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Ecorevelaciones en Más Lluerna (II)





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Ecorevelaciones en Mas Lluerna (II)

 

 
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1. El water sin agua, util compostero
2. El butano, dura y dura
3. Dos diamantes solares
4. Microcosmos Lluerna



 


 


Parte primera...

El huerto dista de la casa unos 250 metros. Para un urbanita es normal que al ver una bici aparcada en el lugar piense en los bucólicos paseos por pistas rurales que se deben disfrutar las gentes del lugar. Bien, eso he llegado a pensar, pero nada más lejos de la realidad. Aquí la bici se usa como medio de transporte laboral, es el vehículo eficiente que utiliza Ricard para ir y venir al huerto gastando menos energía y por supuesto, más rápido. Y todo, a pesar de la bajada de la ida pero que luego es subidita a la vuelta, y generalmente con carga verdulera. Según los datos de un riguroso estudio biomecánico, el balance es de positivo superior, y la gloriosa bici, una herramienta tan importante como la azada para labores hortelanas.

Pero si hay algo que ya conocía por haber sido usuario pero que siempre me sigue emocionando, es cagar en un servicio compostero. Pensar que no hace mucho, no mas de dos siglos, tenían que ir con cuidado por las calles de las incipientes ciudades vigilando que de una ventana no te saliera una sorpresa más onerosa que la cagada de una paloma. O pensar que en China, aunque ahora ya se pierde la tradición, a los invitados a la cena se les pedía que antes de marchar depositaran los nutrientes procesados. Compostar nuestras heces es de alabar desde la modernidad ecológica. No hay futuro sin aprovechar los nutrientes que ahora tiramos, además llenos de contaminación (hormonas, grasas petroquímicas, antibióticos, jabones antibacterias...) a unas depuradoras saturadas de las que se obtienen lodos nada útiles.

Aprovecho aquí para hacer una llamada a los ecodiseñadores del mundo. Imaginen procesar con preciosa y eficaz tecnología lo que ahora se mezcla con valiosa agua y se manda de viaje a lugares poco productivos. Trabajen para conseguir que todos los nutrientes que acompañan a nuestras heces se puedan separar de la parte poco útil con facilidad, y que la tierra los reciba como agradecimiento de la especie por su necesaria fertilidad, la cuna de nuestros alimentos. Se cierra el ciclo, se evitan problemas, se ha actuado con ecointeligencia. Imagina ahora que convertimos los ratos en la taza en momentos de encuentro verdaderamente espiritual con la creación, lo que la tierra nos dio a ella se lo devolvemos.

Bueno, y eso de estar aliviándose y oír como se ríen los patos, eso si que es una placentera revelación. Cuidan los Lluernas de una camada de patos que deambulan en la zona entre la casa y la balsa con alta felicidad libertaría. Ya son mas de 25, y van para arriba. Durante el año caen en acto de servicio natural algunos patos, por medio siempre está el plomo de algún humano estúpidamente cazador, el zarpazo hábil de algún depredador hambriento y el vuelo inteligente a por alimento de algún rapaz.

Me cuesta hacer publico mi incultura sobre la ecoesfera, y es que con dificultades a penas llego a distinguir no más de 5 especies de árboles, y menos de pajarillos. Ricard se conoce sin problemas las aproximadamente 60 especies que le rodean en ese frugal oasis que cuidan con amor verdadero y mucho esfuerzo. Me regala un rato de sus conocimientos entre frutales, manzanos, perales y membrilleros. Luego me señala el sauce, el álamo, el roble, la encina... cuanto me queda para dejar de ser un naturalalfabetizado.

Tienen los Lluernas un exquisito detalle con los amigos. De vez en cuando mandan por email poemas de amor visual que capturan poco más allá de la puerta de la casa, ahora con objetivo digital. Por correo electrónico llegan flores esplendorosas, insectos amándose, hojas y ramas heladas, el vuelo paralizado y sorprendente de un abejorro, esos regalos que sus ojos comparten con otros que lo agradecen. Es Ricard un destacado Artista por la Tierra, con galería a tu disposición.

Ya he comentado en alguna ocasión que si hay familia cocinerosolar que supere en horas de uso a los Lluerna, que me lo digan para incluirlos en la lista de records solares. Cada día que el astro bondadoso manda energía directa es muy posible que una o dos parábolas y alguna caja horno le miren con atino, y en unas ollas se procesen los alimentos con los que se nutren Ricard e Isel. Su recetario, habilidades y experiencia solarculinaria es de las más avanzadas que un menda conoce y que en algunas ocasiones disfruta.
Mira lo que es el tema que me encuentro con una bombona de butano (no siempre brilla el sol) que debe llevar bastantes meses de servicio, y a la que una hiedra lleva ya un tiempo envolviéndola, algo así como ocultada por las fuerzas de la Naturaleza. Es verano, hay sol, les hace poca falta cocinar con combustibles fósiles llegados de dos mil kilómetros.

Hay algo que ahora sé que me hace falta, y es acercadme con más frecuencia a sentir los ritmos de la naturaleza, a convivir con lo vivo que comparte con nosotros los espacios y a sellar una relación infinita con los elementos verdaderamente mágicos, ...gracias agua, gracias aire, gracias tierra, gracias abejorro, gracias zanahoria, gracias Lluernas.


¿Porqué éste diario?