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La vida sostenible no se hace, se reconoce

La medicina milenaria ayurvédica advierte "cuando la alimentación es mala, la medicina no funciona; cuando la alimentación es buena, la medicina no es necesaria". Sin embargo, la comida ecológica es minoritaria.

Semilla de aveto germinando. Foto: Fundación Tierra.

Los científicos han demostrado que el cambio climático es claramente por la quema de combustibles. Sin embargo, somos incapaces de adoptar políticas para reducir las emisiones de gases tóxicos a los niveles de los años setenta cuando todavía la atmosfera estaba a 350 ppm de CO2 y no a 400 ppm como actualmente.

Se comercializan más de 100.000 sustancias químicas de las cuáles menos de un 10 % sabemos si son tóxicas para la salud humana. Sin embargo, todas ellas están autorizadas.

No hay ninguna especie animal que como el ser humano “vacíe el agua de la charca donde vive”. Ningún animal o planta genera productos capaces de atentar contra su propia integridad como lo hace el ser humano.

No puede haber vida sostenible si no somos sensibles a los misterios de la naturaleza. Como reconocía  la bióloga norteamericana hace más de cincuenta años, Rachel Carson, en su libro El sentido del asombro: "aquellos que contemplan la belleza de la Tierra encuentran reservas de fuerza que durarán hasta que la vida se acabe".

Todas las personas que en la infancia han podido maravillarse observando la naturaleza, de adultos tienden a tener comportamientos menos lesivos contra su entorno natural.

Debemos reconocer esta condición necesaria de acercamiento a la naturaleza como imprescindible para convivir en armonía con nuestro entorno. Así es como se fomenta la humildad frente a la arrogancia tecnológica moderna que nos ha mancillado.

Sin embargo, preferimos plantar árboles en lugar de contemplar y conserva los que tenemos. No hay vida sostenible posible si queremos hacer sin reconocer.

actualizado: 
30/03/2016