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Cuidadores de bosques de montaña

Nunca deja de sorprenderme la capacidad de los humanos para transformar nuestro entorno. Es inevitable, vivimos ligados en un medio ambiente, y nuestras acciones tienen consecuencias en él, como las de todos los seres vivos. A menudo, nos damos cuenta que nuestra actividad, nuestro modo de vida, altera gravemente este entorno, perjudicando la convivencia con otras formas de vida, y también perjudicándonos a nosotros mismos. Nuestra huella ecológica es enorme y no tiene en cuenta que los recursos de la naturaleza son limitados y su ritmo de recuperación no es tan rápido como el que las sociedades desarrolladas pretendemos.

Sin embargo, nuestra capacidad de trabajo, de acción y de transformación no tiene límites cuando se hace de forma cooperativa, con ilusión, amor y con fines constructivos. Lo he vuelto a comprobar este verano participando en el Projecte Boscos de Muntanya (Proyecto Bosques de Montaña) en la comarca del Pallars Sobirà en el pirineo leridano. Como amante de la montaña y de la naturaleza no dudé en apuntarme a una semana de voluntariado forestal durante mis vacaciones; podía estar en la montaña, conocer buena gente y dedicar mis energías a mejorar un paisaje que me gusta disfrutar cuando voy a andar. Los que atravesamos montes a ritmo más o menos tranquilo sabemos que muchos bosques están abandonados por falta de recursos y posibilidades, y se convierten en espacios difíciles de recorrer y peligrosos (por efecto de incendios, ventadas, lluvias torrenciales, etc.). Algunos tenemos la clara intuición que son espacios que hay que mejorar, acondicionar y gestionar, y que es más económico invertir en prevención que resolver después todos los problemas que nos comporta el abandono, pero las visiones que priorizan los resultados inmediatos imperan, y los bosques necesitan su tiempo. Porque los bosques son un buen regalo a cuidar, un pulmón para nuestra atmósfera y para nuestra mente y un almacén de agua, a parte del hogar de muchas especies de flora y fauna.

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Renato Ruf, el fundador del proyecto Bergwaldprojekt en Suiza hace de asesor técnico en el proyecto catalán.

El Projecte Boscos de Muntanya empezó a ser una realidad hace cuatro años. Nació como una extensión local del Bergwaldprojekt, una iniciativa nacida en Suiza en 1987. Renato Ruf y Wolfgang Lohbeck empezaron este proyecto a raíz de los efectos de la lluvia ácida que sufrieron los bosques de Suiza y Alemania durante los años 80 y 90. Renato era guarda forestal, y también activista en Greenpeace; frente a algunas actitudes reticentes a intervenciones en el bosque, se organizaron las primeras experiencias de trabajo en el bosque para dejar de hablar y actuar conociendo el contexto y las circunstancias. Pronto el proyecto tomó forma con el apoyo de entidades como Greenpeace y WWF. El proyecto se extendió rápidamente hacia Alemania, Austria y recientemente ha llegado a Ucraïna y a ahora a Catalunya de la mano de Andreu González, ingeniero forestal y participante del proyecto en Suiza. Durante su estancia, Andreu tuvo la convicción que este proyecto debía tener su espacio en su país donde cerca del 70% del territorio es bosque.

El planteamiento del proyecto es clave para entender lo que sucede durante esta semana entre los participantes voluntarios. Des del principio se insiste, no es un campo de trabajo, se trata de un proyecto que pretende acercar la gente a los bosques actuando, aprendiendo qué son, cómo funcionan, qué problemas se detectan y cómo se puede intervenir; pero siempre des de la acción, con la actividad y la participación de manos de todas las edades y condiciones (a partir de 18 años), unidas por la motivación de la naturaleza. Las tareas a realizar no son el fin, sino el medio para conocer el bosque y entender toda su complejidad e importancia.

Bajo estas premisas llegué un lunes al mediodía en Rialp donde nos encontramos los catorce participantes del turno y el Jefe de Proyecto de la semana. Era la cuarta y última semana de trabajo del año, dos fueron en julio y dos más en agosto. Nos trasladaron hacia el campamento donde montamos las tiendas, habilitamos instalaciones básicas como las letrinas (una actividad que siempre une mucho), y se nos explicó el proyecto, las tareas diarias y los trabajos que realizaríamos durante la semana por grupos. Conocimos a los Caps de Colla (jefes de grupos), personas voluntarias coordinadoras de las actividades de cada grupo, y a la cocinera que tenía la misión de tenernos bien alimentados para trabajar mucho, cosa que consiguió.

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El equipo responsable del proyecto durante la semana de trabajo. El Jefe de Proyecto, Andreu, con los Jefes de Grupo, y el presidente y secretario de la asociación del proyecto. A la izquierda Ana, responsable administrativa, y a la derecha Renato, autor del cartel que señaliza el camino acondicionado por voluntarios durante cuatro veranos.

