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Vacaciones con poca huella

08112006 enlucido tierra
08112006 ensalada tomate

1. Dándole a la masa, la paleta y la lana
2. Corte eficiente para ensaladas
3. Entre girasoles gigantes después de un baño refrescante
 
Me he pasao el mes de julio pensando en como pasar los días de relajo y descanso veraniego, No he parao de preguntarme e idear el como debería ser un mes, este de agosto, donde primase la coherencia de mis sentimientos y voluntad de acción en mis actividades por una sociedad más equitativa, más sostenible, más bonita y divertida.

Podría servirme este mes para repasar actitudes, hábitos y conductas mientras disfruto de una sombra de árbol bondadoso o de ese frescor primor regalo que suelen ser casi todas las noches del tórrido mes, por lo menos en la tierras habituales donde me suelo mover.

Me pasan por la cabeza decenas de cosas interesantes, algunas infantiles, otras atrevidas, pero todas como anheladas dentro de mis pensamientos de humano interesado en el mínimo impacto ambiental y máximo disfrute de la vida. Dormir bajo las estrellas, viajar en bici, recorrer lo cercano desconocido, aprender nuevas habilidades, disfrutarme provechosas lecturas, dedicar tiempos a la cocina alquímica, estar atento a esas cosas del acontecer humano que sirven siempre. Pensar también es actividad deseada, y ordenar con tendencia al desapego, esto me lo tomo ya como una terapia espacial de desalojos de inservibles e inútiles, que todavía me quedan bastantes cajas.

Llevo una semana practicando la vida simple alegre y te cuento en que ha consistido por si te sirve de inspiración.
Los básicos que me he impuesto han sido: no moverme del sitio donde estoy generando CO2, alimentarme con los productos mas cercanos a la mesa en lo posible, hablar con los amigos más de la cuenta y de cosas hasta poco previstas, dormir lo que toca, e información mínima, aunque no puedo remediarlo y echarle un vistazo a la prensa en internet. La sección titulares me mantiene informado de lo que están recibiendo el resto de compañeros de especie. Arde Galicia, vete a saber por qué, no debe haber solo una causa, seguro que son varias, el secante cambio climático, la mediocridad humana, la idiotez social ante el bosque y sus servicios... Se habla poco de lo bello y mucho del fuego cuando este prende el verdor y el buen aroma del hábitat vegetal.
Hasta que los humanos no amemos y respetemos el bosque como hacemos con las iglesias de las diversas confesiones, mal iremos. Además el cambio climático se irá encargando de ir apretando políticas eficaces de protección cuando quede poco que quemar, lástima. Yo donde estoy, en tierras de Lleida, cerca de Balaguer, me miro las encinas y los frutales y la huerta como nunca he hecho hasta ahora.

Te cuento alguno de mis ratos agosteros, pero lo hago según lo siento y vivo, que queda mejor.

Terapia/hábito práctica nº 1: Enlucido del muro de la pared de una construcción con balas de paja a base de un mortero con arena, arcilla y fibra de paja.
Nunca es tarde para hacerse un ducho en el arte del manejo de la lana, la paleta y la hormigonera y adivinar las proporciones del amasado. Cada cosa puede parecer sencilla pero si la unes todas hasta que no llevas varias jornadas dándole al tajo difícil es controlar lo básico del arte de esa práctica constructiva. Por momentos la pared se convierte en espejo donde ves en directo la falta de habilidad y eficacia, la tozudez, lo basto y lo bello, la dulzura orgánica de las curvas, el dale que te pego y no encontrar el punto perfecto, para mí es de momento lo más habitual. Cójase arcilla (10 palas), arena de río (20 palas) y 7 palas de paja triturada, añadásele agua hasta que la masa en la hormigonera quede en el punto de soltura que el maestro indique, vuélquese la cuba con el arte de todo el que tiene carné de conducir y viértase en carretilla que sale zumbando al muro. Allá, con el arte exclusivo que solo da la práctica, láncense pegote de la masa con la gracia, la presión y la velocidad que diga el maestro, y listo, a llanear y que quede fino.
Esta siendo un placer colaborar en los procesos evolutivos de aquella construcción que empezó hace un año a coger forma y en la que tengo la suerte de llevar cientos de horas de ayudante de maestro, de amigo de maestro, de aprendiz de mil cosas.

Terapia/hábito práctica nº 2: Observar con atención cómo se pela un tomate y una cebolla sin necesidad de tabla de corte.
O lo que es lo mismo, como llenar la ensaladera sin manchar más que el cuchillo de corte. Mas Lluerna es un lugar especial para cualquier pretendiente a vivir mejor con menos y de sus cuidadores. Con Ricard e Isel, si estás atento a sus consejos y habilidades, puedes llegar a salir doctorado de verdad del lugar, en temas de vida sostenible. Se coje el bol, te sitúas en su vertical, tomate en una mano, cuchillo en la otra, y ala, a gajos el tomate delicia va cayendo, su zumillo también y al final siembre queda el rabillo que se manda al cubo de compostaje... se lanza a la canasta y listo. Idem con la cebolla. Hasta ayer este acto de cortar con elegancia un tomate precisaba de lo siguiente: tabla de corte, troceo guapo, chorreo habitual, traslado del producto al bol, limpieza de la tabla con zumillo que siempre se escapa, en fin, que lo que parece chorrada se convierte en un hábito de esos que te van a acompañar toda la vida.

Entre enlucir un muro de pacas de paja y trocear un tomate con la máxima eficacia no hay mucha distancia, los dos actos requieren del maestro que enseñe, de las ganas de aprender y pasar a la acción del que observa y atiende y del deseo de querer disfrutar con esas pequeñas cosas que nos pueden hacer un poquito más grandes como miembros de una especie que, por secciones y volúmenes, derrite los polos, quema los bosques, asesina al prójimo, oprime al débil y sigue soñando con querer un mundo mejor posible. Trabajo queda, y si no es divertido será hasta más duro. En fin amigo/a, sostenible agosto cargado de pequeñas cosas importantes para hacer frente, quizás, a la incertidumbre y el desespero.
 
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