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Submarinismo





Submarinismo
seca67b_la pesca submarina
Si no hacemos algo al respecto, pronto sólo podremos observar la belleza de los fondos marinos en los acuarios.

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Los mismos submarinistas provocan la regresión de las poblaciones de peces de costa.

Un gran banco de peces
No hace ni cuarenta años el mero vivía a 15 m de profundidad porque aprendió que los pescadores a pulmón libre no solían sobrepasar esta marca. Actualmente, el mero no vive a menos de 30 m y es un pez escaso. Una situación similar padece el coral, que en muchas áreas ha sido diezmando. La belleza de los fondos marinos exige una actitud respetuosa por parte de los buceadores dada la gran cantidad de practicantes que ha experimentado esta actividad.

Impacto en la fauna submarina
El impacto ambiental del escanfadrismo no viene tanto determinado por la actividad de cada buceador de forma aislada sino que es el resultado de la suma de multitud de efectos individuales, especialmente, en determinados puntos y donde habitan especies sensibles. Tomemos por ejemplo la recolección de determinados organismos, especialmente, de esqueleto cálcico como las gorgonias o los corales, por no decir grandes moluscos tipo caracolas, etc. En general, son especies de crecimiento muy lento por lo que su recolección supone acabar en un segundo quizás con años de lento crecimiento a un ritmo de 1 cm por año como se da en las gorgonias.

En general, hay que insistir en la idea que el impacto del escanfadrismo es una cuestión de continuidad sobre un mismo espacio. Alimentar a determinados peces para tener una mejor visión de los mismos no es un problema en si mismo, sin embargo, en zonas de alta visitación la alimentación de los peces marinos puede alterar sus compartamientos y repercutir sobre la calidad del ecosistema. Lo mismo podemos decir de levantar piedras de los fondos, de nadar cerca de determinadas formaciones coralígenas. Sin duda son agresiones involuntarias pero que pueden causar daños irreparables en los fondos marinos como se demostró en zonas de buceo hasta que no fueron protegidas y sometidas a una regulación o control de esta actividad.

El expolio no podrá ser eterno
La falta de regulación de esta actividad en muchas zonas ha motivado que mucha gente explote los tesoros marinos. En España, en el año 2000 se contaban más de 35.000 licencias para actividades subacuáticas. Es evidente, que el buceo requiere al menos de una importante formación ecológica de sus practicantes. El fondo marino no  es inagotable.
La destrucción y el expolio de los arrecifes coralinos es otra de las actividades que persiste debido al mercado de productos de joyería realizados con estos seres vivos.

Finalmente, hay que mencionar el problema que  puede suponer el fondeo de embarcaciones en determinadas áreas de una extrema riqueza como pueden ser las praderas de Posidonia pues supone una importante agresión a uno de los ecosistemas marinos de mayor relevancia en nuestro litoral y cada vez más escaso.

Resumiendo ...
Disfrutemos de los fondos marinos armados con una cámara submarina.

Si practicamos la pesca submarina, hagámoslo a pulmón libre y respetemos los ejemplares jóvenes.

No compremos corales ni otros seres vivos de recuerdo. Rechacemos las caracolas y peces disecados.

Exijamos que se declaren reservas submarinas en aquellos espacios con una insual biodiversidad marina y así poder regular el buceo indiscriminado.