Tomemos la bolsa

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22/09/2011
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A llegado la hora de los desobedientes, pacíficos, soñadores y utópicos. Estamos viviendo una crisis poco frecuente, pero que como tal también tiene su punto de oportunidad. Es innegable que la codicia de las naciones industrializadas de occidente que primero se cebaron extrayendo recursos naturales de todo el planeta, llevó a crear los negocios con futuros intangibles. Las corporaciones, las arcas públicas y los especuladores formaron una alianza para convertir la deuda en pura mercancía. Los propios países, con políticos muchas veces al servicio directo del capital, ahora están viendo como son masticados por el monstruo financiero que ellos mismos crearon. Esto está provocando no sólo un estado de ánimo que alterna entre la negación y la ira pánico repentino.

Los llamados “mercados”, sin nombre ni rostros aparentes, juegan con la ciudadanía y la democracia como hace un gato con un polluelo de gorrión caído del nido. Los mercados y los políticos ya han ido demasiado lejos en este matrimonio de conveniencia en contra de sus representados. Ya se venda no sólo a las personas y su trabajo sino a las futuras generaciones. En este país se hizo una huelga de vientres para que no nacieran seres humanos condenados a ser carne de cañón. Es hora de hacer una huelga de desobediencia y acabar con las especulaciones financieras. O se replantea ya la economía mundial o engullirá todo lo que encuentre a su paso. Empezaron reclamando “privatizaciones” de empresas públicas rentables y ahora quieren más, quieren nuestro futuro. Es hora de decir basta!.

Acción en la bolsa de Nueva York por parte de activistas de la red de la Cultura Jammers.

En Estados Unidos, en el centro del ojo del huracán financiero que casi lleva al país a la bancarrota con el visto bueno político, se convocó la ocupación pacífica pero contundente de Wall Street el 17 de setiembre 2011. Las calles de las principales bolsas del mundo occidental también deberían ser invadidas pacíficamente para protestar por los abusos financieros. Hay que visualizar los sueños con pequeñas acciones que actúen a modo de caballo de Troya dentro del sistema financiero. Algo a lo que los políticos no puedan negarse. Hay que hacerse ver en la calle, porque en los hemiciclos donde debaten nuestros representantes no nos ven. Y cuando no nos quieran ver ni en las calles, entonces deberemos hacer guardia frente a los portales de nuestros hogares. Mientras, la utopía empieza cuando uno se levanta del sillón frente a la tele, recicla el periódico manipulado por los poderes fácticos y empieza a andar.

 

Pequeños cambios para un cambio radical
Estratégicamente hablando, hay un peligro muy real de que si nosotros ingenuamente no ponemos las cartas sobre la mesa y abandonamos filas en torno al "derrocamiento del capitalismo", o si bien exigimos consignas utópicas y desgastadas, entonces es como si traicionáramos el espíritu de Tahrir para ser un simple espectáculo de masas. Por eso hay que salir a la calle con propuestas firmes, bien definidas, pero a la vez suficientemente inteligentes para que políticamente se comporten como un Caballo de Troya al que los políticos no puedan negarse. Medidas factibles, posibles y específicas cuando así sea necesario, como en el caso de Estados Unidos lo sería por ejemplo el restablecimiento de la ley Glass-Steagall (la ley, promulgada en 1933 por la administración Franklin D. Roosevelt que entre sus características marcaba la separación entre la banca tradicional o de depósito y la banca de inversión o bolsa de valores).

Cartel anunciando la ocupación de Wall Street para el 17 de septiembre 2011.

Hoy debemos ser igualmente activos para exigir medidas legislativas irrenunciables y contundentes tales como:

-crear un impuesto del 1% sobre las transacciones financieras;
-exigir una investigación independiente por corrupción y crímenes contra la humanidad de las empresas de calificación;
-impedir la especulación pura y simple en la bolsa de valores.

Con estas medidas inicialmente sería suficiente. Hay que impulsar que la política tome nuevamente el liderazgo y ponga a los “mercados” en la parrilla de los deberes democráticos. Las corporaciones y las entidades financieras han tomado nuestra democracia llenando de dinero a los políticos que votamos. Estos están atrapados y sólo el grito unánime de la ciudadanía puede poner el puente definitivo para que nuestros políticos pongan su puente en la gran grieta que nos separa ahora mismo. Este debe ser el primer paso concreto hacia el logro de los cambios radicales que todos soñamos sin el estorbo de los compromisos de las estructuras de poder existentes.

