You are here

Tres días en Granada (II)





curvaSupTit.gif" border="0">

Tres días en Granada (II)

 
10092004_grana6
10092004_grana7
10092004_grana8

1. El plano de la acción
2. En plena acción divertida
3. Greenpeace en acción cultural



 


 


Siempre que ando por lugares novedosos me planteo sacarle a la mañana un rato y ponerme a correr por ellos. No siempre la mente y el cuerpo se ponen de acuerdo, pero hoy con la bici ha sido todo más llevadero. Me he pegao media hora dale que dale tomándole el pulso a una parte de la geografía urbana de la ciudad.

 

Hacia tiempo que no jugaba en grupo, pero hoy la primera actividad después de un desayuno frugal, ha sido participar en un simulacro de acción activista contra el movimiento de un barco cargado de tóxicos por el Guadalquivir. Y es que estar con gentes de los grupos de apoyo de Greenpeace, venidos desde diversos lares y con ganas de hacer cosas, no es para menos y ha dao para llenar de intensidad la jornada.


Dentro de la programación de esta peculiar reunión de más de 30 activ@s amantes ecológicos ha tocado disfrutarse la crudeza y llamada a la acción positiva de un paquete de charlas que conmemoran los 20 años de activismo de Greenpeace en el país. Un nuevo video sobre la explotación ilegal de la madera amazónica y la lucha de las gentes del lugar para frenar el expolio ha inaugurado la celebración. Los responsables de los grupos de apoyo de Gp en Granada y Málaga nos han brindao su bienvenida y repasado el simbolismo de la acción directa y necesaria ante los desmanes de algunos clanes de un sistema en evolución temprana.
Los GDA,  grupos de apoyo locales son colectivos formados por socios activos de la organización que se coordinan y apoyan in situ las campañas de ámbito estatal e internacional que se llevan a cabo por parte de Greenpeace. Cualquier socio puede participar desde lo local en la defensa de lo global. Yo tengo el privilegio de colaborar, pero no mucho, con el grupo de apoyo de BCN.

En la mesa redonda y entre otros, Juan López de Uralde, que de activista a pie de delito ecológico durante bastantes años tuvo que ocupar el cargo de director ejecutivo de la oficina de Madrid y con un renovado grupo de trabajadores de la sostenibilidad  seguir llamando con diplomacia a la puerta de tiranos, sucios y gamberros ambientales y en la de algún que otro político desinformado. De ello ha hablado, de cómo Greenpeace ha actuado ante los cambios generados en los problemas y la política ambiental de estos años.
El responsable de la campaña de bosques, Miguel Ángel Soto, nos ha puesto al día sobre los avances y compromisos que cada vez más ayuntamientos van adquiriendo en lo relacionado con la compra de madera gestionada de forma sostenible. Nos ha hablado de la madera de la guerra, aquella que llega en barcos a nuestros puertos para convertirse en muebles que nunca serán bonitos por las trazas de sangre y violencia que incorporan; de los siete magníficos islotes de bosques primarios que nos quedan y de los siete animales que a cada una de ellas representa; de más de 40 millones de hectáreas que ya están certificadas en el mundo por la mayor de las historias de amor entre los humanos y los bosques, la certificación FSC.
Mi modesta conclusión es que por lo menos nos quedan 20 años más de acción, aciertos, y desengaños aunque también victorias contra la desesperanza y esos traviesillos adictos que hay que mandar al colegio de formación ambiental básica.

Espero y deseo que de aquí a dos decenios, en la reunión brindemos por el planeta y sean muchos más los millones de ciudadanos contentos por haber cerrado por lo menos las nucleares, protegido con acierto los pocos bosques viejos que quedan, fomentado que el arbolillo del logo FSC este hasta en la cuchara de palo que remueva la sopa no transgénica; que el viento mueva millones de motores y despejado mentes confusas; que el Sol nos siga mirando pacientemente y contento por que de el nos aprovechemos sin cortarnos un pelo; que Kioto esté ya muy lejos en el tiempo y superado 20 veces por lo menos; que los tóxicos quimicos vayan dejando de hipotecar un futuro saludable; que los mares sean habitables para los que viven en ellos; que los políticos malos sean recuerdo y que los elegantes y honestos disfruten de batuta representativa para dirigir la orquesta colectiva con agradecimiento y pensando en lo bello, lo sano, lo verde y lo pacífico; en definitiva, que pueda ser un mundo más posible imposible.

 

El colectivo se ha echado a visitar ese espacio único realizado por sabios hace ya unos siglos,  donde jugar con el agua y el sol era arte dominado. La Alhambra es como imposible no visitarla si se viene a Granada.
Ya caído el sol y echada la plácida noche hay un ritual sagrado donde comulgan  miles de adeptos y que dispone de numerosos y hasta bendecidos espacios. El programa, afortunadamente laico, ha llevado a los fieles verdepacíficos a rendir culto en diversos templos. Y aquí un devotillo travieso da fe de que los mensajes  divinos que se transmiten en una sesión de tapeo granadino compartiendo dialogo ameno en bareto a pie de ruta es lo nunca visto. Hay quien dice haber llegado hasta el cielo placentero llenando barriga, mientras hidrataba el esfuerzo. Menos mal que en esos lugares, para encontrar la felicidad temporal, no hay que padecer suplicios.

 

Tiempo ha habido para digerir los diversos y particulares gozos y pecadillos. Y es que la subida por el Albaizín, ese barrio inconfundible y aromático camino del mirador con nombre de santo, Nicolás, es un lugar ideal para echar un vistazo de ese, la estrella de la cultura árabe, que ha sido como regalo del cielo. Recuerdo ahora a compañero embobao y como poseído por el momento y a dos cantando a duo con pasión canciones de Serrat con tono perfecto, debe  ser que unas tapas típicas y un escenario único hacen milagros estupendos.

Bajando como del cielo granadino buscando ruta al descanso prudente que ya tocaba, un cartelillo me ha llamado la atención. Llamaba a una próxima movilización vecinal para poner freno a las mierdas de perro, y es cierto porque olidas a la fuerza y casi pisadas algunas por el que escribe, le han puesto gracia al descenso, que por las horas de reloj eran como del tipo espiritual atravesando la noche. En un momento insoportable, he clamado como al supremo, es decir cual vecino asomado al balcón y jactoso por lo ocurrido. ¿De quien es la responsabilidad de los pasteles rastreros, del que los pone porque lo siente y precisa o del que no quiere sentir al que lo pone?.


A dormir tocan, que si no sigo delirando.


¿Porqué éste diario?