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Fin de semana acuático, hortelano, truequista y propacífico (II)





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Fin de semana acuático, hortelano, truequista y propacífico (II)

03212006_Trueque
03212006_mesa inscripicones
03212006_Calcots al foc
03212006_Calcots infantil
03212006_Calcots comiendose
03212006_carrobici con Ksol
03212006_Frengado platos

1. Un colega truequeador
2. La mesa de inscripciones y algunos productos del ecomenú
3. La cocina calçotera a vista de pájaro
4. Jóvenes en acción
5. Mayores en acción calçotera
6. El bicicarro de Espaibici con una Ksol sobre ruedas, transportada sin CO2
7. Se acabaron los platos y cubiertos de usar y tirar


(Continuación) El domingo ha tocado festival hortelano, sin pensarlo me fui directo a la 2ª calçotada urbana, que te invito a conocer en detalle desde su programa aquí, y que me ha servido para ver y sentir lo que la ilusión por la pequeñas cosas de la vida puede llegar a conseguir. Un variopinto y abundante volumen de humanos de todas las edades, más de 200, que de una manera u otra llevaban pensando en el día desde octubre del año pasado, cuando recibieron la convocatoria para plantar esas cebollas blancas típicas de la región en sus bandejas de cultivo en terrazas y patios soleados (familiares o colectivas), mayoritariamente con los horturbans de Tarpuna.

Recogidos esta semana, un numeroso grupo de los calçoteros con sus calçots made in Barcelona y cercanías, han traído su cosecha para complementar el menú, que junto a la carne de siempre, la proteína vegetal, el seitan y una salsa romesco de delirio han llenado al mismo tiempo que estómagos, espacios de colectividad y sentimiento ambiental. Agua osmotizada y la cola más ecosolidaria de las conocidas, han hidratado la ingesta. Café y azúcar del comercio más justo han cubierto el doping de sobremesa de algunos.

Cuentos, animaciones, taller de plantel y dibujo, por supuesto todo vinculado a las delicias vegetales, se me han ocurrido como la mejor forma de celebrar la primavera y el acercamiento a la tierra y sus frutos. El número de pequeños por poco iguala al de los adultos, y por lo que he observado entre realizar con medias, sustrato y una semillas el conocido muñeco de pelo verde hasta reciclando botellas realizar una macetilla con sistema de riego por capilaridad, y participar en el fregao de platos, los jovenes calçoteros han dado muestra de habilidades y alegrías. Y hasta una residencia de ancianos se ha sumao con su cosecha al acto.

Una cocina solar parabólica Ksol, transportada en un increíble bicicarro por los miembros del templo bicletero urbano de la ciudad, EspaiBici, ha estado sólo unos minutos en acción, y es que la climatología nos hace más humildes (que no por ello menos alegres) cuando el sol está poco a la vista. Pero lo que no es muy habitual y en este acto se ha realizado, es que el nivel de residuos por pasarlo bonito ha sido el mínimo. Cubiertos y servilletas fueron traídos desde casa por cada asistente (menos de 5 se los olvidaron), junto a platos y vasos de plástico reutilizables, lavados después de dar servicio  por los propios usuarios y una cuidada gestión de los residuos inevitables, de momento, ha sentado precedente de cómo hacer las fiestas colectivas más gozosas, ambientalmente hablando.

En un momento de la jornada y ante informaciones recibidas gracias a las antenas que siempre suelo abrir, como un susurro me ha llegado que en una plaza más debajo de ese barrio de Gracia único, había cientos de ciudadanos en el mercadillo de trueque de cosas, servicios y tiempo de eso que nunca se compra con dinero. Sobre mi bici, volao al lugar he llegao y contento me he quedao aunque nada he truequeao, ….anda, qué te parece. Si me cuadra, cuando el verano asome y na más que pueda, estaré con cosillas para cambiar y si no, pa dar a quien le haga falta.

Y algo que se hace poco y que yo llevo un tiempo practicando, es que además de darle a los alimentos las gracias íntimas por entregarme la energía que necesito, también lo hago con los humanos y sus colectivos que brindan tiempo e ilusión por el bien común. Gracias Llluisos de Gràcia por el espacio, los medios y la ilusión. Gracias Tarpuna, por vuestro trabajo en la cocina y la ilusión por estimular que se cultive en la ciudad lo que mucha gente nunca habría pensado que pudiese hacer. Gracias Vegetalia por el seitan, divino. Gracias BioSpirit por vuestras ecoviandas. Gracias Somos51 por esa mezcla dulzona más gustosa que todas las demás. Gracias EspaiBici, por vuestro rodado vicio. Gracias animadores y voluntarios, por estar y por hacer para los demás.
Gracias Terrícolas fundiactivos, por poner tiempo y creatividad en las pequeñas cosas que siempre son poderosas.

Bueno, para acabar déjame que te recomiende no perderte los ecogozos de cultivar plantas comestibles en tu casa. Que ahora con la primavera en curso todo vegetal aprovecha para crecer. Los hortelanos urbanos van creciendo y con ellos una cultura a favor de la seguridad alimentaria.



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