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Sombras en el museo NAT de Barcelona

La nueva sede del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona (Museu NAT), está en el antiguo Edifici Fòrum de infame memoria. Hoy este edificio de historia más bien sombría se ha convertido en el Museu Blau (museo azul), un equipamiento de 9.000 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Su propietario y gestor es el Ayuntamiento de Barcelona, quien advierte que se trata de la primera fase del museo la cual incluye espacios para exposiciones temporales, la Mediateca, el Nido de la Ciencia (un espacio para niños de 0 a 6 años), las aulas, la sala de actos, la cafetería, el restaurante, la tienda, y el núcleo de la exposición permanente, “Planeta vida“. Los principales usuarios son las escuelas.

El antiguo edificio del Forum de las Culturas de Barcelona convertido en Museo de Ciencias Naturales. Una desacertada reubicación. Foto: Fundación Tierra.

La oscuridad como impresión sensorial
Toda visita a un museo deja alguna impresión al visitante. El nuevo Museo de Ciencias Naturales de Barcelona se ha reubicado en un espacio del que hay evidencias que su feng shui no es el más adecuado. Pero, por si de esto había dudas, su remodelación para convertirlo en un museo de la naturaleza, se ha diseñado como un espacio negro y de permanente oscuridad.

Para acceder al recinto se sube unas escaleras con el esqueleto de ballena sobre la cabeza del visitante que no da precisamente una bienvenida optimista. El hormigón domina en este espacio diáfano excesivamente amplio desde el cual se intuye la entrada a la exposición permanente con una enorme bola del mundo que asoma a modo de ventana.

Una vez traspasados los tornos con el código de barras de la entrada uno se adentra a un mundo oscuro del que no hay escapatoria hasta el final por lo que parece un laberinto aunque eso sí, pase lo que pase uno saldrá indemne. Entre otras cosas porqué por entre la exposición hay monitores que pueden atender cuestiones formales como informales. Frente a una queja, por ejemplo, porqué en una vitrina hay alguna pieza que se ha caído argumentan que lo trasladan a la dirección oportunamente. Si uno piensa un poco y mira como se han diseñado estas estanterías descubre que para abrirlas quizás se necesite una grúa.

Puede que los animales en sí, algunos inspiren miedo. Un museo debería invocar la emoción contraria, que no es el caso del museo NAT. Foto: Fundación Tierra.

Los audiovisuales y materiales esculturales que acompañan a las vitrinas o las campanas expositoras donde se ubican piezas de valor, especialmente, pequeños fósiles y piedras y otros elementos con un cierto interés científico de la colección del museo sirven para romper la atonía que ofrece el espacio oscuro y que a modo de caminito iluminado guían al visitante para ir avanzando en el recinto.

En algunos espacios concretos se ofrecen exclusivamente proyecciones de films científicos cortos con un mobiliario (sillas) que aunque puedan parecer muy fashion no son nada cómodas. Entre algunos de los espacios museísticos que se van recorriendo hay aperturas más bien cavernícolas que incitan a ser cruzadas para intentar salir de un recorrido en franca oscuridad y agobiante. Pero es sólo una ilusión la luz que muestran ya que son como un espejismo producido por los reflejos de las vitrinas.

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En esta vitrina sobre la Diversidad de las plantas uno no sabe que es lo que la misma pretende explicar. Incluye sorprendentemente una interesante colección de maderas de árboles de Filipinas del siglo XIX sin más explicación. Foto: Fundación Tierra.

Resulta curioso que esta oscuridad permanente esta sólo se rompe de forma absoluta en un único espacio. Se trata de un singular recodo en el que un gran ventanal filtrado con una cortina translúcida permite descubrir el paisaje urbano del exterior. En este espacio se ofrece la posibilidad de escuchar sonidos de la naturaleza pristina (pájaros, insectos, etc.). En definitiva, un espacio que debería ser intimista y en el que se proyectaran imágenes de la naturaleza se contrasta su sonido con la visión del paisaje urbano más bien ajeno de sonidos naturales. Quizás se persigue el contraste y darle un puñetazo emotivo al visitante. Sin duda, este efecto se consigue y uno se levanta tras los primeros acordes del trino de un mirlo.

