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¡¡ Gracias Rusia ¡¡





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¡¡Gracias Rusia!!

 
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30 cocinas Ksol saludan al Sol desde Alemanía



 


 


Kioto, es una ciudad de Japón donde no he estado, pero es el nombre ciudadano que más he oído en mi vida junto con Barcelona, que en esta si que estoy. Allá en la otra punta se puso en marcha el inicio de un acuerdo para frenar las emisiones de CO2 a la atmósfera global.

El Protocolo de Kioto obliga a los países industrializados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 5% para el período 2008-2012 sobre los niveles de 1990. El gas de efecto invernadero que gana en la lista de los más emitidos es el CO2 (dióxido de carbono), y que fluye cuando quemamos carbón, petróleo y gas.

Pero hoy es un gran día, hasta memorable, Rusia ha dicho sí a Kioto, y su decisión hará que el Protocolo se convierta en Ley Internacional. No faltan más que unos meses para que esto ocurra y a nivel planetario se abra la veda para aplicar políticas rigurosas que permitan una relación más armoniosa con el entorno al reducir la carga de CO2 sobre la atmósfera. Lo que representa Kioto es sólo un pequeño paso necesario en un arduo camino global hacia la sostenibilidad.

El Protocolo de Kioto del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático es la primera reacción global para hacer frente al cambio del clima forzado por nuestras actividades.
En julio de 2004, este tratado internacional había sido ratificado por 124 países, superando los 55 países que marca el Protocolo como requisito. O sea que el respeto hacia la voluntad de la mayoría de los países del globo camina ya por buena senda. El otro requisito es que se sumase el 55% de las emisiones, pero hasta el momento esta no se alcanzan si no se produce la ratificación de Rusia o EEUU. Ocurre que a la actual administración norteamericana,  les importa una mierda la llamada del resto del mundo. Y es que no lo tienen nada fácil para ponerse a pensar de forma solidaria, ya que EE.UU produce él solito el 25% de total de las emisiones de efecto invernadero a la ecoesfera.   

Reducir emisiones de CO2 incide en muchos de nuestros hábitos cotidianos como ciudadanos y sociedades. El petróleo y los demás combustibles fósiles nos rodean por todos lados, y su quema tiene el gran problema añadido que calienta el planeta. Vienen tiempos de necesaria industria eficiente, de modificaciones en el consumo de bienes y servicios, de reducción en la movilidad rodada con sucio petróleo. Si realmente queremos hacer frente al cambio climático debemos abandonar de forma progresiva los combustibles fósiles. Y no hay otro camino que centrarnos y esforzarnos ser más frugales y satisfacer nuestras necesidades energéticas con las energías limpias, que son renovables y absolutamente seguras. El Sol, el viento, la energía solar concentrada en forma de biomasa son las principales fuentes donde poner nuestra atención, no sin antes, insisto, graduarnos como sociedades y colectivos en la escuela superior de la eficiencia energética y el ahorro de la energía.

Hoy, con mi bici a toda pastilla he llegado un poco más alegre a mis destinos domésticos, me he sentido un pequeño actor en un mundo inmenso donde muchos pequeños ladrillos van formando el enorme muro que frene lo injusto, insolidario y nefasto de la condición humana.  Lamentablemente la construcción durará mucho tiempo, pero el interés de los albañiles va en aumento y ahora quizás no sea del todo tarde.

Chapó Rusia, en lo que toca a las buenas acciones climáticas.


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