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Eco-retos para el nuevo año (II)





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Eco-retos para el nuevo año (II)
01062006 Pajaro en invierno


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1. Mirlo a la vista, imagen invernal
2. Mi bici, hermosa máquina
3. Ahorrar agua potable con ecodiseño activista


(Parte I)

Reducir volumen y aumentar calidad de lo que me nutre

Sigo de lejos la tendencia del Slow Food, comer con calma, comer alimentos generados cerca de donde esté mi plato, disfrutar de las variedades más locales, de los huevos de verdad, comer colaborando con la economía local, elevar a los altares a los agricultores y ganaderos ecológicos y apañaos, que buena falta les hace y tanto hacen. Mientras cuidan de la tierra y de lo que entra en mi cuerpo, gracias es poco. Yo aprovecho para reducir cantidades y ganar calidades, por el camino también muchas menos huella ecológica queda de mi parte

Conocer mejor lo cercano
Todavía no distingo más de 5 especies de aves de las que me rodean y difícil lo tengo para conocer a simple vista más de 7 árboles. Hay rincones a tiro de tren de cercanías que se que pueden sorprenderme y otros que conozco y nunca me cansaré de visitar para disfrutarlos. Cuando el viaje es con bici y sumo tren, lo disfruto distinto. Un buen planning de visitas a lo cercano y bello, que suele ser mucho me ha evitado pensar en paraísos lejanos, esto ha reducido mi impacto viajero y además me permite conocer primero lo que tengo al lado. Este año 2006 quiero llegar a 15 aves y 20 árboles, todo un reto. El libro Simplicidad Radical seguirá conmigo y yo atento a una de sus herramientas, acercarse a la naturaleza y conocer mejor a sus pululantes, sigue siendo tarea importante para este año.

Regalar tiempo
Pues ando olvidándome de comprar para regalar y he elegido formulas más creativas. Sé de electricidad doméstica, reparaciones básicas de bicicleta, tengo un buen equipo de maquinaria de bricolador, en la cocina me defiendo. Bien, ya he puesto en marcha mi plan de obsequiar con mi tiempo, que es una versión dulce de compartirlo por amistad sincera, donde el obsequiado puede decirme previamente qué le hace falta de lo que yo ofrezco, el sé ahorra gestiones y ambos disfrutamos del encuentro. El tiempo, lo único que pasa sin remedio, darlo a los demás solo por querer darlo, cada vez se seduce más.
Una parte de mi tiempo libre lo dedicaré a las causas que me hacen vibrar. Me toca renovar las cuotas anuales de más de dos organizaciones ambientales donde soy miembro y contribuyente. Lo hago contento, una parte de mi energía vital convertida en recurso dinero llega a buenas manos para ayudar en buenas causas. Hay muchas, te invito a encontrar las que mejor entren en tu horma activista. Intento poner tiempo, consejo y apoyo en los colectivos de trabajadores voluntarios por un mundo más limpio, justo y sostenible. Hay tanto por hacer.

Crear cosas sencillas y compartirlas, reducir huella
Llevo un tiempo enseñando a quien me lo pide como hacerse el yogurt casero con buena leche y cero energía (tengo el privilegio de ser usuario de cocina solar parabólica). No hay yogurt que lo supere en calidad y buen rollo.
Sigo experimentando con el gel hecho en casa, 100 gramos de sosa cáustica, 500 gramos de aceite de girasol bio, 4 litros de buena agua, y la esencia preferida, ahora ando entre la de lavanda y la de limón y una hermosa garrafa de agua de 5 litros - a cientos en los contenedores - han convertido la acción en algo cotidiano, y llevo recargando botes de gel una buena temporada.
Una campaña de la organización donde trabajo, la Cisterna Consciente, con dos gomas elásticas no hay descargador total que se resista, se ha convertido en actividad obligada en todas las casas amigas que visito y precisas resolver el derroche del agua potable en la cisterna. Quien ha dicho que el ecodiseño no está al alcance de cualquier, incluso más allá.

Convertirme en un ciudadano mucho más allá de Kioto
Estos días acabo de hacer dos años de intensa relación tecnoamorosa, ella sigue fiel, no ha fallado en ningún momento. Hemos recorrido juntos más de 3000 kilómetros de asfalto urbano, hemos viajado justo en todos los medios de transporte, incluso hemos entrado en los lugares más coquetos casi siempre con éxito. Mi bici plegable es maravillosa. Una media de 20 kilómetros por día me ahorran el gimnasio y ahorran una proporción pequeña pero digna de emisiones tóxicas por mi movilidad. Consumo electricidad verde de verdad y suelo tener siempre a mano bombillas eficientes para aprovechar descuidos en lugares donde la ineficiencia alumbra por fuerza. Más allá de Kyoto con su protocolo, yo me aplico en que mis emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera vayan bajando cada día, con suerte y constancia este 2006 quizás mi alegría no decaiga en proporción a mi particular reducción de consumo energético.



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