You are here

Cuentas anuales de un ecologista





Cuentas anuales de un ecologista ##fechadiario##
Podría pensar uno que es el orto en una playa ecuatorial, pero es viajando en la línea de cercanías del tren por el litoral barcelonés. Hay placeres bien cercanos...
Los contadores eléctricos son los olvidados en nuestro hogar, pero registran la mayor parte de nuestro estilo de vida.
El Punto Verde de mi barrio, un lugar que visito con regularidad para facilitar el reciclaje de determinados residuos.
Hacer km en bicicleta es un placer, especialmente cuando uno está de vacaciones.

Mi participación en la producción de energía solar verde es una forma de compensar parte de lo consumido...






Leo en la entrevista al director de cine australiano Geoffrey Smith la frase que le dijo un hombre sabio en Haití: “Toma lo que te ha sucedido como una oportunidad para descubrir quién eres”. Treinta años enganchado a la ecología práctica no sé si me han permitido saber quién soy, pero sí ser consecuente con lo que pienso y practicarlo. Como reconocía el filósofo francés Cornelius Castoriadis (1922-1997), “la cuestión ecológica implica un planteamiento radical respecto a la totalidad de la vida social: cuidar el medio ambiente exige un cambio en el modelo de vida de la sociedad de forma total, que incluye la renuncia a la carrera del consumo desenfrenado, contaminante y en modos de producción basados en el lucro y la depredación. Eso no significa que les alternativas deban plantearse en términos de todo o nada, pero desde el punto de vista ecológico, pensar globalmente y actuar localmente requiere de una acción lúcida que tenga presente el horizonte de la globalidad y se inscriba en la totalidad del problema sociopolítico”. Cuando ya andamos en el nuevo año, es el momento de echar las cuentas del que dejamos. Y para éstas tan sólo me basta revisar la agenda del 2008, en la cual recopilo los datos básicos de mis consumos energéticos. Los números nos permiten valorar la vida de una forma visual y comparable para valorar hasta dónde uno es, por ejemplo, consecuente en el respeto por la justicia ambiental.

Durante el año 2008, en mi piso de 55 m2 se han consumido 882 kWh, aunque tengo que decir que, por razones de trabajo, no paso a diario en mi íntimo habitáculo más de 4 horas/día/año insomne. El consumo eléctrico (no tengo gas natural) supone, pues, una media de 2,41 kWh/día. La mayoría lo ha consumido la climatización de una bomba de calor inverter, la nevera y un congelador (este último lo desconecté en julio, pues por el volumen y consumo consideré que era demasiado), la iluminación (toda de bajo consumo), el equipo de música, algo la tele y la vitrocerámica los fines de semana (no cuento aquí los ahorros por usar la cocina o el horno solar en ocasiones). El consumo en standby se queda en 5 watios/hora que se cepilla una radio-reloj (único electrodoméstico que dejo que “viva” las 24 horas). Claro que a este consumo eléctrico doméstico y personal debería añadirle la parte proporcional de mi actividad de ecologista de 16 h a 20,30 h, que valoro en unos 1.498,12 kWh y otro tanto equivalente de mi trabajo profesional de 8 a 15 h, que estimo en unos 2.500 kWh/año. En total, cerca de unos 5.000 kWh/año, que suponen unos 2.000 kg de CO2. En los hábitos domésticos de la climatización, no he puesto en marcha la bomba de calor más que para mantener una temperatura de 28,5 ºC en verano y en invierno he mantenido mi hogar a 19 ºC gracias a usar el forro polar. Fuera de estos espacios, me es difícil calcular el impacto de la climatización de la que me he beneficiado en la oficina donde estoy como asalariado los días laborables.

El consumo de agua ha sido de 11 m3/año, lo que supone una media de unos 30 litros/día en duchas, sanitario, lavado de la ropa y la vajilla (no tengo el vicio de la ducha diaria todo el año, sino según lo requiera). Debería añadirle el agua consumida en horas de trabajo en agua para el retrete, que calculo en 6,5 m3/año. O sea que, en total, serían casi 50 litros diarios. No sumo a éstos el agua consumida en el lavado de la vajilla en restaurantes por la comida del mediodía en sus instalaciones, que por razones de mis obligaciones está ligada a ellos. Pero debería contar a mi favor los litros de agua recogidos en el cubo que tengo en la ducha para recoger el agua fría antes de que salga caliente y con la que calculo me he ahorrado una media de unos 1.500 litros de agua/año.