No hay que olvidar las lecciones estratégicas de Tahrir en Egipto (no violencia), Syntagma en Grecia (tenacidad), la Puerta del Sol - Plaza Catalunya en España (asambleas populares) y dejar a un lado la adhesión a los partidos políticos y los dogmas gastados de la izquierda. Los partidos políticos también precisan redefinir su código ético porqué es la única forma con la que podrán salir del pantanal en el que andan para ser realmente representativos. Las cuentas de los partidos políticos y el patrimonio de sus líderes deben ser transparentes a diario. Los líderes políticos deben dar ejemplo en el uso de los bienes comunes (salud, educación, transporte, cultura, etc.) porque la garantía de convivencia en una sociedad es la solidaridad que ofrecen los servicios colectivos (sean gestionados por la administración o en régimen de concesión, però bajo control político).

 

Presionar con la ley en la mano
Las leyes son la única garantía para una buena convivencia. Los representantes del pueblo deben estar suficientemente despiertos para legislar antes que algo se convierta en problema social, justo cuanto un determinado fenómeno que atente contra lo colectivo emerge. Las leyes deben defender la justicia social y evitar la depravación de las empresas privadas por lucrarse a costa de hundir la dignidad humana más elemental. Recordemos que las tres grandes agencias de calificación (Moody's, Standard & Poor's y Fitch) destinaron conjuntamente en el primer semestre del año 2011, la friolera de 1,76 millones de dólares en tareas de lobby para influir en el Congreso de EEUU para evitar medidas más estrictas de regulación del sector (según una investigación reciente de Associated Press).

Debemos estar en la calle para recordar a nuestros políticos que se deben al pueblo y no a las corporaciones ni a los "mercados".

En estos momentos, en España, pero también en Italia, la administración de justicia está investigando a las empresas de calificación por indicios razonables de connivencia con la información que manejan. El pasado 31 de marzo, en pleno conflicto entre las agencias y la UE por las rebajas de Grecia y Portugal, las calificadoras lanzaron un aviso a través de Reuters: "Las agencias de calificación han advertido a la Comisión de que podrían dejar de calificar a los países más expuestos si sigue adelante con sus planes de hacerlas legalmente responsables de rebajas erróneas". Hay que exigir que se legisle para que las empresas de calificación no puedan violar con toda impunidad el patrimonio colectivo de la ciudadanía. Y mientras hay que investigar su comportamiento amenazante que en algunos casos es el de la extorsión pura y simple. En España e Italia hay causas judiciales abiertas contra las agencias de calificación por la sospecha de que están cometiendo delitos de manipulación del mercado y abuso de información privilegiada. Recordemos la querella criminal presentada en la Audiencia Nacional contra las grandes agencias de calificación (Moody's, Standard & Poor's y Fitch) por una acusación popular con el apoyo de los partidos ERC, ICV y IU para que se valore si estas agencias estaban manipulando el mercado en beneficio de sus clientes y accionistas y en contra del erario público. Curiosamente, la Fiscalía Anticorrupción, contra todo pronóstico argumenta que hay que archivarla de forma inmediata y sin ninguna investigación. La base jurídica para mantener la causa abierta por parte del Ministerio Público es la vulneración de los artículos 284 y 285 del Código Penal, que regulan el contubernio para alterar el precio de las cosas y apropiarse en beneficio propio de información privilegiada y luego difundir rumores inconsistentes. Todos estos comportamientos delictivos están castigados con penas de entre cuatro meses y dos años de cárcel, además de multas.

No lo olvidemos, nuestra desobediencia civil pacífica es más poderosa que cualquier otra cosa que podamos imaginar..., pero de momento, tenemos la ley y la calle.

La ciudadanía debe saber que incluso la independencia del poder judicial está en peligro como lo demuestra que Carmen Monfort, la fiscal inicialmente encargada del caso, que se reunió con abogados de los bufetes Cuatrecasas, Gonçalves Pereira y Uría Menéndez, contratados por las agencias de calificación para asegurarse el archivo de la causa como argumenta el Ministerio Fiscal (agosto 2011).

Más de cinco mil personas en Nueva York el 17 de septiembre tomaron nuevamente a la calle pero esta vez a sembrar las semillas de una nueva cultura de resistencia pacífica para instar a la vigilia democrática permanente al sistema bancario. Tomar las bolsas para evitar que sigan especulando con un mensaje alto y claro debería ser una actividad permanente de indignación.

Artículo elaborado por la redacción de terra.org a partir de la campaña de Adbusters: #OCCUPYWALLSTREET. Imágenes: Adbusters y Fundación Tierra.