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Rutina sostenible





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Rutina sostenible

 
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Un Rooter Pot en simulación

 

 

Ando preparando mi bici y mi mente para estar cuatro días dale que dale a la bici por tierras del Ampurdán, en Girona. Por lo que sé ya somos 30 pedalaries los que nos hemos apuntando a tan rodadas y limpias vacaciones de santa semana.
Me han advertido que con mi Dahon (bicicleta plegable) no andaré del todo óptimo por alguna pista de tierra que hay previsto recorrer. Pero yo ya he comentado que voy con ella donde haga falta, aunque haya que correr algún riesgo.

Hay una cosa interesante en la organización del viaje, que por supuesto es en tren desde Barcelona a Figueres, y donde es bueno saber que hay que solicitar un permiso especial para poder meter en el mismo tren a treinta humanos con sus maquinas de dos ruedas y sus alforjas. Por lo que se, la estrategia consiste en repartirse por los vagones de forma proporcional, y esto no es del todo fácil negociarlo con nuestra admirada RENFE. Lo ameno es que es un viaje participativo, donde cada uno tiene que hacer algo, ya sea preparar desayunos y comidas, encargarse del botiquín o la elaboración de las rutas, yo me he comprometido a ofrecer un taller práctico de aplicaciones de la energía solar, ya que me gusta el tema. Tengo previsto viajar con la bici y todos los cacharros solares que hagan del viaje una experiencia sin electrones sucios, en la medida de lo posible, pero de esto ya cuento cuando toque. Cuento ya con alguna aventura cicloturista, pero no ha pasado de 4 jornadas. Esta incursión en el mundo del ecoturismo realmente me seduce, y lo interesante ya no es lo lejano y exótico que sea el destino, sino lo ameno, amistoso y limpio que comparto en el amable camino.
Todo tiene que ver con una forma de vivir mejor con menos, reduciendo mi huella sobre esta tierra finita.

No estoy muy fino en temas forestales, aunque me invaden profundas emociones y respeto por los grandes vegetales arbóreos. Mantengo una curiosa relación con el huerto urbano que tenemos en la terraza, por cierto, ya plantado, sembrado y tirando pa lante con notable fertilidad. Y cierto, también cuento con la admiración a la pintoresca palmera que tienen su copa  por encima de la altura de nuestra terraza, equivalente a un 5º piso, que está en medio de la ciudad y que cuando sopla el viento, impresiona por su vaivén.

Pero hoy he conocido un producto curioso, se trata de un invento que sirve para realizar acodos aéreos. Un acodo aéreo consiste en colocar una especie de vaso reutilizable con una obertura en la parte superior y que se cierra para que se pueda colocar en el la rama de un árbol no sin antes haberle practicado una hendidura a todo su alrededor. El interior del mencionado pote se rellena con turba y agua, una pegatina negra aísla de la luz el conjunto. Al cabo de dos meses, en algunas especies, ya tenemos enraizado un pequeño arbolito listo para trasplantar. Ahora toca localizar el lugar, el árbol y el tiempo para hacer una prueba y a ver que tal. Me han dicho que es un método tradicional para conseguir arbolillos robustos en poco tiempo sólo que antes se usaban tiestos de cerámica. Lo cierto es que me ha servido para imaginar que no costaría demasiado ponerse a plantar árboles por todos lados, aunque sé que eso no es tan fácil.

Si se tienen a mano cuatro ingredientes y buen sol, y pos supuesto una cocina solar, realizar un menú frugal es de lo más agradable. Hoy, y en honor a una visita a la oficina, hemos preparado una pasta a la salsa con seitán que ha causado placeres diversos y, lógicamente ha ahorrado emisiones de CO2.

Y en la rutina de una vida avanzando hacia la frugalidad, llevo ya semanas que no conecto el climatizador, aprovecho todo lo que puedo la luz natural que cae sobre mi mesa de trabajo, subo el 40% menos en ascensor que antes y he superado los 250 kilómetros hechos con mi bici plegable, a una velocidad media de 14 kilómetros, que no es poco.


¿Porqué éste diario?