En el ámbito de la movilidad personal, he recorrido 3.203 km en bici esencialmente por ciudad, excepto unos 450 km de los cuales han sido por ocio los fines de semana (básicamente, en una plegable). Esto supone una media de casi 9 km/dia/año. O sea, que me muevo bastante. De casa al trabajo hay casi 2 km y luego del trabajo a la oficina de la Fundación y de vuelta a casa suman una media de 6 km/día. Los viajes profesionales o de ocio mayoritariamente han sido en tren y suman alrededor de unos 15.000 km, de los que un 20 % han sido por Europa y el resto nacionales. Lamentablemente, y a pesar de mi veto al transporte en avión, en el 2008 lo tuve que tomar excepcionalmente en dos ocasiones, que sumaron 1.500 km. En contadas ocasiones he tomado los transportes públicos urbanos (días de lluvia y otros viajes en los que la bici no me ha sido posible) y los estimo en unos 300 km/año. El automóvil de alquiler lo he usado en tres ocasiones, que han contabilizado 980 km.  Mi estela anual de CO2/año en transporte ha sido de unos 1.250 kg/CO2, según me indica la calculadora de CO2.

Finalmente, me queda el estímulo positivo de lo aportado por las centrales de energía solar fotovoltaica en las que participo, que suman unos 300 kWh/año, o sea que he evitado sólo unos 120 kg/CO2. No es mucho, pero da una idea de la magnitud de lo que consumimos y lo escaso que restituimos con renovables. Aunque también debería contabilizar la energía solar térmica que proporciona mi equipo termosifónico doméstico, que me ha aportado agua caliente sanitaria solar casi a diario  por encima de 45 ºC, excepto 30 kWh/año consumidos en electricidad por el termo eléctrico super-eficiente, que lo complementa cuando la temperatura de suministro ha sido inferior a 45 ºC, que en este año ha sido importante por la menor insolación acaecida.

Harto complejo es calcular la huella ecológica dejada por la alimentación y por los enseres consumidos, aunque el libro Simplicidad Radical aporta unas tablas para este menester. A mi favor sólo puedo decir que intento tomar alimentos de temporada y ecológicos cuando puedo, aunque tomo mayoritariamente mi comida de menús de restaurante, por lo que es complejo evaluarlo. Eso sí, me he aplicado en no adquirir bienes superfluos en los otros ámbitos. Pero mi vieja tele de 14“ murió este año tras 23 años de vida y la sustituí por una TFT de 19“, y el codificador de la TDT-DVD de dos años de antigüedad también dejó de funcionar y lo sustituí por otro de 50 euros (la electrónica-basura me tiene frito).

En otro ámbito, debería contar que me he zampado en libros algo así como unos 1.000 euros/año, aunque tras su lectura mayoritariamente se han quedado en la biblioteca de la Fundación. Otra fuente de consumo han sido los DVD-Video, unos 450 euros/año (lo sé, tengo debilidad por el cine). Dejo constancia también de que he tenido que cambiar la bomba de calor inverter que tenía 12 años y que la nueva me costó 1.800 euros (instalación incluida), pero que la escogí también inverter, aunque de Clase A.

El coste ambiental de los residuos tampoco es fácil de calcular, pero puedo decir que he hecho un uso constante del Punto Verde llevando todo tipo de residuos reciclables (eso me ha valido un descuento en la tasa de residuos de unos 40 euros/año), que los envases y papel vertido a los contenedores de selectiva los estimo en 125 kg (mayoritariamente papel de periódico, pues me compro uno diariamente) y que la cantidad de  basura no reciclable no ha sido superior a 150 kg/año (en mi barrio no se recoge selectivamente la fracción de la materia orgánica). O sea, unas tres veces menos de lo que se estima por habitante.

En definitiva, la vida, cuando se mide de esta forma, toma otra dimensión que nos hace más conscientes de nuestro estilo y de las estrategias para aplicarse en el próximo periodo. Espero que estas cuentas te sirvan para animarte a hacer las tuyas y sirvan de punto de comparación (ni bueno ni malo). Al final, esto de las cuentas ambientales tiene mucho de ejercicio para seguir aprendiendo... Sólo me queda dejar constancia de que para el 2009 voy aplicarme todavía más, hasta donde me sea posible, pues sé que me queda mucho por hacer.



¿Por qué este diario?