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En la siembra horturbana de la Fundación Terra





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En la siembra horturbana de la Fundación Terra

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1. Verduras y agrocultura urbana
2. Asociaciones de plantas, una de las claves del éxito
3. Todo gracias al sol
4. Curioseando el seitán solarizado
5. Las primeras lechugas
6. Sembrando juntos el futuro


Anunciaba mal tiempo, pero no. Al igual que los trabajadores de tierra, los que vibran y arriesgan todavía con los ciclos de lo vivo, el momento de la siembra es si acaso el momento de la ilusión. Hoy he tenido el privilegio de participar en un taller práctico de planificación y plantación primaveral sobre las tres bandejas de cultivo “horturba” que la Fundación Terra tiene es su soleada terraza en medio del centro de Barcelona.

Para repartir sorbos de sabiduría ecoagrícola nadie mejor que el protagonista del Huerto de Pepe, experto en el sistema de cultivo urbano que ha revolucionado la ilusionante visión de muchos urbanitas con aspiración a horticultores, aunque sea en la terraza. Más de una treintena de activos y también curiosos nos hemos empapado de las explicaciones básicas para iniciar la aventura de nutritivos ciclos de la vida desde no más de 20 centímetros de grueso de tierra vegetal enriquecida con compost. Las cebollas, lechugas variadas, pepinos, escarolas (que para que sean menos verdes y menos picantes con un plato las últimas semanas sobre su corona se consiguen blanquear), rábanos desde semillas, alguna zanahoria y los biodiversos tomates… sabiamente distribuídas las plántulas y semillas para que el sol les dé a las verduras de más desarrollo situadas en la parte digamos del final y las más cortas lo reciban las primeras. Y también hemos sabido por boca del sabio Josep Maria, sobre porcentajes claves de materia orgánica comportada por laboriosas lombrices, el caviar de las macetas, el humus de lombriz que cuando se mezcla con rica tierra vegetal se convierte en una de los nutrientes más equilibrados conocidos de los sanos.

Las imágenes de los éxitos vegetales conseguidos sobre las bandejas tan queridas del hortelano Pepe, no hacían más que animar para el paso a la acción, y después de ver de todo, sandías, pepinos (por cierto la planta más productora en volúmen) tomateras con tutores y enormes acelgas, lo que interesaba a la mayoría era tocar cuanto antes la fertilidad de la tierra y contribuir a que el tiempo, el sol, el agua, los sanos nutrientes y hasta el amor por la tierra de los cuidadores del mínimo espacio, dieran sus frutos. Y es que serán siempre tan especiales porque serán los que serán porque tu has metido mano. ¡Lexes!, serán los mejores vegetales que nunca hallas tenido, cuidado, disfrutado, serán como tuyos o quizás como de todo. 

Llegarán en dos meses la lechugas y cebollas, tirarán también palante los rábanos y nabos, la escarola parecido…vamos, tanto en tan poco que mientras cultivas poco ganas mucho. Sobre todo respeto por la energía, el tiempo y el trabajo que cuesta que una lechuga llegue a la ensaladera. Y es que cultivarte simbólicamente o no tu papeo te hace de golpe consciente del enorme valor social que tiene volver a la tierra, con aprecio por ella y todo lo que nos brinda. Donde vamos con tanto veneno, transgénico y petróleo, cuando con más inteligencia y cooperación podríamos comer quizás menos, pero de mucha más calidad. Pues bien, todo eso y más, mientras retrataba el momento me ha ido llegando, incluso emocionantemente, al interior de mi mente más pendiente de que el mundo se enturbia cuando delante no veo que la vida siempre brota bondadosa para que yo pueda incorporarla en mi interior como energía solar concentrada, más los otros regalos de la tierra sana.

Sí, la producción en el hort urbà no es lo importante a pesar de que si te aplicas puede llegar a sorprenderte lo que rinde un metro cuadrado de fertilidad, lo importante según mi opinión, es cultivar valores, paciencia, incertidumbre, incluso intensas relaciones entre el pulgón comilón o la abeja polinizadora y algún pajarillo que también toma su parte. Quizás ello, lo de la relaciones interespecies, si paras y te das tiempo, es una de las mayores evidencias para entender que todos los vivos nos necesitamos.

Mientras el grupo de ilusionados aprendices de horturbanitas removía tierra sana, colocaba de forma estratégica las plantas y marcaba la posición de las semillas, desde una cocina solar Ksol conectada con su central de energía a 150 millones de kilómetros y gracias a unos fotones que han realizado ese excepcional viaje para llegar directos a la superficie reflectora y luego a la sartén, ese mismo regalo que da vida a plantas y a los humanos que de ellas nos nutrimos, esa limpia energía y las labores del cocinero solar nos han brindado un pincho de seitán, gluten de trigo macerado en salsa de soja, y aderezado con especias ricas y el perejil cultivado en la terraza. Qué bien sabe lo que es bueno por una y más cosas.

Absolutamente recomendable la visita a la pagina del Horturba, absolutamente recomendable que te animes a plantar tu huerto, o tu maceta o tus emociones en esta primavera poco lluviosa de momento, pero como todas, un regalo para los sentidos.

¡¡Feliz siembra, de lo que sea y feliz cosecha cuando toque!!



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