You are here

Abrir ventanas al porvenir






Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir.
(Safo de Lesbos)

Odiamos las guerras. Pero cuando otro conductor de un vehículo nos corta el paso somos capaces de lanzarle un alud de insultos. La violencia nos rodea y no nos entrenamos para la pacificación. Hombres y mujeres pelean cada uno con sus armas, aunque en clara desventaja para las mujeres. Disponemos de la tecnología para poder vivir en un mundo más ecológico, solidario y saludable. Sin embargo, nos obstinamos en regodearnos entre la inmundicia que alimenta la desigualdad, la esclavitud y el oprobio. Vivimos en un mundo que funciona a base de energía fósil o nuclear. Energía concentrada en unos pocos países que controlan unas pocas empresas transnacionales. El petróleo crea diferencias entre países pero sobretodo nos hace esclavos de una irrealidad: que disponemos de toda la energía sin límites. Sin embargo, la Tierra tiene límites. Límites tan elementales como el espesor de la atmósfera respirable o la superficie forestal capaz de asimilar dióxido de carbono. Ignoramos el funcionamiento de nuestro entorno mientras estudiamos como destruir a nuestros vecinos por un puñado de barriles de petróleo. Ponemos gasolina en los vehículos sin ser conscientes de que estamos subvencionando guerras y la destrucción de mundos indígenas. Existen alternativas y las conocemos. Las energías renovables, pero sobretodo la eficiencia en los procesos tecnológicos y energéticos. Pero las energías renovables no son más que una herramienta para aplicarnos en el único método alternativo para salvarnos como especie: la frugalidad. La frugalidad es la única arma que puede detener las guerras sucias del oro negro y de otros minerales estratégicos. Hacer algo para cambiar un mundo con tantos intereses cruzados puede parecer difícil, por no imposible. Sin embargo, debemos intentarlo. La vida son cambios. Quizás ha llegado la hora de que los cambios sean vida.