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Un anemómetro muy sensible, hecho en casa





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Un anemómetro muy sensible, hecho en casa

 
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1. Huevera para cazoletas
2. Tubo de PVC recuperado
3. Calibrando desde el coche
4. El plano del tesoro eólico



 


 


Lo de dedicar algo del tiempo libre a explorar el ecobricolaje no puede más que aportar satisfacciones y disfrutes, porque se puede llegar a construir algún cacharro interesante y pensar que servirá para cosas relevantes. Toda una prueba de nuevos conocimientos y habilidades, y sin salir de casa.

Hay un libro admirable, exquisito, excepcional. Lo parió un ingenioso solar de primer nivel, José Manuel Jiménez, con mote "El Súper" en honor a aquel personaje de la TIA del Mortadelo y Filemón. El y su grupo de amigos formaron el Taller de Investigaciones Alternativas, que es algo así como la ONU de la simplicidad tecnológica al servicio de la sociedad más sostenible.
Ingenios Solares ofrece 23 montajes sencillos y útiles de cacharros y utilidades que emplean el sol como fuente de energía, y su valor pedagógico es enorme, tanto para pequeños como para mayores. Influenciado por el libro, me he convertido en un devoto súper-sónico, y sigo de cerca el periplo creativo de ese comunicador solar al que admiro por su calidad humana y su ingenio solar.

Hace un tiempo Súper difundió en uno de los famosísimos Encuentros Solares en Benicarló (esa reunión del culto anual donde se da cita el mayor numero de amantes de las energías renovables por metro cuadrado en Europa y quizás del mundo) difundió los planos y mostró un anemómetro (medidor de la velocidad de los vientos) hecho con materiales accesibles y las necesarias buenas manos. Decía y sigue diciendo que es tan sensible como los mejores de la oferta comercial, faltaría más.

Bien, aun sin ser del todo necesario, decidí hace unos días ponerme a construir mi anemómetro sensible autocostruído hecho en casa con cariño y oleeé. Seguro, pensé, que cuando esté hecho obtendré algún rendimiento, medir el viento que corre por la zona sirve para tomar conciencia de una fuente de energía limpia que baña el lugar, y quien sabe, quizás aparezca un amigo con ganas de instalarse un aerogenerador y le vaya de perlas para localizar el lugar más idóneo en sus entornos. Pero de lo que no dude es de lo bien que iba a pasarlo toqueteando, ojeando, cortando y conectando, todo por el mero placer de quererlo hacer.

Me puse manos a la obra con el folleto original donde se recogen todos los detalles a tener en cuenta para un montaje disfutrón y efectivo. Se recomienda hacerse con las cazoletas aprovechando las hueveras de las neveras. He optado por localizar una huevera portátil de plástico resistente a la que le he sacado cazoletas para 4 unidades. La falta de tiempo y alguna otra dificultad me han impedido una visita al chatarrero o punto verde, lugar donde estoy seguro que abundan neveras con hueveras excelentes.

Súper recomienda un tuvo del tóxico PVC de 32 mm de diámetro, y mira que me ha costado conseguirlo. Comprarlo para mí es imposible por cuestiones ecoéticas, por lo tanto he dedicado varios días a mirar containers de residuos de obra por el barrio. ¡¡Eureka¡¡ y encontré un hermoso tramo de desagüe justamente con tubo de 32. Aunque pintado de blanco, no tardé mucho es dejarlo limpito y cortado al tamaño prudente.

El tapón donde se ensambla el eje, ese si que me costo. Tiene que ser de un diámetro superior al tubo con holgura para alojar sobradamente las cabezas de los tornillos de cada una de las tres cazoletas. Por más que busque no encontré, hasta que un día en la cocina y en plena depresión taponera mirándome un bote de especias me percate que allá estaba mi tapón deseado. Deje a la canela en rama sin tapa, pero con gran satisfacción.

El motorcillo, uno de esos de los juguetes, era el recomendado. Me costo poco hacerme con varios en una de mis cajas de recursos. Eso sí, lo que me costo más fue acertar en el corte de bobinas. Por no fijarme bien la cagué con dos motorcillos y al tercero vi la luz o mejor dicho, mire con mas atención las recomendaciones del Súper en sus dibujos comentados. Imanes fuera y soldadura de los dos cables. Al final lo conseguí, no tardé mucho en echar mano al pegamento y fijarlo en el interior del tubo.

Por otro lado me compre en una tienda de bicis un cuentakilómetros de lo más majo. Era una de esas pequeñas minicomputadoras que si te descuidas hasta casi te llaman por tu nombre y dialoga mientras circulas, y es que lo mide todo. La clave es que el modelo elegido pueda ajustarse a mínimos de diámetro para el diminuto eje del motor. Se cortan los cables del sensor para la horquilla y a estos se les empalma con los que bajan del motor.

Ahora solo falta el viento. Con soplidos no se mueve casi nada, corriendo con el en la mano no vale. Estoy a la espera de ajustarlo con un anemómetro calibrado de un amigo. Mientras y aprovechando un viaje en coche, el ajuste lo hemos realizado sacándolo por la ventanilla, controlando el velocímetro y venga ajustar valores de giro en el cuentakilometros, hasta que ambos han marcado parecido.

Si te has emocionao y quieres ponerte manos a la obra eólica, aquí está disponible los planos.

Me atrevo a recomendar, no a ociosos lectores sino más bien a inquietos ingeniosos que ponerse con las manos en la masa es interesante y hasta necesario. Lo hecho con tus manos no tiene precio, es ruta de aprendizaje de variados conocimientos y habilidades. Cuesta además poco y desde lo más ínfimo siempre se recogen agradables rendimientos, sino prácticos, por lo menos emocionales.  En el caso de lo comentado hoy, el argumento podria ser algo así como que medir lo que nos rodea es siempre importante para entender y apreciar más nuestro entorno.


¿Porqué éste diario?