Al final, las vitrinas llenas de animales y fósiles son los elementos dominantes de un museo que en su mayor parte no invita precisamente a conocer la naturaleza desde el significado histórico de un museo que aunque renovado en mobiliario sigue siendo anacrónico en los sentimientos que provoca. Cuando uno sale de la oscuridad tiene una sensación de alivio tras salir del laberinto de vitrinas. En la tienda del museo se puede obtener la satisfacción de llevarse un peluche made in china para compensar la escasa sensibilidad naturalista que desprende el conjunto.

La impresión museística y científica
Un museo es esencialmente un equipamiento de divulgación de la cultura y la ciencia. Un espacio con colecciones de valor para la colectividad y que en el caso de este museo vienen de una historia de más de 100 años de actividad científica de conocimiento de la naturaleza. Esta dilatada historia y la presencia continuada de investigadores naturalistas ha llevado a que sin ser excepcional el fondo museístico merezca ser conservado. Pero convertir este legado, este cúmulo de animales disecados, fósiles, semillas, etc. provenientes de medio planeta, no puede ser la excusa para formular un museo de ciencias naturales con mobiliario del siglo XXI pero conceptualmente del siglo XIX. A pesar de los recursos audiovisuales tanto en proyecciones como sobre ordenadores y la presencia de maquetas de aspectos concretos de los seres vivos, una célula, los hongos, etc. estas son sólo un mero objeto decorativo entre medio de un aglomeración de estanterías cuyo contenido ya ha fatigado al visitante.

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En otras vitrinas, los textos a los que supuestamente deberían incitar a mirar dentro son con un lenguaje tan poco divulgativo que ni el peor de los libros de texto lo supera. Reproducimos otro texto de una de las vitrinas en cuyo interior se acumulan mamíferos y aves sin que se entienda el conjunto:
Los cambios ontogénicos. Los cambios morfológicos y estructurales que tienen lugar en el cuerpo de un animal desde el inicio de la vida hasta que llega a la edad adulta son evidentes en muchos casos. En los vertebrados se producen diferencias significativas en la forma del cuerpo, las proporciones y las cubiertas (pelajes y plumajes), tan evidentes que a veces parecen individuos pertenecientes a especies diferentes. Foto: Fundación Tierra.

El Museo Nat no ha valorado ser un referente que anime al estudio de la naturaleza con las nuevas técnicas y se limita a mostrar el simple coleccionismo con una decoración ecléctica. Cómo se describen las nuevas especies, cómo debe ser la ética del científico para que el estudio de una especie rara no se termine con los especímenes de uso biológico son algunas de las preguntas que un museo de ciencias naturales debería responder en el siglo XXI. Hoy las filmaciones de plantas y animales, algunas con técnicas fotográficas revolucionarias han permitido descubrir aspectos de la vida silvestre como en ningún otro momento de la historia. Un museo de ciencias naturales del siglo XXI no puede ser tan sólo una resmaterización o reubicación de colecciones del siglo XIX. Está claro que se ha perdido una oportunidad en Barcelona.

La ubicación física del Museo Nat en los confines del Espacio del Forum 2004 y en un edificio que aunque sorprendente por su aspecto exterior  resulta agresivo al propio paisaje urbano. No es un edificio amigable para permanecer en el mismo un mínimo de 2 horas. Las paredes negras, la escasa iluminación, y el entorno absolutamente desprovisto de toda naturaleza viva (ni un solo árbol o arbusto en su alrededor) no invitan para nada a adentrarse en las ciencias naturales. Uno sale descargado energéticamente y con el humor por los suelos sin saber porqué.

