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La cultura que hace el paisaje






La cultura que hace el paisaje


Escritos de un naturalista sobre nuestros recursos de montaña
Pedro Montserrat Recoder
La Fertilidad de la Tierra Ediciones
Estella, 2009



La cultura que hace el paisaje
La montaña vista por un sabio de la agroecología


Hay libros que dejan la huella del rebaño que les precede. Hay autores que, siendo especialistas, acaban inundando con su sabiduría nuestro pequeño mundo. Pedro Montserrat es uno de estos expertos en botánica, ecología y paisajes rurales, que han convertido la montaña en su alma máter. Este hombre es ya toda una referencia en la agroecología, que él define como un sistema equilibrado (armonizado) por el hombre. Y es que "los sistemas naturales evolucionan, sus elementos geofísicos y biológicos coevolucionan ensamblados y así se facilita el uso tradicional, que es el perfeccionamiento para cada uno de los ambientes, una maduración del conjunto natural”.

La cultura que hace el paisaje es un libro en el que se nos invita a meditar sobre nuestras acciones en los ecosistemas de montaña y a conocer el estado natural con sus estrategias maravillosas, a la vez que se analiza la evolución de los mismos bajo la actividad tradicional para crear los pastos naturales. Y es que en el prado “vemos un conjunto de hierbas vigorosas, seleccionadas durante millones de años para rebrotar con fuerza una vez segadas, comidas, y muy apropiadas para transformar el fiemo, la basura, en nuevos brotes de hoja tierna, con la proteína necesaria para las crías de animal doméstico”. Por este motivo, ahora “contemplamos el prado como una pieza básica de la pradería; por lo que conviene acentuar la perspectiva, esta visión integrada, para comprender la importancia del conjunto paisajístico, la oferta que hacemos al visitante atraído por tanta belleza”.

Por ello urge preservar los biosistemas de montaña que funcionan con o sin seres humanos, porque en ellos está la esperanza para dar continuidad a unos sistemas naturales que son el fruto del trabajo esforzado de generaciones de personas humanas, convencidas de la necesidad de preservar nuestra cultura en armonía con el medio que nos rodea. “La recuperación de la cultura ganadera es una meta que marcará una tendencia hacia el final de un largo proceso educativo muy seguro; mientras conviene aprovechar los intentos que ahora tanto se prodigan y aumentarán su eficacia con facilidad y rapidez si les ayudamos”.

Capítulo especial, que merece nuestra atención, es el que Pedro Montserrat dedica a la lombriz como la cuidadora de los pastos. “La lombriz de tierra es una maravilla, tanto desde un punto de vista evolutivo, biológico, como por su actividad en la vida del suelo, al que airea y fertiliza. Se creía que sólo había lombrices junto al estercolero del ambiente agrario y sin embargo aumentan cada vez más los estudios sobre lombrices en los pastos de alta montaña”. Y es que se ha demostrado que con lombrices y sus agregrados es posible la revitalización de un suelo de pasto bien situado, pero con poca vida edáfica. Pero el autor también ensalza la actividad de plantas de la pradería como el dáctilo y el pipirigallo.

La cultura que hace el paisaje es un alegato a la conservación y a la gestión rural, dada la gravedad en que se encuentran y la necesaria integración de las comunidades humanas a su paisaje, para que con la ganadería diversifiquen los ambientes de montaña. Con rebaños preparados, pero también con ganaderos educados desde la infancia, reconoce el autor, sólo podremos contribuir a la diversidad paisajística que tanto nos enamora de las montañas con pastizales. Evidentemente, por su actividad de investigador en los ecosistemas pirenaicos, Pedro Montserrat no se olvida de otros ambientes y advierte que el proyectado Parque de los Monegros “sería algo maravilloso, una oportunidad –única en Europa– de potenciar la vida humana en este ambiente subdesértico, mediterráneo-cálido”, porque “debemos simular el desarrollo cultural, el que aún persiste y puede prosperar en pocos ambientes montaraces” como los que tenemos en los Pirineos, pero también en los ambientes pastorales continentales.

El libro se cierra con una entrevista a Pedro Montserrat, de Rosa Barasoain, publicada en La Fertilidad de la Tierra número 7, del año 2002. En ella, el autor reconoce que “el mal sólo es vencido por la sobreabundancia del bien" y, así, prefiere hablar "de planificación, eficiencia, de minimizar el consumismo actual propio de una sociedad aculturada y, por ello, vivir de una manera lo más parecida a lo natural implica la vuelta a la ganadería para ayudar a la sociedad de montaña", algo que "no puede hacerse de cualquier manera”.  

La cultura que hace paisaje es una obra que quiere dejar constancia de la sensibilidad de Montserrat y de su entusiasmo por ayudar a comprender la montaña, por divulgar el importante papel de las personas adaptadas al entorno rural y por rescatar una cultura de gran valor que se está perdiendo y que urge revitalizar. Sólo por ello ya vale la pena adentrarse en sus páginas ilustradas con imágenes de una exquisita selección, no sólo por su belleza, sino también por ser ejemplos singulares de una agroecología imprescindible en los ambientes montañosos de nuestro país. Un verdadero acierto editorial de La Fertilidad de la Tierra, fruto de un equipo humano que hace años predica con el ejemplo.

El libro es en cierta medida un homenaje a un hombre que a sus 90 años sigue defendiendo a los hombres y mujeres que han hecho posible la vida en las montañas. Pedro Montserrat nació en Mataró en 1918, pero gran parte de su vida y de su trabajo ha transcurrido en Jaca y comarca. Licenciado en Ciencias Naturales en la Universidad de Barcelona y doctorado por la Universidad de Madrid, con un exhaustivo trabajo de investigación sobre la “Flora de la cordillera litoral catalana”. Se especializó en palinología y praticultura y sus investigaciones siempre se han caracterizado por tener una visión multidisciplinar, ecológica y de servicio a la sociedad. Es fundador de la Sociedad Española para el Estudio de los Pastos (SEEP) y ha publicado numerosos estudios sobre flora, vegetación y pastos de toda la península, Francia y otros países europeos.