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Renovando la confianza solar

Era un adolescente cuando leí con avidez y pasión la novela Sinuhé, el egipcio de Mika Waltari. Acostumbrado a las lecciones escolares, Egipto era una cultura con muchos dioses. En esta novela se narra las vicisitudes de una etapa histórica del antiguo Egipto, marcada por el tránsito de una sociedad multipolar a una de heliocéntrica. El faraón Akenatón, propuso el culto al dios Atón (el disco solar) con el que intentó tejer una sociedad inspirada en el modelo divino del Sol.

Décadas después de sentirme fascinado por el modelo heliocéntrico este volvió a mí de forma inesperada con un ensayo sobre el secreto de la Luz. Aprender a vivir intentando buscar la autenticidad vital en el modelo solar corroboraba que el punto de vista desde el que observamos las cosas, incide profundamente sobre la visión de nuestra realidad. Si paseamos por un bosque sintiendo que somos parte de la esencia de los árboles, los insectos, los pájaros, etc. no es lo mismo que cuando lo atravesamos como un espacio para satisfacer nuestro ocio.

El ser humano necesita de la luz para orientarse no sólo en sentido físico sino también consciencial.

Se puede o no creer que la luz de las estrellas es capaz de cambiar la química de nuestros cuerpos, la calidad de nuestros pensamientos, emociones, etc., y que esta nos aporta la fuerza para nuestro progreso interno. Sin embargo, en un día soleado (cuando nos ilumina nuestra estrella más luminosa) nos sentimos más a gusto que en un día nublado. Quizás por eso la cuestión no es tanto creer en algo como experimentar. Y eso es lo que nos aporta el modelo vital basado en el Sol: experimentar las sensaciones, la expansión de consciencia cuando uno se funde con el Sol en un pensamiento de amor, así de simple. El ser humano necesita de la luz para orientarse no sólo en sentido físico sino también consciencial. Por eso, más que predicar sobre lo físico o divino de la luz, lo que vale es el practicar ser un Sol en nuestra cotidianidad. 

Un libro inspirador que nos propone que no hace falta correr, ni perseguir lo material, sino más bien sintonizar con nuestro ser más profundo.

Numerosa literatura nos acompaña en este cambio. A modo de ejemplo, el libro “El despertar del sol” el cual nos invita a despertar nuestro propio sol, a escuchar las respuestas que se encuentran dentro de nosotros para hacer consciente lo inconsciente y a tomar las riendas de nuestra vida. Sin embargo, el verdadero cambio será real cuando tomemos consciencia de amar la vida. Todos estamos siendo invitados a brillar, a ser, a sentir. Sólo es necesario  abrir nuestro corazón, dejar que esa luz se libere y se expanda al resto del mundo, y este tendrá un nuevo color.

El Solsticio Solar puede verse sólo como un evento astronómico. Muchas tradiciones ancestrales establecieron ritos en torno a estas fechas (y de hecho todavía hoy, en algunas zonas, sigue vive la fiesta del fuego, la noche de san Juan, etc.). En nuestra sociedad moderna reunirse bajo la luz del día más largo de nuevo podría verse como algo cursi. Aceptar que la luz del sol nos da felicidad no es una fe sino algo real. Ser conscientes del día más largo y celebrarlo es una invitación a recuperar la presencia del ahora en una sociedad que como la actual nos distrae con sus múltiples tareas, sensaciones e informaciones inacabables y futiles.

Cuando uno está agradecido por algo tiene el impulso de compartir y de volcarse en ser la fuente de este impulso. El Sol con sus frecuencias de luz, amor y vida cada vez inspira a más consciencias a ser responsables. Organizar eventos que nos permitan compartir estas frecuencias es lo que subyace en la celebración del Solsticio Solar y en el espíritu de las personas que han puesto su tiempo y habilidades para que sea una realidad.

Que el mundo es un hervidero en el ámbito social, económico y ambiental queda más que patente. Que el mundo, tal como lo conocemos, está evolucionando es algo que sentimos en nuestra propia piel a diario. Por eso uno puede ser espectador de esta gran función de la que somos parte de ella o ser protagonistas como emanaciones de luz. Luz dada por el Sol que nos impulsa a ser felices por el simple hecho de existir.

Las celebraciones sirven para recordarnos que estamos despiertos.

Ser conscientes de estar vivos,  ser felices, estar agradecidos por ello y celebrarlo es la esencia de la visión de la perspectiva solar. Eso lo podemos celebrar en la intimidad de nuestras meditaciones o compartirlo de forma colectiva arropando nuestros corazones para sentir las frecuencias de la luz, que salen de las palabras, de las emociones y de las inspiraciones por ser uno con el Universo.

El Solsticio Solar de verano es pues el momento en que nuestro planeta recibe una mayor cantidad de luz. Es una oportunidad para recibir con acogimiento este milagro del cual formamos parte y experimentemos sus efectos cada día. Las celebraciones sirven para recordarnos que estamos despiertos. En la medida que cada ser es luz y sus células emanan esta radiación, cuando se juntan muchos seres humanos para celebrar, para compartir, convertimos el evento en un faro de luz para guiar a nuestros corazones y seguir creando una realidad luminosa y ser más conscientes de nuestras propias creaciones diarias. Algo similar recordaba Sinuhé, el egipcio, en el himno a Atón “…tus rayos envuelven los países y cuanto has creado, los encadenas con tu amor aunque estés alejado, y tus rayos caen sobre la tierra aunque residas en el cielo, así como las huellas de tus pasos son cada día”.