Todo lo contrario sucede cuando visita el Jardín Botánico en Montjuic. Quizás por esta razón, sus gestores, conscientes ofrecen la posibilidad de que con la entrada al museo NAT uno puede durante el año visitar este otro equipamiento de la órbita del “museo de ciencias naturales “. En cualquier caso, el museo NAT o museo Azul se ha diseñado para que el interés científico o museístico no sea algo perceptible por la acumulación de objetos. Algunos de los interactivos que se ofrecen están faltos de un lenguaje asequible. Uno tiene la sensación al salir que ha asistido a la clase de un mal profesor de ciencias de naturales. En cualquier caso la reubicación de un antiguo museo es una oportunidad de modernizar su discurso y planteamiento y esto no se ha producido. Y si eso creen sus autores, quizás podrían haber visitado antes otros equipamientos modernos parecidos.

Finalmente, analizando en detalle muchas de las informaciones que se ofrecen de tipo biológico estas son más bien vácuas. No son erróneas conceptualmente, pero parecen realizadas por un equipo de expertos que no sabían para que ni para quien escribían sus parrafitos. A muestra de ejemplo en este reportaje ilustramos dos de ellos.

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El texto que ilustra esta vitrina es poco didáctico: Los ciclos biológicos. En los animales el ciclo biológico más largo es el comprendido entre el nacimiento y la muerte. Otros ciclos son de periodicidad más corta y con pautas de repetición., o bien no condicionan la supervivencia de los animales en respuesta a cambios internos o externos: ciclos que se alargan para toda la vida (metamorfosis) o que se dan cada año (migraciones, hibernación) o cada día (reposo). Foto: Fundación Tierra.

Uno se mira las vitrinas y los textos que hay debajo y simplemente se queda perplejo pues entre estas explicaciones y los bichos o plantas del interior de la vitrina sólo el comisario de la exposición debe saber el porqué de todo.


Los autores de la exposición
Los arquitectos Herzog & de Meuron, autores del edificio original del Forum de las Cultras de 2004, han sido también los responsables de la adaptación de la nueva sede del Museo y del diseño museográfico de la exposición de referencia "Planeta Vida", un viaje por la historia de la vida y su coevolución con nuestro planeta y un retrato de su presente. Esta muestra se inaugura con el núcleo de la exposición, "La Tierra hoy ', que es la parte que exhibe 4.500 piezas del fondo patrimonial del Museo y que ocupa la mayor parte del espacio dentro del recinto expositivo.

El núcleo de la exposición, 'La Tierra hoy', presenta una visión de conjunto de la naturaleza que integra todas las disciplinas de las ciencias naturales, con un discurso museográfico totalmente renovado y con los recursos interactivos y audiovisuales más modernos. Este nuevo espacio ha permitido mostrar tesoros escondidos de las colecciones de una institución con 132 años de historia y que hoy posee tres millones de ejemplares-muchos de gran relevancia científica e histórica-en los ámbitos de la mineralogía, la petrología, la paleontología, la zoología y la botánica. Es una exposición que se centra en el patrimonio natural de Cataluña y de su entorno más inmediato, el Mediterráneo, pero que también muestra materiales significativos de otras regiones del planeta. 


Cuestiones prácticas

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El mobiliario del Museo Nat no es precisamente cómodo. Foto: Fundación Tierra.

El Museu Blau forma parte del llamado Museu de Ciències Naturals de Barcelona que tiene cuatro sedes: el Museu Blau en el parc del Fòrum, el Jardín Botánico, en el parc de Montjuïc, y el Laboratori de Natura en el Castell dels Tres Dragons y el Museu Martorell, ambos ubicados en el parque de la Ciutadella.

El Museu Blau fue inagurado la primavera de 2011. La exposición permanente “Planeta Vida” ha supuesto una inversión de 13 millones de euros. Las entradas cuestan 7 euros (precio año 2011) y permiten también entrar (consultar condiciones) en el Jardín Botánico ubicado en Montjuic.