión del tráfico y las condiciones de tráfico en tiempo real mientras el usuario va hacia el trabajo (año 2009).

Antes de establecer un objetivo de futuro, las ciudades deben establecer el punto de partida. Copenhague ha estado monitorizando la implantación de la bicicleta y el uso mixto modal durante décadas. Al cabo de unos años merced a estos datos se puede establecer un verdadero indicador o objetivo para la ciudad. Por eso en el caso de Copenhague se estableció conseguir que el 50% de todos los viajes al trabajo o a la escuela fueran en bicicleta en 2015. A partir de este objetivo la gestión de la ciudad se ha adaptó para impulsar progresos significativos hacia este objetivo. De este modo en 2009 ya había alcanzado el 37%. La implantación de una movilidad inteligente en la que se integren las TIC con la participación ciudadana es un reto todavía no alcanzado. 

 

Impulsar las sinergias
Una ciudad inteligente tiene que estar comprometida con un uso eficiente, multi-modal del transporte. Así, y debido a los nuevos desarrollos industriales algunas ciudades se han planteado apoyar la implantación de los vehículos eléctricos (EV) creando infraestructura para la carga de EV por toda la ciudad. Sin embargo, y tal como se ha comprobado no se consigue una verdadera implantación de vehículos eléctricos sólo estableciendo estaciones de recarga en lugares determinados. No por eso va a crecer la cantidad de compras de vehículos EV por parte de los ciudadanos para que vayan a trabajar o de compras.

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Un vehículo eléctrico de la flota Autolib de Paris. Foto: Fundación Tierra.

Por ejemplo, en París se ha implantado el Autolib o flota de coches públicos eléctricos que se recargan de acometidas eléctricas en la calle y pueden ser usados como si se tratara de un servicio asimilable a la bicicleta colectiva. Otras ciudades como Barcelona han puesto algunas estaciones de carga para vehículos eléctricos. Pero el verdadero objetivo de una ciudad inteligente no es promover acciones innovadoras pero inconexas para una determinada movilidad, sino que estas se enmarquen dentro de una estrategia de participación. Sólo de este modo las inversiones de una determinada tecnología como la del vehículo eléctrico puede ser revolucionaria.

En Barcelona, hay contabilizados 183 puntos de recarga para vehículos eléctricos que a penas se utilizan por la casi nula presencia de este tipo de vehículos. Por cierto que en el recinto del Smart City Expo World 2015 no hay ningún punto de recarga para acceder con vehículo eléctrico!.

En este sentido una verdadera ciudad inteligente apoyaría como proyectos motivadores aquellos en los que los ciudadanos se vean involucrados (no sólo simples usuarios) por ejemplo de vehículos eléctricos. Un verdadero proyecto inteligente es aquel que crea sinergias, o sea aquellos en los que la ciudadanía observa, siente y experimenta los beneficios de estos vehículos gracias a que son silenciosos, no contaminantes (localmente) y de fácil manejo. De modo que impulsar empresas de la ciudad que usen vehículos eléctricos para el reparto de mercancías, para taxis, para limpieza urbana, etc. es la clave para que se aprecie realmente su interés (lo cual no excluye otras medidas de tipo promocional como los puntos de recarga antes mencionados).

 

El movimiento de ciudades inteligentes (Smart Cities) seguro que crecerá como en su día lo hicieron las ciudades por la Agenda 21. Y si bien es cierto que se ha evolucionado algo en la implantación de la sostenibilidad urbana los últimos 20 años sólo se dará un paso decisivo cuando se apliquen medidas de participación ciudadana verdaderamente activas y no puramente representativas. La Rueda de Ciudades Inteligentes es una buena herramienta en este sentido pues establece indicadores que implica a los ciudadanos, a los gestores municipales, a los políticos y al sector privado.

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