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El legado de Luna

¿Qué estarías dispuesto a hacer para proteger a tus seres queridos o al hogar que tanto te ha costado conseguir? Si una apisonadora amenazara con llevarse por delante tu casa, tras la aprobación de un nuevo plan urbanístico, ¿te plantearías hacer una sentada para impedir que la derribaran? Muchas veces hemos visto escenas parecidas en la gran pantalla. Vecinos que se niegan a abandonar sus hogares, personas que emprenden desgarradoras huelgas de hambre... Ficción o realidad, acciones como éstas siempre dependen del grado de implicación y apego hacia esa pertenencia y del coraje que uno posea. 

Queremos que nuestros hijos dispongan de parques y jardines donde jugar y respirar un poco de aire puro entre tanta contaminación urbana, pero, a pesar de este deseo, no se nos ocurriría nunca subirnos a un árbol para evitar que lo talaran. No consideramos a los árboles como una pertenencia valiosa, como nuestra casa, por la que debamos luchar. Pocos son, por tanto, los que emprenden acciones "diferentes" y comprometidas.

El legado de Luna. La historia de una mujer, una secuoya y la lucha por salvar el bosque. 
Julia Butterfly Hill
RBA Libros
Edición tapa dura, 173 páginas.
Barcelona, 2001
Edición de bolsillo, 297 páginas
Punto de Lectura, 337
Barcelona, 2002.

 

Julia Butterfly Hill es la excepción que confirma la regla. "Nadie tiene derecho a robar al futuro para conseguir beneficios rápidos en el presente. Hay que saber cuándo tenemos suficiente", afirma en El legado de Luna, su testimonio escrito de los dos años que pasó en lo alto de la secuoya milenaria, llamada cariñosamente por los activistas Luna, para preservarla de la tala. 

Las industrias madereras hace mucho que "roban al futuro" talando los bosques de forma masiva e insostenible, impasibles ante el proceso que sus actos desencadenan. Si se deja a una colina sin árboles, la fuerza de la lluvia arrasa todo a su paso porque no queda nada para sujetar el suelo y las rocas. Además, al modificar el hábitat, muchas de las especies podrían llegar a extinguirse. Y, puesto que las sanciones que se les impone a estas empresas son ridículas con respecto a las ganancias que perciben, les es mucho más rentable violar las leyes que respetarlas. Pacific Lumber fue una de estas empresas madereras, a la que desafió Julia hasta conseguir su propósito: preservar su secuoya y todos los árboles que se encontraban en un radio de 60 metros a la redonda.

La batalla que libró Julia Butterfly desde lo alto de la secuoya no fue, sin embargo, una batalla en solitario. A pesar de que llegó a estar en desacuerdo con los miembros de la organización ecologista con la que colaboraba, éstos se encargaron de suministrarle comida y todo lo necesario para subsistir. Poco a poco, Julia fue ganándose la simpatía de muchas personas: desde famosos como Bonny Raitt, Joan Báez o Woody Harrelson, que subieron a Luna a visitarla, hasta algunos de los leñadores que acabaron tomando conciencia de su lucha. 

Julia Butterfly, desde la secuoya Luna, atendió a los medios de comunicación, que la empezaron a tomar en serio a medida que transcurrían los meses. Para ello, hizo uso de cargadores de batería de teléfono móvil que funcionan con paneles solares. Un ejemplo de que la tecnología alternativa no sólo es posible, sino también muy útil en situaciones extremas. Julia permaneció más de dos años en Luna y cuando bajo el 18 de diciembre de 1999 ya era un símbolo universal del ecologismo. La historia, su historia es más simple que la de una heroicidad, es la historia de amor entre un árbol y una mujer y el legado milenario de las secuoyas y en general de todos los árboles. 

Recorriendo las páginas de El legado de Luna, uno toma conciencia de la fortaleza física que puede proporcionar el reto de conseguir los propios ideales.  Julia Butterfly Hill sigue insistiendo hoy día, desde su Fundación Circle of Life, en que una sola persona puede cambiar las cosas, aunque para ello deba vivir en un árbol.