En el campamento también conocimos a Renato, el fundador del proyecto, un hombre austero, observador, de pocas palabras y de acción, todo sabiduría sobre los bosques y la naturaleza. Él era el responsable de la tarea más compleja que se desempeñaba durante la estancia y que ya llevaban trabajando tres grupos antes que nosotros: una trampa de sedimentos para controlar la erosión de un torrente bajo la estación de esquí de Port-Ainé.

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El campamento se sitúa en Roní, cerca de los lugares de trabajo. También se participa en las tareas domésticas del campamento.

Nos acostumbramos rápido al horario y rutinas, y empezábamos el día muy pronto motivados sabiendo que íbamos a hacer un trabajo interesante y útil. Un trabajo que nos permitía ademas comprender realidades sobre los bosques y sus moradores a la vez que relacionarnos con gente nueva, grande de espíritu, generosa, sana y activa. Cada día los grupos se iban configurando y las tareas eran distintas para poder acercarnos a diferentes realidades y contextos del bosque. Los trabajos programados dirigidos y supervisados por el Jefe de Proyecto están previamente consensuados con los propietarios de los bosques a intervenir (en este caso bosques comunales de Montenartró gestionados por una junta de vecinos) y las actuaciones previstas sobre gestión del Parc Natural de l’Alt Pirineu a nivel institucional. Al llegar al sitio se explicaba lo que se había empezado, la situación observada y los criterios de intervención. Se presentaban las herramientas y formas de uso, transporte y cuidado, y se empezaban a distribuir funciones. Cada uno contaba con la libertad de descansar cuando le hiciera falta, pero lo cierto es que con las pausas y comidas previstas y la inmersión en el trabajo, el tiempo pasaba volando.

El clima de la semana claro está depende en gran parte del grupo, pero todo se hace muy fácil cuando los responsables son magníficas personas que contagian a los participantes su amor por los bosques, compartir conocimientos y aprovechar la formación y trayectoria de cada participante para hacer crecer al grupo. Y si a esto se le suma gente que acude a una actividad de este tipo con espíritu abierto a dar lo mejor y pasarlo bien... ¡Qué noches fantásticas bajo las estrellas bailando al ritmo del acordeón de Stefan!


Durante la semana pudimos participar en técnicas de la bioconstrucción para controlar la erosión del torrente, una obra de ingeniería única en la zona sólo posible con los conocimientos y experiencia de Renato. Lejos de las técnicas de retención utilizadas habitualmente de mallas de acero que fácilmente se colapsan en episodios de lluvias fuertes (como sucedió a mediados de julio muy cerca del campo base), la técnica pretende acompañar, reducir y guiar la fuerza de la naturaleza para evitar problemas en las partes inferiores del río. Cuando llegamos y vimos la construcción trabajada por los grupos precedentes quedamos asombrados; parecía increíble que en tres semanas se hubiera hecho tal instalación, con grupos reducidos de personas voluntarias y con herramientas manuales. Solamente Renato disponía de la sierra mecánica para preparar los grandes troncos de la estructura, el resto era trabajo bien coordinado y con mucha visión y técnica detrás.

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El impresionante trabajo en la trampa de sedimentos.

También pudimos celebrar la finalización del acondicionamiento del camino que se había perdido entre Sant Joan de l’Erm Vell y Montenartró. Este camino empezó a abrirse de nuevo hace cuatro años, cuando se inició el proyecto. Cada año se ha avanzado un tramo, como siempre, primando la calidad y los detalles para que el trabajo perdure mucho tiempo. Este año el camino se ha completado y se ha empezado a abrir un desvío para llegar a un roble centenario. Este trabajo permite recuperar recorridos que unen puntos interesantes y singulares des de diferentes puntos de vista (ambiental, cultural, social, etc.), promover el paseo y disfrute de los bosques para todo tipo de personas, y dinamizar la vida en los pequeños pueblos de la zona, como en Montenartró donde se está habilitando un refugio para poder acoger excursionistas y familias que quieran hacer una pausa en ese bonito pueblo.

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Otros trabajos realizados por los grupos de voluntarios.

Otros trabajos que se han estado haciendo este verano están relacionados con el urogallo, una de las aves más características de los bosques montanos pero en delicado estado de población. Se ha participado con técnicos en censos de la especie en diferentes puntos, y también se han montado algunos cerramientos de exclusión para estudiar la evolución del arándano, alimento principal del urogallo en otoño, sin la presión de otros herbívoros (corzos, jabalíes, etc). Estudiantes de doctorado harán el seguimiento de las zonas cerradas durante diez años pera ver la forma de favorecer el hábitat para esta especie.

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Los árboles nos pueden explicar muchas cosas. Aprender a leerlos y mejorar sus condiciones es uno de los objetivos del proyecto.

