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De las nubes más negras cae una agua limpia






De las nubes más negras cae una agua limpia y fecunda
Proverbio chino
Hoy sabemos que las consecuencias del accidente de Chernobil de la madrugada del 26 de abril del 1986 fueron catastróficas. El número de personas afectadas supera los siete millones y medio de las cuales se señalan . Las tierras contaminadas suponen un tercio de la superficie de España. Estimaciones independientes cifran el coste en 300.000 millones de euros. La nube radiactiva alcanzó la mayor parte de Europa; actualmente es posible encontrar cesio radiactivo de Chernobil en lagos pirenaicos. En las regiones afectadas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia los niveles de cesio-137 y estroncio-90 superan las normas soportables por la salud humana.

La experiencia de Chernobil no fue sólo una advertencia o un caso aislado. En realidad debería ser considerado una providencial oportunidad para facilitar la transición desde la economía fósil y nuclear hasta la economía solar. Hay que ser insensato para no darse cuenta y admitir como hemos acrecentado los negros nubarrones con el modelo de la sociedad del siglo XX. La lucha por el petróleo y los combustibles fósiles tan sólo pasa de escaramuzas. Lo peor está por venir. China, como fábrica del mundo va a defender su papel. Sin ir más lejos en los próximos años va a doblar en el 2010 su flota de aviones hasta llegar a 1.580 aparatos. Pero no sólo es la demanda de recursos y energía para satisfacer el consumo del Primer mundo. El mercado interior chino es hoy una prioridad. Los reproductores de DVD ya están en el 52% de los hogares (cifra de 2004), cuando en 1997 estaban solo en el 7%. La presencia de ordenadores personales ha saltado del 2% de los hogares en 1994 al 13% diez años después, y los teléfonos móviles del 10% en 1999 al 48% en el 2004. Y el que ya tiene uno espera ya en comprar el nuevo modelo de moda. La industria de los semiconductores ha batido el año pasado su propio récord de ventas, alcanzando la cifra de casi 186.000 millones de euros, un resultado hasta cierto punto inesperado sólo comprensible por el auge de las pequeñas utilidades como los reproductores de música MP3 o la grandiosa demanda de chips que se precisa para fabricar los 914 millones de teléfonos móviles que se espera fabricar en el 2006, con funciones más exigentes. Tras cada uno de estos productos hay una industria, unos residuos y unos peligros ambientales inevitables.  

El optimismo consumista actual constituye una amenaza planetaria. Pero es evidente que de la misma todavía estamos a tiempo de convertirla en agua limpia y fértil para el futuro de la humanidad. No se trata de que la vida humana no sea más cómoda y saludable para todos. Pero es evidente que al gasto personal equivalente a una huella ecológica media a nivel mundial de más de 4 hectáreas o lo que es lo mismo a la biocapacidad de tres planetas Tierra es insostenible. En realidad, la tormenta que se avecina no será, de continuar a este ritmo de destrucción sistemática precisamente, ni fértil ni limpia. Todo lo contrario. Y ello sin contar, que a ningún gobernante poseído o en sus sanos cabales cometan alguna estupidez colectiva como ensarzarnos en una nueva contienda mundial con armas nucleares. Debemos, pues valorar la amenaza en el horizonte como una oportunidad para que la tormenta pase de puntillas y tras ella el Sol vuelva a brillar.