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Museos gratís y un paseo





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Museos gratis y un paseo

 

 

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Todo lo vivo se cobija

Mecanico de bicis ¡¡oleee¡¡

 

El primer domingo de cada mes la gran mayoría de los museos de BCN permiten la entrada libre a sus recintos. Y no son pocos, unos 50 centros con que al cabo del año reciben 7 millones de visitantes y ofrecen un valioso patrimonio social. No es por aquello de no querer colaborar con la cultura, pero aprovechar una hermosa mañana para visitar esos espacios donde las labores humanas ofrecen los más diversos sorbos de conocimiento condensado al visitante, y hacerlo sin abonar la taquilla, es para mi un pequeño paso simbólico más hacia una economía y vida más frugal.
Hoy han tocado dos, que desde hace unos años son como uno, el Museo de Ciencias Naturales de la Ciutadella, que lo forman el
Museo de Zoología y el Museo de Geología, a un tiro de piedra uno del otro dentro del parque público más completo y cultural de la ciudad.

El Museo de Zoología, se alberga desde 1924 en un edificio espectacular, el Castell dels Tres Dragons, concebido por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner como café-restaurante de la Exposición Universal de 1888. Es una construcción sorprendente y habilidosa, pionera de la arquitectura modernista catalana.
Dispone de una de las mejores muestras de fauna ibérica junto a un buen numero de curiosidades de la vida animal. Hay exposiciones de temas puntuales como Las abejas y la miel, el Centenario de Darwin 1882-1992, o Los pájaros urbanos.
En la planta baja, y con el esqueleto de una ballena (rorqual común) colgando del techo, hasta el 15 de abril, se puede disfrutar de la exposición
Los otros arquitectos. En esta muestra se recrean 100 construcciones de diversos animales, 10 maquetas, planos, fotografías, videos...así como una infinita variabilidad de cómo lo vivo se cobija en sus construcciones. Un paseo que permite adentrarse en cómo los nidos, las guaridas, los refugios son condicionados por los usos y comportamientos de sus moradores. Sorprendente es la habilidad para aprovechar los materiales de los que disponen y el imaginativo diseño que ostentan algunas de las construcciones animales. Este singular mundo de lo construido es el resultado de la necesidad que arremete a la vida para ser más independiente del medio y sobrevivir lo mejor posible. Para nutrirnos, descansar, confortarnos, pensar, aliviarnos y hacer el amor, entre otras actividades, nada como nuestro cobijo privado.
De entre todas las especies, los humanos somos la única especie que ha construido mucho más allá de lo puramente funcional, y así nos va. Tal como nos dicen en la expo, se pueda hablar de animales constructores y de humanos arquitectos.
Unos videos sobre los distintos gremios animales, desde los albañiles a los tejedores, me han dejado boquiabierto. Es impresionante observar como un pájaro costurero cose una hoja con hilo vegetal para hacerse el nido o como las abejas construyen sus obras con una especie de mortero orgánico. Las filmaciones sobre la actividad íntima de estos animales constructores son un regalo recomendable para todas las edades. Es asombroso como algo tan pequeño, con solo sus extremidades, es capaz de hacer algo tan hermoso con los materiales de su entorno. Toda una lección a la que tendríamos que prestar mucha más atención.

Salgo del museo de la vida y entro en el Invernadero annexo, un oasis de verdor todo el año. En su interior, un bar en entorno silvestre le da al sitio un toque especial.
A no más de 200 metros se halla el Museo de Geología, que alberga y muestra un destacado patrimonio de lo inorgánico. Volver aquí tiene para mi tiene un valor emocional. Comencé a visitar la naturaleza cuando de adolescente me puse a coleccionar piedras. Este lugar era el paraíso mineral, para aprender y para ilusionarme con las búsquedas. Al entrar observo que ya no está el mostrador donde se vendían minerales y donde comenzaron mis primeras actividades de intercambio. Nos acercábamos aquí con minerales recogidos por nosotros y los truequeábamos por los que provenían de sitos lejanos e inaccesibles. De aquellos tiempos me quedó una ruta emocionante por la belleza de los minerales y el recuerdo de ser minero aficionado. Por lo demás todo sigue igual en las estanterías y en la colección de minerales. Persiste la misma sensación de cómo las fuerzas de la naturaleza nos regalan geometrías y colores únicos.
En la otra sala, que había frecuentado poco, descubro los restos de lo que fue vivo. Una excelente colección de fósiles de Catalunya me sirve para imaginar como eran los que vivieron por aquí unos millones de años atrás.
El parque es un lugar privilegiado para el pedaleo. En sus cercanías me encuentro los locales de dos empresas de alquiler de todo lo que lleva ruedas y precisa músculos. Bicicletas, tandens, triciclos, y patines están a disposición del disfrute saludable de moverse eficientemente. En uno de los locales me encuentro con un mecánico de bicis en plena faena y me alegro de encontrarme con gente de mi nuevo gremio. Una abuela con nieto precisa de impulso para iniciar la marcha en su carro a pedales. El pequeño no llega a estos y a ella, ensimismada por el recuerdo nostágico de algún paseo por ese parque tan verde, le falta un empujoncito.

Sigo la ruta y entro a ver la Estación de Francia, la Gran Estación Central de la BCN pasada, ahora cuidada como una joya arquitectónica, con poco servicio de trenes pero con toda su elegancia. Aquí, hace 39 años llegaron mis padres, y me dicen que se bajaron en la vía 14. En ella comenzó su conquista humilde en una tierra acogedora y próspera. Una foto para el recuerdo grabado de aquel momento. Pienso en cuantas estaciones de trenes de las nuevas grandes ciudades del mundo reciben hoy a los que llegan de lejos para buscarse la vida dentro del caos.
Me dirijo al Museo Marítimo, ubicado en las históricas Atarazanas, los astilleros donde se construían embarcaciones que funcionaban con energías renovables, a vela y músculo. Cual es mi frustración, al descubrir que el día de entrada libre es el primer sábado de mes. Para mantener el guión decido esperar.
Adquiero la prensa del día y me leo un artículo de Juan José Millás en el dominical de El País: Viaje al horror de Sierra Leona. Es como un desgarro emocional, aunque lo agradezco como colofón de una tarde placentera de domingo. El artículo habla sobre las cicatrices que una guerra ha dejado en varias personas; lo hace de una forma tan directa y cautivadora que sólo me queda, agradecérselo.


¿Porqué éste diario?