El trabajo realizado se ve variado e interesante, pero lo importante es que todos hemos podido aprender mucho, hemos disfrutado haciendo cosas bien hechas, cosas que van a durar mucho tiempo y que son valoradas por la gente que vive allí. Sabemos que hemos hecho una actividad en el que cada uno ha aportado un granito de arena, algo de tiempo, energía y amor que han cambiado el paisaje en pocos días, pero que el resultado de este esfuerzo se va a notar con los años, al ver que los bosques están más sanos, más diversificados, que la gente se acerca a ellos y los aprecia, que dan vida a la zona… La política de alejar a la gente de los lugares protegidos o naturales no funciona, la naturaleza ha sido nuestro medio ambiente durante millones de años, y debemos reaprender a relacionarnos con ella en harmonía, pero estando en ella, disfrutándola, amándola.

El último día se programa una excursión por la zona, en este caso recorrimos un tramo del camino abierto cuatro años atrás, disfrutando del resultado del esfuerzo de muchas personas anónimas que dedicaron una parte de sus vidas al cuidado del bosque. Antes del paseo fuimos todo el grupo a realizar algunos retoques finales a la trampa de sedimentos para asegurar su resistencia hasta la próxima temporada. En esta mini sesión de hora y media estuvimos todo el grupo más dos parejas de veraneantes que acudieron a la invitación para conocer el proyecto; también se sumaron al paseo, y viendo los trabajos y el ambiente, se fueron encantados y sorprendidos manifestando que sin esperarlo era la experiencia más interesante de las vacaciones. También paseando nos cruzamos una familia de Montenartró también recorriendo el camino con los más pequeños, aprovechando esta vía de agradable paseo cerca del pueblo. Por la noche una cena en el pueblo de Montenartró elaborada por las mujeres del pueblo fue el broche de la semana. Una fiesta donde nos encontramos los participantes de la semana y organización con la gente del lugar trabajado y celebramos por un rato esta colaboración comprobando la alegría de los habitantes del pueblo por contar con la energía y predisposición del Projecte Boscos del Muntanya.


Pero el enfoque aún va más lejos y es más global; la iluminación nocturna cuenta con velas, el menú sigue criterios fundamentalmente vegetarianos y de consumo local, la autonomía energética se consigue con una maleta autónoma fotovoltaica (Catalunya toma el Sol), los residuos se separan selectivamente y la materia orgánica se composta… Siempre se puede hacer un poco más, y en esa dirección después de cada estancia se recogen valoraciones y posibles mejoras para avanzar buscando la excelencia. Pero, según las opiniones recogidas por los participantes poco hay que mejorar, ha sido una semana muy especial para todas y todos y más de uno va a repetir otro año, hasta alguno se animará a formarse como Cap de Colla y así posibilitar al proyecto seguir creciendo. El orgullo y el agradecimiento eran los sentimientos que se respiraban en los abrazos de despedida.

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Los teléfonos de los responsables de grupos se cargaban dirariamente con la estación autónoma solar de la Fundació Terra.

Sólo puedo felicitar la iniciativa y esperar que se vaya considerando este esfuerzo y trabajo por parte de la organización como se merece para que cada vez tenga más facilidades para actuar siguiendo estos criterios y manteniendo en lo posible este espíritu tan especial. La labor de este proyecto, este año convertido ya en asociación, es remarcable y tiene mucho futuro y trabajo por delante. El trabajo bien hecho no tiene fronteras, y esperemos que mucha gente pueda disfrutar de estas semanas de trabajo, y que más gente aún pueda disfrutar de los resultados de este trabajo, ya sea en el Pallars Sobirà o donde se crea necesario.

Quizá sólo habría que intentar ir un paso más allá, y analizar las causas de los problemas detectados para poder evitarlos de nuevo. Está bien actuar interviniendo y solucionando situaciones, pero si realmente todo este trabajo es considerado y valorado por instituciones y municipios, habría que plantearse qué se puede hacer, o qué no se debe hacer, para que no se sigan produciendo desequilibrios y desastres en estos medios naturales. Aprovechar el trabajo para encontrar las causas y ser valientes para defender actuaciones más globales, puede ser el siguiente paso a dar. 

Gracias Renato por hacernos llegar la pasión por los bosques desde Suiza. Gracias Andreu por traernos esta experiencia y darle forma en el contexto catalán; gracias Montse, Stefan y Maria por vuestros consejos, ilusión, implicación y profesionalidad. Gracias Míriam por estas comidas deliciosas e inacabables. Gracias al apoyo de los miembros de la asociación y personal administrativo que son imprescindibles para cubrir todo el trabajo y gestiones del proyecto. Y gracias a todos y todas los que hasta ahora han participado. ¡Hasta la próxima!

 

actualizado: 
24/08/2010